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Desde Silicon Valley

“Facebook me recordaba a escenas de la Revolución Cubana”

Antonio García Martínez rompió el código de silencio de Silicon Valley con un libro que revela las intimidades y el fanatismo de las empresas tecnológicas que dicen querer mejorar al mundo.
30 Sep 2016 – 1:40 PM EDT

Pensó que lo iban a odiar.

Antonio García Martínez publicó este año ‘Chaos Monkeys’, un libro en que cuenta los secretos más íntimos –sexo en la oficina, amenazas y demandas entre inversionistas y emprendedores, el escritorio de Mark Zuckerberg inundado de cerveza hecha por sus empleados– y el fanatismo que permea a las empresas más exitosas de Silicon Valley.

Tras haber trabajado dos años en Facebook y vendido una startup a Twitter, este hijo de cubanos criado en Miami creyó que la publicación del libro marcaría el fin de su carrera en la industria de la tecnología. De hecho, lo dedicó tanto a sus amigos como a sus enemigos en el Valle.

“Hay un código de silencio en Silicon Valley, es como la omertà”, dice, el pacto de los mafiosos sicilianos de no hablar hasta la tumba.


Pero el libro terminó siendo un éxito que figuró en las listas de best-sellers del New York Times y del Wall Street Journal. La revista Vanity Fair publicó un extracto. Y, cuenta García Martínez, fue uno de los más vendidos en la zona de San Francisco y Silicon Valley, donde muchos conocen a los protagonistas que él retrata sin pudor, con nombre y apellido, aprovechando esa condición de insider que ningún periodista tiene.

“Esperaba una reacción negativa porque es un libro un poco crítico de tanto Facebook como el mundo de Silicon Valley”, dice el autor, que abandonó un doctorado en Física en Berkeley para trabajar en Wall Street antes de sumarse a la fiebre del oro de la industria tecno.

“Pero ha sido bastante positiva. Siento que fui más o menos equilibrado, e incluso ex empleados de Facebook de los antiguos (...), que defienden mucho su reputación, me escribieron para decir: ‘Igual no estamos en completo acuerdo en unos cuantos detalles pero, básicamente, you got it right. Es como fue la vida en Facebook en ese momento’”.

La siguiente es una versión editada y condensada de la conversación.

¿Qué es lo que te impulsa a escribir este libro?
Suena un poco presumido, pero estamos viviendo en un mundo en que todo el conocimiento humano está en mi smartphone, todas nuestras vidas sociales están en Facebook, Instagram, Snapchat o donde sea. En un siglo, la gente va a preguntar, ¿cómo fue cuando eso pasó? Tengo los años suficientes para recordar no solo cómo fue no tener móviles, sino no tener computadoras. (...) Estamos viviendo unos tiempos maravillosos y nadie lo está documentando. Era documentar esta época.

Eres muy transparente en el libro sobre tu vida. Cuentas de tus parejas, hijos, tus finanzas. Y dices que saliste perdiendo o que al menos no ganaste con toda esta aventura. ¿Escribes esto, en parte, porque perdiste financieramente?
Sí y no. Esto es un cuento americano y en todo cuento americano el bueno tiene que ganar o el malo tiene que perder. Y yo juego un poco el papel del antihéroe, que transó a sus cofundadores, dejó a los hijos, etc. Tenía que haber un poco del final triste, donde el antihéroe tiene su justicia final. Pero al final de cuentas no salí tan mal, hay otros que salieron peor. Me he pasado los últimos dos años navegando en vela y viviendo en mi terrenito que tengo en el Noroeste. No he salido tan mal del tema, pero comparado con otros (...) en mi clase de la (aceleradora de startups) YCombinator hay un ‘unicornio’, una empresa de mil millones de dólares. (...) Es que lo que es aquí una conclusión módica, en otros contextos sería exitosa.

¿Qué tanto exageraste lo del antihéroe para hacer el libro más atractivo?
Sí... quizás demasiado (se ríe). Muchas de las reseñas se han fijado en lo manipulador, y un poco sociópata, que era el héroe. Pero en realidad yo he conocido a muchos emprendedores en Silicon Valley y muchos son de ese tipo. Este mercado de talento los vuelve de esa forma. Yo mismo no soy tan manipulador ni bad guy pero el mercado y las circunstancias... Cuando no tienes alternativa, te vuelves un poco animal en esa jauría de animales de lo que es Silicon Valley (...) Yo retraté lo que es ese mundo y no es lo que uno lee en la portada de Fortune, por ejemplo cuando está Drew Houston, el CEO de Dropbox, sonriendo, contando su historia, perfectamente editada como si fuera un hilo perfecto desde la iniciación de YCombinator hasta su final como billonario, como si todo fuera perfecto. Y es que el mundo no funciona así.

