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CityLab Vida Urbana

Estos son los lugares más ruidosos de Estados Unidos

El ruido relacionado con el transporte afecta a un 97% de la población estadounidense. No necesariamente tiene que ser ensordecedor para ser una amenaza a la salud pública.
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24 Mar 2017 – 4:20 PM EDT

El ruido es parte del contrato urbano. Si deseas todas las ventajas de vivir en lugares densamente poblados, entonces hay que aceptar cierto nivel de gritos de bebés, chillidos de trenes e incluso la contaminación auditiva de vecinos teniendo sexo.

Pero un nuevo mapa de la Oficina de Estadísticas de Transporte (BTS) muestra que casi la totalidad de la población estadounidense —urbana, suburbana y rural— padece riesgos de exposición a niveles potencialmente nocivos de ruido vehicular y de aviones. Desde las colinas del condado de Ventura y las calles de Chicago hasta el corazón de los Apalaches, e l ruido de camiones, coches y aviones llega a los oídos de un 97% de los estadounidenses, a alrededor de 35 a 50 decibelios. Eso es comparable al zumbido de un refrigerador, según la BTS.


Las carreteras marcan el mapa de ruido de Estados Unidos (Oficina de Estadísticas de Transporte).

Como cabría esperar, el mapa es esencialmente un mapa nacional de autopistas interestatales, coloreado principalmente con el color naranja de las señales de advertencia (indicando de 35 a 50 decibelios de nivel de ruido) con destellos de color rosa y rojo (de 50 a 80 decibelios), y ocasionalmente el horrible morado y azul (80 decibelios y más: ¡como un triturador de basura!) en lugares donde autos y aviones se unen en altas concentraciones (por ejemplo, en ciudades).

La BTS informa que "una décima parte de un 1% de la población podría experimentar niveles de ruido de 80 decibelios o más". Alrededor de un 3% de la población está expuesto a contaminación acústica a niveles de entre 50 y 80 decibelios. Estas estimaciones reflejan un nivel sonoro promedio ponderado en un período de 24 horas obtenido a partir de datos sobre ruidos de aviones y de autopistas recopilados en 2014.


Los ruidos de Boston siguen las trayectorias de los autos y de los aviones (Oficina de Estadísticas de Transporte).

Así que, se podría pensar que la mayoría de los estadounidenses viven sus vidas en medio de un leve estruendo de fondo y los pocos que viven cerca de los aeropuertos sufren muchísimo más. Pero, ¿por qué esto importa?

Bueno, el ruido no tiene que ser especialmente penetrante para ser una amenaza a la salud pública. Las Directrices sobre el Ruido Nocturno del año 2009 de la Organización Mundial de la Salud establecieron un punto de referencia de exposición recomendada a sonidos nocturnos para los europeos, el cual fue sorprendentemente bajo, un promedio anual de 40 decibelios (por ejemplo, el murmullo de un lavavajillas).

Por encima de este nivel, abundan los efectos negativos para la salud: la investigación muestra que a 42 decibelios y más se interrumpen los patrones de sueño. La exposición al ruido del tráfico por encima de los 50 decibelios (comparable a una oficina tranquila) se ha asociado con un mayor riesgo de sufrir un ataque al corazón. Y con cada aumento de 10 decibelios, se ha descubierto que ese riesgo aumenta en un 12%. El ruido del transporte también parece estar relacionado con la obesidad y la depresión. El mapa podría ser de utilidad para los legisladores que buscan "priorizar las inversiones relacionadas con el ruido del transporte", quizás sobre todo pensando en la salud. La EPA, por su parte, ha iniciado investigaciones encaminadas a hacer de la reducción del ruido parte de la agenda de salud pública federal ( veremos si eso tiene futuro en la era de Trump).

Las versiones futuras del mapa pueden incluir sonidos relacionados con el transporte marítimo o por ferrocarril, dice la BTS en un comunicado. Curiosamente, sin embargo, los seres humanos piensan que algunos ruidos de transporte son más molestos que otros. Como la ex reportera de CityLab Emily Badger escribió en 2012: “Con cierto nivel de sonido, por ejemplo, a las personas suelen molestarles más los helicópteros que las aeronaves de ala fija. Y nos suelen molestar más—al mismo nivel de decibelios—las aeronaves de ala fija que el tráfico automotriz. Sin embargo, nos gustan los trenes, y generalmente preferimos el sonido de uno de ellos al equivalente de los automóviles”.

Sin embargo, estas preferencias psicológicas no necesariamente corresponden con las reacciones de nuestros cuerpos, y hay muchísimos otros factores en los riesgos para la salud asociados con la contaminación acústica—educación, ingresos y hábitos alimentarios, en primer lugar. Pero la investigación es alta y clara: las autoridades deben prestar atención.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.


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