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Residentes del vecindario Pilsen en Chicago en un día caluroso de 2007.

Las razones por las que los inmigrantes están abandonando Chicago

Las razones por las que los inmigrantes están abandonando Chicago

Durante mucho tiempo la ciudad ha dependido de un influjo de inmigrantes, pero estos han dejado de mudarse a esta localidad. Y, con frecuencia, los que ya viven allá no pueden quedarse.

Residentes del vecindario Pilsen en Chicago en un día caluroso de 2007.
Residentes del vecindario Pilsen en Chicago en un día caluroso de 2007.

En 2015 Chicago y sus áreas aledañas tuvieron su primera pérdida neta en población en décadas y fue tremenda: 11,324 residentes dejaron la ciudad. El año después esa pérdida se disparó para sumar un total de 19,570.

El condado Cook es la raíz del problema: fue el condado con la mayor cantidad de pérdidas poblaciones en 2016. ¿Por qué? Bueno, entre otras razones, esta zona perdió población porque menos inmigrantes se están mudando a la ciudad. Y, para muchos de los que ya viven allá —los que mantienen a la ciudad andando—, el costo de vida está fuera de su alcance económico. Si a eso se le suma el esfuerzo de la administración Trump de limitar la inmigración ilegal y legal, el descenso podía acelerarse, lo cual empeoraría las severas dificultades económicas de la ciudad.

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El impacto de la política nacional

El destino de la población de Chicago siempre ha sido relacionado con las tendencias nacionales de inmigración.

Ya para 1870, los inmigrantes conformaban un 48% de la población de la ciudad, según indica Rob Paral, demógrafo de Chicago. Con las leyes restrictivas de inmigración que fueron aprobadas a principios del siglo XIX, se redujo la población de la ciudad. Cuando las leyes cambiaron en 1965 —abriendo las puertas a una ola más grande y más diversa de inmigrantes—, creció la ciudad. Chicago y sus suburbios empezaron a crecer principalmente debido a inmigrantes de México, ya que fue el destino N°2 para dichos inmigrantes después de Los Ángeles. Durante los años 90, este influjo de México representó un asombroso 105% de crecimiento poblacional total, muy por encima del crecimiento en otros centros poblacionales como Dallas (73%) y Los Ángeles (63%).

“Más que cualquier otra ciudad grande de EEUU, Chicago ha dependido de inmigrantes —particularmente de inmigrantes mexicanos— para compensar el crecimiento lento de la población nacida en la ciudad”, escribió Paral en un documento del Chicago Council of Global Affairs.

Sin embargo, a partir de la década de 2000, la inmigración a la principal ciudad del Medio Oeste empezó a disminuir, particularmente desde México. Ese cambio reflejó dos tendencias más grandes: una era que los recién llegados ya no estaban yendo directamente a las ‘ciudades de entrada’ tradicionales como Chicago y en cambio se estaban dispersando a los suburbios y a pueblos más pequeños del Cinturón del Sol de EEUU (el sur del país abarcando desde California a Florida). En tales lugares, la cantidad de empleos estaba aumentando y el costo de vida era más bajo. Segundo, las posibilidades económicas mejoraron en México durante la recesión y quedaron rezagadas en EEUU. Al final, la inmigración neta de México se revirtió.

Dentro de Chicago, barrios hispanos que antes eran vibrantes empezaron a decaer. Por ejemplo, South Lawndale perdió un 10% de su población entre 2000 y 2010. La gente se estaba muriendo o se estaba mudando sin ser sustituida. Para demostrar cómo esa área ha envejecido, abajo están mapas que Paral y sus asociados crearon. Estos compararon el porcentaje de casas en South Lawndale con niños entre 1990 y 2012:


El actual escenario con un gobierno que ha endurecido su aplicación de la ley migratoria mediante patrullaje fronterizo más severo y redadas internas y señales de que se piensa restringir la inmigración legal no augura nada bueno para Chicago, localidad que ya está sufriendo una crisis presupuestaria.

“Si cerramos las puertas con llaves y construimos esa cerca grande y no dejamos entrar a la gente, nuestra productividad disminuirá y es probable que veamos que nuestro producto regional bruto se reduzca hasta en un 7% a un 8% ya para 2040 o después”, dijo Geoffrey J.D. Hewings, director emérito del Regional Economics Applications Laboratory en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign en la revista Crain’s Chicago. “En términos actuales, con el producto regional bruto de 561,000 millones de dólares, eso significaría que habría un impacto de 39,000 millones de dólares a 45,000 millones de dólares. Si bien no es totalmente comparable, el impacto financiero general podría ser más grande que el de la recesión de 2008”.

