El caso de Paloma visibiliza el
upskirting en México, una
práctica de acoso sexual que consiste en grabar las partes íntimas de mujeres sin consentimiento. A pesar de grabaciones en escuelas, aviones y el transporte público, las víctimas denuncian que las
fiscalías minimizan este delito al no existir contacto físico. Activistas exigen frenar esta
violencia digital que capt
a imágenes por debajo de la ropa y que las autoridades registren y persigan penalmente a los agresores.