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Deadspin

Cuando falla la seguridad en los estadios

Los casos de violencia y negligencia en los estadios tienen que ser prevenibles.
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19 Sep 2016 – 10:01 AM EDT

El pasado diciembre, la Universidad de Houston (UH) canceló su contrato con Contemporary Services Corporation (CSC), luego de que los guardias de seguridad de esa empresa agredieron a los fans de los Cougars que trataban de celebrar el campeonato de su equipo en la liga universitaria AAC. El director atlético de la UH, Hunter Yurachek, manifestó que estaba “desilusionado y furioso” con el incidente, cuyos videos muestran a los empleados de CSC empujando, derribando y golpeando a los jubilosos estudiantes, mientras que otros miembros del personal de la CSC estaban parados a un lado dejando que los fans corrieran hacia la cancha para celebrar.

Fue una reveladora mirada a la forma en que se protege el territorio físico de los deportes, y la cantidad de cosas que pueden salir mal con los contratistas y los guardias de seguridad mal pagados y entrenados en un día, que se contratan para hacer el trabajo. Los empleados de la CSC, que se mercadea a sí misma como “líder mundial” en seguridad de estadios, estarán trabajando en muchos de los principales eventos del calendario deportivo del año, incluyendo la postemporada de la NBA y la Final Four, aunque notablemente no en el Super Bowl (en 2006 la NFL terminó su contrato de seguridad para el Super Bowl con la CSC, aduciendo el costo como un factor).

Todas las principales ligas deportivas en Estados Unidos han empleado a la CSC en algún momento. La empresa ha trabajado también en 10 Juegos Olímpicos, cuatro inauguraciones presidenciales y tres visitas papales. Sus chaquetas amarillas se ven desde lejos y se reconocen instantáneamente en los grandes eventos públicos.

Pero esa vistosidad viene con un número de quejas. Desde 1991, la CSC ha sido demandada en corte federal en al menos 21 ocasiones, con reclamos que van desde heridas personales hasta violaciones de los derechos civiles y asalto con agresión. Aunque es imposible hacer una comparación directa, su competencia más cercana, Elite Services, ha sido demandada cinco veces en un período de tiempo similar.

La mayoría de estas demandas legales terminaron en acuerdos extrajudiciales entre la CSC y los demandantes. Juntas, dan una idea de lo fina que es la línea divisoria entre mantener el orden y abusar del poder, y cómo, para los promotores deportivos, la seguridad de los aficionados es simplemente otra fuente de costos a ser puesta en la balanza contra las ganancias.

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El 16 de noviembre de 2013, la USC derrotó a Stanford en el L.A. Coliseum. Los Cardinal iban camino a otro Rose Bowl, mientras que los Trojans acababan de despedir a Lane Kiffin en medio de una temporada desilusionante. La victoria de 20-17 hizo que los fans se abalanzaran sobre la cancha. Esto pasa en todas partes, siempre, después de victorias de semejante magnitud, y no hay mucho que la seguridad o el equipo puedan hacer para impedir que la marea de universitarios entre a la cancha que quieren ocupar, o al menos durante la primera oleada inicial. Por lo menos en el fútbol los fans raramente son una amenaza para ninguna persona o propiedad, excepto los postes.

Landon Cohen –entonces un estudiante de segundo año en USC– fue uno de esos fans que saltó por encima de la baranda del Coliseum para ir a celebrar. Pero en lugar de unirse a sus compañeros de clase en el medio campo, un empleado de la CSC lo derribó y le golpeó la cara contra una pared “como un si fuera un apoyador destruyendo a un receptor indefenso”, según las palabras de Cohen.
Puede ver el tackle durante los primeros tres segundos de este video, justo enfrente de una de las dos pancartas amarillas en la pared.


