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La razón por la que muchos niños de escasos recursos pasan hambre en el verano

Por todo Estados Unidos las políticas que proveen alimento para menores de bajos ingresos no llegan al 85% de los necesitados.
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8 Jun 2016 – 10:47 AM EDT

Cuando el último timbre anuncie el fin de las clases y el comienzo del verano, los 21 millones de niños estadounidenses que dependen de almuerzos gratis o de costo reducido ahora enfrentarán lo que Lucy Melcher —directora adjunta de defensa para la organización No Kid Hungry— llama el “tiempo más hambriento del año”.

El Programa de Servicio Alimenticio Veraniego (SFSP por sus siglas en inglés) es un programa federal inaugurado en 1968, diseñado para entregar comidas subvencionadas a los niños de familias de bajos ingresos durante los meses en que no hay escuela. Pero esa comida sólo llega a un 15% de los niños necesitados.

Según explica Melcher, el problema está en que la “pobreza hoy día es muy diferente de la pobreza de hace 40 años”. En la época en que el Departamento de Agricultura estadounidense introdujo el SFSP, las áreas de bajos ingresos estaban mayormente concentradas en ciudades. De acuerdo a No Kid Hungry, el programa SFSP fue desarrollado como una respuesta “unitalla” que hoy día ya no es eficaz, dado que la pobreza está cada vez más dispersada por áreas rurales, suburbanas y hasta en zonas de ingresos mixtos que rápidamente se están gentrificando.

Uno de los aspectos primordiales del programa es la estipulación de que los niños tienen que viajar a un sitio designado para acceder y comer las comidas que reciben. Se ha comprobado que este modelo es efectivo y hasta beneficioso en lugares como San Antonio, donde las sucursales locales de la organización Boys & Girls Clubs ofrecen clases educativas, deportes y excursiones junto con las comidas gratis. Sin embargo, en otros lugares la falta de acceso al transporte constituye una barrera a la tan necesitada comida.

Además, sólo las áreas que principalmente son de bajos ingresos —lugares donde por lo menos un 50% de los niños tienen derecho al almuerzo gratis o a precio reducido durante el año escolar— pueden solicitar para ser un local donde opere el SFSP. Según explica Melcher, esto presenta un problema particular en áreas como Silver Spring, Maryland, donde no resulta raro que una urbanización de bajos ingresos bordee a un vecindario de gente acaudalada.

Para las familias cuyos niños no pueden acceder los almuerzos gratis por las razones ya mencionadas, los veranos pueden ser una temporada terrible. El Washington Post detalló cómo las vacaciones del verano endurecen la situación financiera de una madre de cuatro niños. Afortunadamente, ella encontró ayuda mediante un sitio de comidas móviles en un área rural de Tennessee.

Cuando sus hijos estaban en la escuela, comían un total de 40 comidas gratis y 20 meriendas. Esto se trata de más de 25,000 calorías subvencionadas por el gobierno que no le costaron nada. Por lo tanto, sus 593 dólares en bonos alimenticios mensuales le duraban todo el mes. Cenaban guisos de pollo y carne molida. Pero en tiempo de vacaciones encontró que sólo le quedaba un valor de 73 dólares en bonos alimenticios y aún le quedaban 17 días en el mes. “Gracias a Dios que existe este autobús”, dijo, pero incluso esta iniciativa sólo le resuelve los problemas durante una comida al día.

La fecha límite para la reautorización de la Ley de Nutrición de Niños —de la cual el SFSP forma parte— fue el 30 de septiembre de 2015. El Congreso optó por no votar sobre la reautorización y dejó que los programas siguieran operando en piloto automático en su forma actual, la cual fue establecida durante la última reautorización en 2010. Aunque la Cámara de Representantes y el Senado actualmente están avanzado, respectivamente, con legislación de reautorización ya atrasada, “cada año que el Congreso la posterga es una oportunidad perdida de hacer cambios muy necesarios”, dice Melcher.

