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CityLab Vida Urbana

¿Se han transformado las ciudades en sistemas tan complejos que ya no los podemos entender?

El escritor Samuel Arbesman dice que, a medida que las ciudades se transforman, una forma para comprenderlas mejor será analizarlas como la biología analiza a los seres vivos.
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14 Sep 2016 – 1:10 PM EDT

Existe una paradoja en el centro de nuestro mundo cada vez más tecnológico. Las tecnologías que usamos en nuestras vidas diarias no sólo hacen más cosas por nosotros, sino que también se vuelven cada vez más fáciles de usar. Por ejemplo, un niño puede usar un iPhone o un iPad. Dentro de poco nuestros autos se conducirán solos. Pero con frecuencia los sistemas detrás de estas tecnologías pueden ser tan complicados que exceden los límites de la comprensión de un humano normal.

En su nuevo libro Overcomplicated (“Demasiado complicado”), Samuel Arbesman ofrece una guía para vivir en un mundo de tecnologías y sistemas tecnológicos que son “incomprensibles, impredecibles y demasiado complicados”.

Se ha vuelto común decir que las ciudades son el logro más grande de la humanidad. Pero también quizás sean los más complicados de todos nuestros sistemas tecnológicos, ya que reciben energía de muchos tipos diferentes de infraestructura y sistemas tecnológicos que se construyen a lo largo de períodos extendidos de tiempo.

Conversé con Arbesman sobre este nuevo mundo de tecnología demasiado complicada y lo que significa para nuestras ciudades.

–El título de tu libro es Demasiado complicado. ¿De qué formas son demasiado complicadas las ciudades, si es que lo son?

Nuestra infraestructura urbana ha crecido y ha sido desarrollada a lo largo de décadas o hasta de cientos de años. Esto ha conducido a muchas construcciones nuevas sobre las viejas, y sólo en algunos casos se realizan construcciones desde los cimientos. En otras palabras, las ciudades se parecen a los llamados “parches,” un término de la ingeniería que significa sistemas que funcionan , y que quizás se vean como un conjunto de piezas disparejas conocido en inglés como una contrapción Rube Goldberg, pero que distan mucho de ser eficientes.
Tenemos sistemas de metros administrados por máquinas que se fabricaron hace décadas, estaciones abandonadas que aún se encuentran bajo ciudades y partes de nuestra infraestructura que podrían tener más de cien años. Las ciudades se han desarrollado de una manera compleja que muchas veces es fascinante, pero a lo largo del camino hemos terminado con partes de estos sistemas que son más complejos de lo que cualquier individuo podría entender.

–Hay un debate enorme sobre si las economías urbanas deberían especializarse o volverse más diversas. Estos son temas importantes en tu libro. ¿Cuáles consejos les daría a las ciudades sobre esto?

Cuando pienso en especialistas y en profesionales sin especialidad, me interesa más el conocimiento a nivel individual y cómo se puede equilibrar la necesidad por una pericia profunda en un área específica con el hecho de que nuestro mundo se está volviendo cada vez más interdisciplinario e interconectado (algo que vemos en muchos de nuestros sistemas tecnológicos).
A nivel de la ciudad, una economía saludable quizás podría haberse especializado en una esfera específica, pero para ser robusta también debe tener una extensa diversidad. En otras palabras, la distribución que probablemente sea la mejor es como una ley de poder, en donde una economía urbana tiene una o dos áreas de especialización que han surgido naturalmente, pero también una buena cantidad de diversidad y de tal modo se ofrece algo para todos.
Al final, los profesionales sin especialización pueden prosperar a nivel individual porque soportan los cambios que se dan a su alrededor y pueden adaptarse a nuevas circunstancias e información. Y pienso que una ciudad con un enfoque generalista sólido con mucha diversidad, junto con una o dos áreas de especialización, podrá adaptarse al cambio.

–¿Cuál piensas que es la mejor manera de considerar a ciudades: ¿como máquinas, ecosistemas, organismos vivientes u otra cosa?

Lo fascinante de las ciudades es que diferentes aspectos de ellas nos dejan considerarlas de diferentes maneras. A nivel de la infraestructura urbana, las ciudades sin duda tienen características de máquinas, con enormes redes construidas que se emplean transportar personas, agua, electricidad y desperdicios.
A nivel económico, las ciudades se parecen a ecosistemas complejos, con empresas e individuos cumpliendo con nichos específicos y todos viviendo y trabajando en un baile simbiótico. Y al nivel del crecimiento y cambio, las ciudades también se perciben como organismos vivientes que respiran y que continuamente crecen y cambian.
Pero, al final, el hecho de que una ciudad tenga las características de una máquina, un ecosistema social y un ser viviente significa que la ciudad realmente es su propia categoría: un tipo nuevo de sistema sociotecnológico que los humanos han fabricado, el cual quizás sea uno de nuestros inventos más increíbles.