Cohen le dijo a Deadspin que el guardia de seguridad había permanecido encima de él durante al menos 10 segundos, gritándole que se quedara ahí tendido y quieto (tampoco es que se pudiera mover debajo de un tipo mucho más grande que él). Luego el guardia se levantó, se alejó, y se quedó viendo cómo otros fans que escalaban las barandas del Coliseum pisoteaban a Cohen, dice el estudiante.

Cohen terminó en la sala de emergencias de un hospital con un ligamento de rodilla roto que, según él, lo dejó un mes incapacitado para caminar; su demanda contra la CSC sería luego acordada en 5,000 dólares.

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Antes de un partido de los Eagles en 2005, Moacir Lopes y su esposa Jennifer tomaron un trago en el McFadden’s, un bar en la calle frente al estadio. Los documentos de la corte dicen que Lopes era un invitado de negocios en el bar, donde se emborrachó un poco. Cuando entraban al estadio y trataban de llegar sus asientos, el personal de seguridad le ordenó a Moacir Lopes que se tranquilizara.

Empleados de la CSC sacaron a Lopes a la fuerza del área de los asientos del estadio. Luego de tenerlo agarrado, un segundo grupo de guardias “lo empujaron sin cuidado hacia la silla trasera de un carro de golf”, según el texto de la demanda. La CSC llevó a Lopes hasta la policía de Filadelfia, quienes reconocieron que el hombre tenía náusea y le faltaba el aliento. La declaración a la corte dice que Lopes fue al hospital y que a los dos días lo sacaron bajo custodia policial.

Esto dejó a Lopes dentro de una celda esperando comparecer, descalzo y vestido con una bata de hospital (le pedimos a la policía de Filadelfia una copia del informe del arresto y aún no nos la han hecho llegar). Lopes dice que nadie contestó sus continuas peticiones de ayuda médica; la demanda de la familia menciona a CSC, McFadden’s, la ciudad de Filadelfia, y el Operador del Estadio de los Philadelphia Eagles como codefensores.

Lopes asegura que recibió una lista grande de heridas:

“El marido de la demandante tuvo heridas incluyendo, pero no limitadas a, letargo y coma postraumático, hemorragia parietal izquierda subaracnoidea, herida en los sistemas nerviosos y musculares, lo que ocasionó dolores de cabeza, náuseas, debilidad en las extremidades, sensibilidad a la luz y mareos, algunos de los cuales [él] dice que son permanentes y han causado seria discapacidad de sus funciones corporales y estrés mental y emocional”.

La CSC lo niega todo; la compañía argumentó que Lopes fue negligente, que sus heridas ya existían y que él mismo provocó el incidente con los guardias de seguridad. A pesar de esto, la CSC llegó a un acuerdo con Moacir y Jennifer Lopes en 2008 por una suma no revelada.

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En un partido de los Tennessee Titans, en 2011, Marcia Richardson asegura que un guardia de seguridad de la CSC le hizo zancadilla luego de una discusión sobre si podía o no entrar con su bolso (un regalo promocional de un partido de la semana anterior). La demanda de Richardson dice que ella se cayó y se golpeó la cara contra el concreto.

Dice que mientras su esposo se agachaba para ayudarla, el guardia que había ocasionado su caída ni siquiera intentó ayudarla, y que mientras tanto otros aficionados pasaron por encima de ella, pisándola. Richardson sufrió fracturas dentales y se rompió la rótula en la caída. La CSC niega que a Richardson la acosaran en la entrada al estadio, y también niega todas las acusaciones de negligencia. La CSC llegó a un acuerdo extrajudicial con Richardson.

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Más de la mitad de las demandas contra la CSC provienen de confrontaciones en conciertos y clubes. En 2012, Albert Elhiani entabló una demanda contra la CSC (entre otras), por un incidente la noche de Año Nuevo, durante el cual un portero ‘sacaborrachos’ del club Pacha NYC, empleado por la CSC, supuestamente lo golpeó en un rincón oscuro de la discoteca, de la siguiente forma:

El portero agarró a Elhiani y lo arrastró hasta un oscuro rincón de la discoteca, agarró a Elhiani por la garganta y arrancó el collar del cuello de Elhiani. Tiró a Elhiani al piso mientras gritaba groserías y mascullaba cosas raciales [tales como] “judío sucio”.
[...]