Durante varios años grupos activistas como No Kid Hungry han estado abogando por políticas que facilitarían el acceso considerablemente a las comidas ofrecidas mediante el SFSP. Las recomendaciones incluyen establecer opciones para llevarse comida o bien entregarla en áreas que no han recibido la atención debida. Sería una forma parecida a cómo operan programas como Meals on Wheels, el cual entrega comida a las casas de ancianos. Pero, según Diane Whitmore Schanzenbach —directora del Hamilton Project—, la mejor opción es proporcionar fondos para comidas durante los meses del verano usando tarjetas EBT (siglas de transferencias electrónicas de prestaciones) parecidas a las que se usan en programas como SNAP y WIC.

El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA por sus siglas en inglés) operó tres programas piloto de Transferencia Electrónica de Prestaciones Veraniegas para Niños. Se llevaron a cabo entre 2011 y 2013 en una combinación de áreas rurales, suburbanas y urbanas. El programa piloto puso a prueba la eficacia del modelo para familias que estaban participando en tanto SNAP como WIC en dos niveles diferentes de valor, ya sea a 60 dólares por niño por mes o a 30 dólares. En 2013 un reporte del USDA observó que, con ambos valores, “en los 14 sitios participantes, de manera inequívoca y considerable el SEBTC avanzó el objetivo principal de la intervención, el cual fue reducir la seguridad alimenticia muy baja de los niños durante el verano”. El reporte agregó que el costo del programa es comparable con el costo de los desayunos y almuerzos gratis que se proveen bajo los programas nacionales de almuerzo y desayuno escolares. Dado que el programa se aplica a individuos en lugar de a distritos, “un área podría aún ser muy pobre aunque se esté gentrificando y esto permitiría a los niños de retener el acceso a comida”, dice Schanzenbach.

En fin —dice Schanzenbach— la transferencia electrónica de prestaciones funciona. Agrega que a estas alturas, la pregunta sobre la política “no es, ‘¿debemos implementar este programa o no?’ y sino que es ‘¿Cómo debemos implementarlo?’”

Un proyecto de ley que pasó por el Comité de Silvicultura, Nutrición y Agricultura del Senado en enero les permitiría a los estados a administrar prestaciones mediante la transferencia electrónica de prestaciones durante el verano. También permitiría que hubiera opciones de entregar o de que se lleve comida para los niños en ciertas áreas. El proyecto de ley del Senado obtuvo apoyo de ambos partidos y, según No Kid Hungry, tiene “las mejorías más fuertes hechas al programa de comidas veraniegas en más de 40 años”.

Aunque activistas como Melcher piensan que esta legislación es prometedora, tendrá que encontrar un punto medio con la propuesta más preocupante de reautorización que pasó hace unas semanas por el Comité de la Cámara de Representantes sobre la Educación y la Fuerza de Trabajo.

Si bien el proyecto de ley de la Cámara sugiere una implementación pequeña del programa de la transferencia electrónica de prestaciones durante el verano, “necesita ser más grande”, dice Melcher. Y las mejoras del SFSP están cargadas de algunas propuestas que son perjudiciales para el cuadro más grande de asistencia nutritiva. Dichas propuestas incluyen endurecer el umbral de pobreza necesario para que las escuelas puedan participar en el Programa de Elegibilidad Comunitaria, un cambio que les privaría a 3.4 millones de niños de almuerzos gratis, según declaró Duke Storen, director senior de No Kid Hungry. La última versión de la legislación también incluye una estipulación que ofrece un paquete de ayuda federal para subvencionar comidas en escuelas en tres estados. Pero esta estipulación de ninguna manera garantiza que los fondos se distribuirán de manera que aborde las necesidades específicas de las comunidades.

Las mejorías a los programas del verano no deben hacerse a expensas de la nutrición de niños durante el año escolar, dice Schanzenbach. Cuando se trata de niños hambrientos, la activista dice que la política debe “abarcar mucho” y ampliarse según la magnitud de la necesidad, en lugar de seguir con programas que sólo llegan a un porcentaje bajo de público objetivo. “Ese no es el Estados Unidos en el que queremos vivir”, agrega.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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