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CityLab Vida Urbana

Las mejores librerías del mundo en ilustraciones

El dibujante Bob Eckstein, del New Yorker, recorrió el mundo pintando estas tiendas y buscando sus historias, las que plasmó en un libro.
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7 Oct 2016 – 10:34 AM EDT
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Books & Books, un trío de tiendas independientes en la zona de Miami donde, de acuerdo al libro, alguna vez llegó Paul McCartney a comprar una novela de Dickens. Crédito: Bob Eckstein/Clarkson Potter

Cierta vez Stacey Lewis, directora de marketing de la longeva y profundamente beatnik librería City Lights, en San Francisco, recibió una inolvidable carta de una cliente. Por medio de la misiva, la señora quería informar a los trabajadores de Lewis que, a raíz de la muerte del padre de esta, ella había colocado secretamente sus cenizas en varios rincones al interior de la sala de poesía. “Ella sostenía que ese era el lugar preferido de su padre y que, hasta donde se lo permitían las circunstancias, se sentía aliviada sabiendo que él estaba ahí”, añadió Lewis.

El recuerdo de esta carta no es más que uno de los 75 relatos que aparecen en el volumen ilustrado de Bob Eckstein, Footnotes from the World’s Greatest Bookstores: True Tales and Lost Moments from Book Buyers, Booksellers, and Book Lovers (22 dólares, Editorial Penguin Random House). Para compilar el libro, Eckstein, un caricaturista de The New Yorker, pidió a amigos y conocidos por todo el mundo que le hicieran llegar historias de librerías, esos santuarios adorables. Las coloridas e impresionistas obras de Eckstein están aderezadas con peculiares anécdotas de dueños de tiendas o, simplemente, asiduos a estos lugares.

En cierto sentido, el libro funciona como una singular guía de viajes. Muchas de las historias aquí relatadas pueden experimentarse de forma directa en New York. De hecho, el proyecto se inició con una asignación a Eckstein en 2014, por parte de The New Yorker, a fin de que ilustrara las amenazadas librerías de la ciudad. Pero el libro va más allá.

En Detroit, Eckstein dio cuenta de la librería John K. King Used & Rare Books, donde uno puede hallar, por nada menos que 100,000 dólares, una primera edición del Libro del Mormón. En Tokio, Eckstein representó el “ book town” (pueblo con muchas librerías de viejo) de Kanda-Jimbocho, donde alrededor de 150 pequeñas librerías luchan por atraer, hasta el universo de las novelas de segunda mano, a los jóvenes fanáticos del manga, las historietas japonesas. Y Moe’s Books, la tienda de Berkeley, California, donde pasé los fines de semana de mi infancia, emerge con un relato del novelista Jonathen Lethem, quien trabajó allí como dependiente en los noventas.

Living Batch Bookstore, en Albuquerque, Nuevo México, la cual cerró en 1996 (Bob Eckstein/Clarkson Potter).

Aunque Eckstein trató de visitar tantas tiendas como pudo, captar lo esencial de librerías en lugares tan distantes como, por ejemplo, Escocia e India, era imposible desde el punto de vista logístico. Para ilustrar aquellos sitios donde no pudo llegar, entonces extrajo detalles de imágenes, fotos y otros datos que le suministró Google Earth. Más de una vez, el autor pintaría una tienda tres o cuatro veces, antes de quedar satisfecho con cómo había capturado su esencia.

De tal suerte que su libro, Footnotes from the World’s Greatest Bookstores…, explora intimidades nada convencionales. Transmite cómo una vez los trabajadores de la Munro’s Books, en la isla Vancouver, Canadá, tuvieron que ingeniárselas para atrapar un cuervo que se instaló en su techo, un acontecimiento que fue seguido de cerca por los medios noticiosos locales. De Brooklyn, Eckstein traería la historia de un agridulce romance frustrado que se originó en la sala de ficción de la librería WORD. Una persona publicó en Craigslist que había visto a su mujer ideal en ese lugar y que ahora la buscaba. Los propietarios luego intentaron, sin éxito, reunir a los pretendientes a través de Twitter.

Pero Eckstein no fue indiferente a la más esquivas librerías: Myopic Books, en Chicago, rechazó repetidamente su petición de historias y aun así apareció en el libro con un apéndice del autor, quien señaló que el silencio de la tienda “solo lo llevó a pensar que ellos eran personas mucho más especiales, como esa chica de la escuela que nunca te dirigiría la palabra”.

El libro está marcado por la tristeza de aquellas tiendas que han cerrado. Jay Moore, dueño de Moby Dickens Bookshop, que cerró en 2015 en Taos, Nuevo México, describió cómo la venta virtual al menudeo abrumó el negocio de la pequeña librería en un pueblo económicamente frágil. Antes de que cerrara, Moore le dijo a Eckstein: “La gente es feliz cuando viene aquí, pero quiere que tengas los recursos y fijes los precios virtualmente o no comprarán”.

Sin embargo, para Eckstein, uno no puede comprar la experiencia de caminar hacia una librería. “No es como comprar comida”, acota. “Las librerías son comunidades: son sitios en que uno encuentra personas inteligentes, afines a uno. Esa es la clave de su supervivencia. Ellas ofrecen algo que Amazon, sencillamente, no puede”.

La de Giovani, en Filadelfia, es la más grande librería LGBT abierta en Estados Unidos (Bob Eckstein/Clarkson Potter).

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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