El portero, un hombre físicamente más grande que Elhiani, dominó a Elhiani, golpeándolo repetidamente en el torso y el abdomen ...[Después], arrastró el cuerpo flácido de Elhiani por el corredor, dejando a Elhiani solo y casi inconsciente en el piso.

Elhiani alegó trauma emocional, además de heridas físicas. La CSC negó haber hecho nada malo y afirmó que un tercero desconocido fue la persona que realmente golpeó a Elhiani; y que si su guardia de seguridad realmente lo hizo, fue en defensa propia por la “conducta agresiva del demandante”. Elhiani y la CSC desestimaron su caso sin prejuicio, lo cual por lo general es señal de que se llegó a un acuerdo.
[Esperando oír de su abogado si habría un acuerdo].

Pero ninguno de esos incidentes atrajo tanto la atención del público como el fiasco de diciembre en Houston. La estructura de ese incidente fue similar a lo que Landon Cohen dice que pasó en USC: los fans que pasaron la primera línea de seguridad no fueron tocados, sino los pocos que tuvieron la mala suerte de ser agarrados para dar ejemplo. La CSC dice que estas fueron las acciones de unas cuantas malas semillas, y respondieron a la cancelación de su contrato por parte de la UH con la siguiente declaración:

Contemporary Services Corporation (CSC) es consciente de los acontecimientos que se produjeron hoy después del partido de fútbol de la Universidad de Houston. A los empleados de la CSC se les imparte entrenamiento para que respondan a estas situaciones. Cualquier acción por parte del personal de la CSC que contradiga nuestro entrenamiento, otros requisitos de la CSC, o la ley, no es aceptada ni será tolerada por la CSC. Actualmente estamos llevando a cabo una investigación de los hechos y tomaremos las medidas apropiadas, basados en los resultados de nuestra investigación.

Los récords judiciales muestran que esta es una defensa típica de la CSC: cuando los empleados cruzan la raya, es porque se han vuelto malhechores independientes y no están representando los estándares de la empresa. La CSC tiene una alta tasa de rotación de personal (dicen abiertamente en su website que los trabajos de seguridad son de tiempo parcial), lo cual tiene sentido dadas las dificultades del trabajo y los bajos salarios que lo acompañan. Según su propia página, además de reseñas de antiguos empleados en Glassdoor, los salarios son cerca del mínimo (lograr un alza de 10 dólares la hora requiere una clase extra), y los empleados no siempre reciben la cantidad de entrenamiento que la CSC afirma (he tratado de hablar con a CSC al respecto de esto, pero todavía sigo esperando su respuesta).

Como la mayor contratista de seguridad para eventos privados en el país, la CSC es emblemática de problemas mayores en una industria que promueve la eficiencia de costos por encima de todo lo demás. Pero no les eche la culpa a los contratistas, pues eso mismo es lo que quieren sus propios clientes. Al final, las demandas dicen menos sobre la CSC y más acerca de cómo los organizadores abaratan la seguridad de los aficionados, ocasionalmente hasta el punto de la irresponsabilidad.

Los estadios necesitan mantener seguridad en canchas, pistas, vestíbulos y explanadas, y eso no puede hacerse sin que nunca nadie resulte herido. Pero los casos más dramáticos de violencia y negligencia parecen ser prevenibles, incluso en eventos con la escala en la que opera la CSC. Que la respuesta sea un entrenamiento de empleados más riguroso, o un salario mejor, el punto es que los guardias de seguridad no deberían declararles la guerra abierta a los estudiantes universitarios o causar estadías hospitalarias largas y costosas. El hecho de que lo hagan es más una función del diseño del sistema, que una aberración.


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