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Crímenes

Su esposa dijo que su bebé había muerto, al desenterrar el ataúd descubrió que habían enterrado un muñeco

En un pueblo al oriente de Honduras, Melvin Mendoza descubrió que su pareja nunca había estado embarazada y que él hijo que supuestamente habían perdido nunca había muerto.
3 Ago 2018 – 5:11 PM EDT

Melvin Mendoza y Enya Idiaquez vivían en dos pueblos hondureños diferentes. A pesar de la distancia, iban a ser padres de unos gemelos. Eso, al menos, es lo que la mujer le había asegurado a su pareja.

Pero al no vivir juntos, Melvin no pudo ser testigo de ese embarazo, al punto que, como se lo confesó a Primer Impacto, él nunca vio un ultrasonido. Sus conversaciones con Enya se reducían a llamadas por teléfono. Así sobrellevaron los 9 meses de embarazo hasta que Enya le dio una triste noticia: los bebés habían nacido, pero uno estaba en el hospital y otro había fallecido.

La inesperada noticia conmocionó a Melvin que, sin embargo, encontró desde el principio algo extraño en el relato. “Me daba una fecha, que estaba en un hospital, que estaba en otro, la rastreé pues, tengo compañeros que me ayudaban”.

Como toda la comunidad, el padre del bebé se presentó al sepelio y compartió con compadres y vecinos del pueblo la tragedia. Sin embargo, sus sospechas de que estaba ocurriendo algo extraño se incrementaron cuando su pareja le prohibió a toda costa que viera a su hijo fallecido. El ataúd no se podía abrir, según Enya, por orden expresa del hospital.

Así se procedió. Sin que nadie viera el féretro, el bebé fue enterrado.


Sin embargo, Melvin tenía un consuelo, su otro hijo había quedado vivo, pero ahí la historia se puso más truculenta de lo que podría haber sospechado. El padre desesperado intentó ver a su hijo, pero ante la imposibilidad de que Enya le dijera en dónde estaba, decidió él mismo ir por los hospitales a buscarlo, lo que lo llevaría a una innegable realidad: ninguna mujer había dado a luz dos gemelos en tiempos recientes en ningún hospital de la zona.

Con esta evidencia, el hombre se juntó con varios amigos y decidieron ir al cementerio en donde había sido enterrado el bebé para descubrir, al abrirlo, que adentro no estaba el cuerpo de su supuesto hijo muerto, sino un muñeco de plástico. Todo había sido una mentira.

Con la prueba en sus manos, con el ataúd y el muñeco en su interior, Melvin acudió a las autoridades para denunciar a Enya. “No sé cómo fingió eso. No sé. Ni yo mismo me lo creo”, cuenta el hombre que espera la investigación de las autoridades. En este momento, se desconoce el paradero de Enya.

En el pueblo, las autoridades esbozan hipótesis en torno a la intención de la mujer de retener a Melvin a su lado. Ahora la mujer podría enfrentar cargos por fraude, estafa y falsificación de documentos.

Las asesinas en serie más despiadadas de la historia (fotos)

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