La guerra escala con el despliegue de
naves no tripuladas en ambos bandos. Estados Unidos utiliza su avanzado
dron Lucas para contrarrestar las oleadas de
drones Shahed,
dispositivos iraníes que cargan más de
100 libras de explosivos. Estos últimos recorren hasta 1500 millas para detonar al impacto, lo que obliga a las
fuerzas estadounidenses a ejecutar
maniobras de interceptación precisas antes de que los proyectiles alcancen objetivos estratégicos en el frente de batalla.
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