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El papel de la ciudad en ahuyentar los inmigrantes

A menudo se ven los representantes de iglesias en Indiana en las calles de Pilsen, un barrio latino del Lower West Side. Reparten información con la esperanza de atraer a nuevos miembros a sus congregaciones y vecindarios. Sin lugar a dudas, los residentes latinos de la ciudad tienen motivos para considerar mudarse, según dice Byron Sigcho de la Pilsen Alliance, una organización comunitaria de base que defiende a los inmigrantes obreros de la ciudad. Los costos de vivir en la ciudad pesan más que cualquier beneficio para latinos y sucede igual con otros grupos que se están marchando de la ciudad. “Podemos ver la [pérdida poblacional] cada día, con las familias siendo desalojadas de sus casas y la gente perdiendo sus trabajos”, dice Sigcho. “Hemos visto a personas mudarse a los suburbios para buscar mejores distritos escolares”.

La ciudad tiene un papel a desempeñar en crear este ambiente. Los críticos argumentan que simplemente no se ha invertido en vecindarios de minorías —los cuales carecen de buenas escuelas públicas, empleos, seguridad pública y vivienda asequible— con el mismo entusiasmo con el que ha invertido en el centro de la ciudad. En parte es por esto que en años recientes la población afroestadounidense de la ciudad se ha mudado a los suburbios. “Probablemente haya más de 40 grúas actualmente operando, principalmente en esa sección de la ciudad… y muy pocas en otras partes de la ciudad en los vecindarios donde viven los residentes de clase obrera, particularmente en comunidades afroamericanas y latinas”, dice Jesús ‘Chuy’ García, comisionado del séptimo distrito del Condado Cook que representa a muchos de estos vecindarios. “Los patrones de desarrollo siguen perpetuando la segregación y ahora se combina con la segregación [basada en] el ingreso”.

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Tiene razón. Mientras se siga construyendo, construyendo y construyendo edificios de lujo en el centro de la ciudad, se limita el desarrollo en otros vecindarios codiciados que no son de inmigrantes, como Lincoln Park. Daniel Hertz —analista sénior de política en el Center for Tax and Budget Accountability, con sede en Chicago— desglosó este problema en una publicación en su blog en 2015: “las leyes de Chicago permiten un boom masivo en partes del centro de la ciudad —principalmente donde no había suficientes residentes profesionales que pudieran quejarse— mientras que imponen una restricción fuerte en los vecindarios”.

Dado que es ilegal reemplazar un par de two-flats (vivienda que consiste en un departamento en el primer piso y otro en el segundo, con un sótano común, una entrada principal común y escaleras al segundo piso) con un edificio con patio, los promotores ganan dinero al derrumbar un two-flat viejo y construir un two-flat de lujo en su lugar. O construyen una mansión y el vecindario en realidad pierde una unidad de vivienda. Como resultado, a medida que un vecindario se vuelve más atractivo, la ciudad hace que menos personas vivan allá.

Debido a este tipo de normas, vecindarios latinos como Pilsen y Little Village, adyacentes al centro de la ciudad, han sentido la fuerte presión de la gentrificación. Y después de que la ciudad aprobó el aumento más grande de impuesto de propiedad en la historia moderna en 2015, los inquilinos se han sentido particularmente apretados. “Es realmente imposible seguirles el ritmo a los aumentos en los costos de vivienda”, dice Sigcho de la Pilsen Alliance. “A las familias les cuesta trabajo quedarse en comunidades donde hay oportunidades y se les relega a áreas que son violentas, con pocas inversiones y sin recursos”.

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Sigcho mismo se ha mudado al borde de Pilsen, pero espera que en el futuro no tenga que mudarse de la ciudad por completo. “El optimismo no nos permite ver que realmente tocaremos fondo”, dice. Pero “no voy a descartar (…) ser desplazado de mi propio barrio, porque incluso con dos trabajos, es cada vez más difícil pagar las cuentas”. La ironía es que la ciudad que ha dificultado a los inmigrantes obreros mantenerse a flote, tendrá problemas para mantenerse a flote sin ellos.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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