¿Qué es lo que más te molesta de Silicon Valley?
El mito de la meritocracia. El problema es que los resultados pueden ser tan desequilibrados. Yo ganaba un millón de dólares más o menos cada año en Facebook, lo cual es clase media de San Francisco. No es nada prácticamente. Hay otros, que están forrados de plata... ¿y cómo justificas ese resultado? ¿El tipo ese de verdad se piensa que es cien millones de veces mejor que el otro diseñador o el otro CEO? Es imposible justificar ese resultado, pero la propaganda que se usa para justificar un poco esa realidad muy fea es el mérito, ‘él se lo ganó’.

Pero le estás rompiendo el corazón a la gente que piensa que las empresas de Silicon Valley están cambiando al mundo, haciéndolo un lugar mejor.
(Se ríe). Bueno, pero esas son cosas distintas. Una cosa es cambiar al mundo y otra cosa mejorar al mundo. Por ejemplo, empecé a escribir el libro en Barcelona... Si vas al casco viejo, es un barrio que está completamente arruinado por Airbnb (la plataforma de alquileres temporales). Ves los esqueletos de los edificios que eran de la vieja burguesía de Barcelona, que ahora han caído en ruinas, porque todo el mundo les está sacando plata por Airbnb y a nadie le importa mantener los edificios. Y los pocos residentes que quedan se quejan porque el edificio entero está lleno de suecos, americanos y británicos borrachos que están ahí por Airbnb y no los pueden desalojar. Entonces, una compañía creada por tres críos aquí en el barrio SoMa, ha conquistado y arruinado lo que Franco no pudo en cuarenta años. Es igual en Berlín. Es impresionante que una compañía pequeña puede impactar una ciudad que tiene 2,000 años desde los romanos simplemente con una plataforma en el web. Entonces, cambian al mundo, eso no es mentira. Si lo mejoran, eso depende de la compañía.

También reflejas la cultura dentro de las compañías, como cuando derramaste cerveza casera en el escritorio de Mark Zuckerberg. Es un ambiente como de una casa de una fraternidad universitaria y hasta con tintes fascistas: líderes visionarios que la gente sigue a ciegas.
Sí, lo comparo con el fascismo y también con el comunismo. Hay una escena en el libro, el 1 de febrero de 2012, cuando Facebook anunció que iba a hacer su IPO, la oferta pública de acciones. Y fue un gran evento: Zuckerberg invitó a todos los empleados a salir, había una estructura enorme en el parqueo, y nos dio un discurso. Me recordaba a escenas de la Revolución Cubana, de Fidel Castro dando un discurso, con los carteles, los eslogans de Facebook: ‘Move fast and break things’, ‘Get in over your head’. Y era un tipo de fascismo, comunismo cooperativo, muy impresionante. Y, obviamente, el resultado de Facebook es muy superior a lo que es Cuba, pero tienes el mismo sentimiento de un líder, un culto de la personalidad, una religión de la personalidad, la vieja guardia que son como los miembros del Partido Comunista interno, que son los viejos empleados que siguen siendo amigos del CEO, todo el mundo juzgado según los valores que vienen del gran líder. Y la gran propaganda de lo que significa la compañía y obviamente los disidentes no se aprecian mucho.

¿Y tú eras uno más?
Sí, obviamente, me lo creía todo. Es intoxicante si estás en el medio de lo que es Facebook y notas el impacto que tiene. Imagínate tener 1,600 millones de usuarios (...) Te intoxica un poco ser parte de ese mundo.

¿Pero los empleados de verdad creen que Zuckerberg, Jack Dorsey (de Twitter) o Elon Musk (Tesla, SpaceX) son genios?
Sí y no. Algunos sí. En esa época, yo hablo de 2011, 2012, un año antes del IPO y un año después. Aún existía esta seriedad, de que la gente de verdad se creía la misión de Facebook, ‘un mundo más abierto y conectado’. Pero a medida que la compañía ha madurado y se ha convertido en una gran compañía, aumentó un poco la politiquería, (tener) tus aliados, tus enemigos. Y también un poco la capa de gerentes medios, la gente que son managers profesionales, que los reclutaron de Google o donde sea, y se presentan como si creyeran en los valores de la compañía, pero francamente son un poco mercenarios y un poco cínicos.

Hablando de valores idealistas, vemos que las empresas que antes se llamaba de shared economy, economía compartida, ahora pasaron a ser on demand, bajo demanda.
Sí, eso de shared economy me da mucha gracia. Suena mejor en inglés, pero es más bien un sharecropper economy. Era un jornalero que no era dueño de la propiedad pero se llevaba parte del beneficio de la propiedad. Después de la esclavitud, por ejemplo, todos los esclavos se convirtieron en estos jornaleros, sharecroppers, básicamente. Entonces, dicen ‘shared economy’ pero los choferes de Uber son sharecroppers, es lo que son. Y, en el momento en que los puedan reemplazar con un auto que se maneja solo, inmediatamente los van a despedir a todos. Sin duda.

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