Dolores Huerta, histórica activista y defensora de los derechos civiles en Estados Unidos, falleció a los 96 años. Figura clave en la lucha por los derechos de los trabajadores agrícolas, dedicó décadas de su vida al sindicalismo, la justicia social y la defensa de las comunidades más vulnerables.
Muere Dolores Huerta a los 96 años, dejando su legado como histórica activista y defensora de los trabajadores agrícolas
La amable y humilde luchadora social ha fallecido a los 96 años acompañada por su familia y seres queridos.
La noticia de su fallecimiento se ha dado a conocer este miércoles 28 de octubre de 2026, generando atención en torno a la trayectoria de una de las figuras más representativas de la lucha por los derechos laborales en el país.
A principios de este año, Dolores Huerta volvió a ocupar los titulares tras acusar de agresión sexual a César Chávez, su histórico compañero de lucha y cofundador de la Unión de Campesinos (United Farm Workers, UFW), organización fundamental en el movimiento por los derechos laborales de los trabajadores del campo.
¿Quién fue Dolores Huerta y cuál es su legado?
A Dolores Huerta la justicia social le corre por las venas. Su padre, Juan Fernández, campesino y minero, fue un activista sindical y asambleísta de Nuevo México, y su madre, Alicia, le inculcó el don de la solidaridad. Asegura que por ella se convirtió en defensora de los derechos civiles. “De ella aprendí la idea de ayudar al prójimo y a las personas con necesidades sin esperar ninguna gratificación”, contó en una entrevista.
Su partida marca el cierre de un capítulo significativo en la historia del activismo social estadounidense. Su legado queda ligado tanto a las conquistas laborales que impulsó durante décadas como a las revelaciones que marcaron la etapa final de su vida y reavivaron el debate sobre una de las figuras más emblemáticas del movimiento campesino.
Al divorciarse de su padre, Alicia crió a sus tres hijas en la comunidad campesina del valle central de San Joaquín en Stockton, California, donde vivían muchos inmigrantes. A punta de esfuerzo, logró comprar un restaurante y un hotel de 70 cuartos que, con frecuencia, alojaba de forma gratuita a muchas familias campesinas.
Bajo la motivación permanente de su mamá, la niña Dolores tocó violín, asistió a clases de danza, fue Girl Scout y tuvo un impecable récord académico. Pero nada de esto impidió que sufriera del racismo del que eran víctimas muchos mexicanos en Estados Unidos.
Estudió Educación en la University of Pacific’s Delta Community College. Durante un tiempo, fue maestra de escuela primaria, pero decidió renunciar porque “no podía ver a los niños entrar al salón hambrientos y necesitando zapatos. Yo pensé que podría hacer más organizando a los campesinos que intentando enseñar a sus niños hambrientos”.
Ya casada con su primer esposo, Ralph Head, y madre de dos niñas (tiempo después tendría nueve hijos más), Celeste y Lori, lideró la Community Services Organization (CSO), fundó la Agricultural Workers Association y trabajó por mejorar las condiciones de vida de su comunidad.
En 1955, conoció a quien se convertiría en su gran aliado, César E. Chávez, para entonces director ejecutivo del CSO. Juntos, intentaron organizar a los campesinos y, como no pudieron lograrlo dentro de la CSO, renunciaron en 1962 y fundaron la National Farm Workers Association, precursora de United Farm Workers, el sindicato agrícola más poderoso del país.
Aunque solían tener acalorados debates, hicieron un gran equipo: él, como líder dinámico y vocero, y ella, como organizadora y gran negociante. “Dama dragón”, la llamaban sus adversarios, que, tarde o temprano, terminaban cediendo ante sus exigencias.
Poco a poco, bajo la conducción de ambos líderes, los campesinos se hicieron escuchar mediante numerosos boicots como el de la uva y la lechuga. Una de las mayores victorias fue asegurar en California el Aid For Dependent Families y el seguro por discapacidad para los campesinos. También la Agricultural Labor Relations Act de 1975, ley pionera en Estados Unidos que otorgó a los campesinos el derecho a organizarse y exigir mejores condiciones de trabajo.
Ese mismo año, Dolores promovió una ley que concedió amnistía a los campesinos que habían vivido, trabajado y pagado impuestos en Estados Unidos, pero que no podían obtener la ciudadanía. Esa fue la semilla del Inmigration Act de 1985, que concedió amnistía a 1.400.000 trabajadores agrícolas.
Con semejante voluntad transformadora, no extraña entonces que fuera ella quien inventó el lema: ¡Sí se puede!, que luego copió Barack Obama en su campaña. Cuando este le pidió disculpas por haberle “robado” el eslogan, Huerta respondió: “Yes, you did”. En 2011, Obama le otorgó el máximo galardón civil de la nación, la Medal of Freedom.
Desde Robert Kennedy hasta otros políticos como los Clinton y el congresista Ron Dellums han contado con el apoyo de Dolores en procesos electorales.
El estar en el centro de acalorados debates nacionales ha tenido, en ocasiones, un costo alto para ella. Ha sido arrestada en más de veinte ocasiones por participar en movilizaciones a favor de los derechos de los trabajadores y en 1988 casi perdió la vida en una manifestación cuando fue agredida severamente por un policía durante una protesta contra el para entonces candidato, George Bush.
El reposo la llevó a alejarse de los sindicatos durante un tiempo para enfocarse en otra de sus pasiones, abogar por los derechos de la mujer.
Y es que, su talante independiente y feroz sirvió de inspiración para muchas líderes del movimiento feminista. “Creo que hay que cambiar la forma en que se educa a las mujeres, de que no podemos ensuciarnos el vestido o no podemos pelear porque eso no es de señoritas. Eso hace que podamos ser dominadas y manipuladas en un nivel psicológico y político. No nos educan para ser fuertes. Y por eso se ve como algo inusual que las mujeres salgan y hagan lo mismo que los hombres”, dice en un clip publicado dentro de una web que promueve videos inspiracionales para mujeres.









