La psicóloga Edith Shiro explica que
el fenómeno conocido como cerebro de mamá surge por una
reducción estratégica de la materia gris tras el parto. Este cambio biológico
no representa una debilidad, sino una
reconfiguración que permite a la mujer enfocarse plenamente en las
necesidades emocionales de su hijo. Aunque la madre
experimenta olvidos o neblina mental, su
mente desarrolla una capacidad superior de atención y protección esencial para la supervivencia del recién nacido.