–En el libro haces una distinción entre lo complicado y lo complejo. ¿Cuáles sistemas en ciudades piensas que demuestran esa distinción hoy día?

Cuando algo es complicado, es intricado, pero con frecuencia carece de la dinámica que hace que un sistema sea difícil de comprender. Por otra parte, un sistema complejo implica retroalimentación, una dependencia sensible en las condiciones iniciales y fenómenos emergentes que son difíciles de predecir.
Al nivel de la infraestructura urbana, podemos ver las pruebas de sistemas complejos cuando algo anda mal. Cuando una cañería se rompe y porciones enormes de la población de una ciudad reciben agua de un sistema de respaldo (y tienen que hervir su agua, por si acaso) o cuando un apagón puede causar que una ciudad se quede sin energía, vemos la sensibilidad de la infraestructura de una ciudad y el enorme y complejo sistema que opera para su población, del cual la mayoría de nosotros tenemos una bendita ignorancia.
De manera parecida, las redes de transporte, desde un metro a las redes viales, también son construcciones tecnológicas complejas que son difíciles de entender completamente.

–En el libro describes el problema de “el enredo”. Cuéntanos un poco más acerca de esto y cómo éste quizás afecte a ciudades.

“El Enredo” es un término del informático Danny Hillis en que se refiere a una nueva era de tecnología en la que nos encontramos en donde no hay manera de que un solo individuo pueda entender lo que nosotros hemos creado. O sea, cuando hasta los expertos no son capaces de entender completamente un sistema cuando es posible que ellos mismos hayan participado en la construcción del mismo, estamos en una nueva era de incomprensibilidad.
A medida que los sistemas de nuestras ciudades crecen y se vuelven cada vez más interconectados, nos encontramos en un campo de “El Enredo” al nivel de nuestras ciudades. ¿Entonces cómo debemos reaccionar? Una respuesta sería la desesperanza y simplemente desengañarnos en cuanto a nuestra capacidad de jamás entender completamente nuestros sistemas urbanos. Pero unas respuestas más productivas implicarían examinar las herramientas que los biólogos utilizan para entender organismos o ecosistemas vivientes. Dado que las ciudades se parecen a seres vivos, por lo menos de ciertas formas, a lo mejor podemos usar los enfoques de biólogos en cuanto a seres vivos y aplicarlos a nuestras propias construcciones, específicamente a nuestras ciudades. Esto puede incluir tales cosas como catalogar errores y conductas inesperadas en nuestra infraestructura (tal como un naturalista recolectaría especímenes de insectos) o bien examinar pedazos de una ciudad y lentamente crear un cuadro más completo del todo, tal como se hace cuando se estudia un ecosistema.

–¿Qué nos puede la ciencia (la biología, física, geometría, informática, etc.) sobre cómo construir mejores ciudades?

Pienso que podemos usar ideas de la ciencia para entender por lo menos las fuerzas [involucradas en] el crecimiento y el desarrollo de ciudades. Obviamente, el pensamiento biológico nos puede ayudar a mejor entender nuestro ambiente urbano, pero también podríamos usar ideas de la física para entender cómo la innovación y la productividad se amplían junto con la población de una ciudad, ciencia de redes para entender las múltiples y dispersas redes que atienden a nuestras ciudades (y tal vez construir unas que sean más robustas y eficientes) y hasta las ciencias sociales cuantitativas para ver cómo la información se difunde dentro de una población urbana.
Al final, cualquier tipo de modelo que describe un sistema complejo puede ser útil en proveer un entendimiento mejor sobre cómo operan ciudades, pero siempre debemos reconocer que muchas de estas ideas son por necesidad unas construcciones que simplifican y que los detalles de ciudades (su economía, historia profunda y las elecciones que hicieran que tuvieran la estructura que tienen) no se conformarán a estos modelos sencillos. Entonces, si bien estos múltiples modelos diferentes de todas las ciencias nos pueden ofrecer percepciones sobre nuestras ciudades, siempre se deben emplear con cierta cantidad de humildad con el fin de reconocer la realidad compleja que es una ciudad.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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