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CityLab Vida Urbana

El primer programa de intercambio de jeringas en Florida está luchando por controlar el VIH

Este estado es el líder nacional en nuevos diagnósticos. Cerca de un 6% de estos son atribuidos a consumidores de drogas inyectables, quienes compartieron agujas infectadas o usadas.
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5 Mar 2017 – 7:31 PM EST

Por Andrew Boryga

Un caluroso martes, Emelina Martínez serpenteaba en su auto las calles del Overtown. Yo iba junto a ella, en el asiento de pasajeros. Martínez, de 48 años, trabaja en Overtown, barrio de Miami famoso no solo por el consumo de drogas, sino por la venta y las sobredosis asociadas a ellas. Es coordinadora comunitaria de IDEA Exchange, el primer programa de intercambio de jeringas en Florida, el cual abrió sus puertas en diciembre. Y, como tal, Martínez da vueltas por el vecindario un par de veces al día, inscribiendo y monitoreando a los participantes. La abrumadora mayoría de los involucrados son personas que se inyectan drogas y que encuentran su hogar en los estacionamientos y a los pasos bajo nivel de Overtown.

Mientras recorre la zona, Martínez ve a una mujer que no reconoce y, de inmediato, se estaciona a un lado de la calle. “Baby”, la llama y le pasa un folleto y condones. “Por si conoces a alguien que inyecte”, añade, señalando al folleto. La mujer asintió. “Tengo una amiga que estaba interesada”.

En 2015, Florida fue líder en nuevos diagnósticos de VIH en todo Estados Unidos. Ese mismo año, los condados de Miami-Dade y Broward promediaron cerca de 40 nuevos casos por cada 100 mil personas, una cifra que es tres veces el promedio nacional. Sin embargo, en EEUU los nuevos casos de VIH han ido disminuyendo en 19% de 2005 a 2014.

Desde diciembre, la mayor parte de las nuevas infecciones en el condado de Miami-Dade fueron el resultado de tener sexo no protegido. Pero casi un 6% de los casos fue atribuido a los consumidores de drogas inyectables, quienes suelen compartir agujas infectadas o ya usadas, cifra que el personal de IDEA considera que puede disminuir, pero con el apoyo de las autoridades.

Si bien Florida encabeza la lista de nuevos casos, hay quienes aseguran que esta situación no está siendo considerada como una crisis, ya sea por parte del gobernador Rick Scott o del Departamento de Salud del estado. El pasado año, Scott cortó más de 30 millones de dólares en fondos y eliminó más de 700 empleos, entre el estado y el condado, dentro del Departamento de Salud de Florida. Y todo ello, pese a que un portavoz declarara al Tampa Bay Times que “ningún servicio o capacidad de respuesta del departamento serán interrumpidos”. Demócratas en el Senado de Florida, por su parte, recientemente instaron a Scott a decretar la epidemia de opioides del estado como una emergencia de la salud pública.

“No ha sido nada fácil lograr ayuda del estado”, sostuvo Hansel Tookes, residente en el Hospital Jackson Memorial. A Tookes le tomó cinco años de lobby y múltiples comparecencias ante el órgano legislativo de Florida el conseguir un proyecto de ley que aprobara la apertura de IDEA, bajo la tutela de la Universidad de Miami. Si bien lo considera un triunfo, Tookes admitió que el estado no presta la suficiente atención al asunto. “Esta que tenemos ahora es la política antidrogas de los noventa; la conquistamos a sangre, sudor y lágrimas”.

A partir de 1998, al menos 100 programas de intercambio de agujas operaron en 31 estados. Para 2014, ya había 194 en 34 estados. California, justo detrás de Florida en nuevas infecciones de VIH en 2015, dispone de más de 40 programas, según la organización North American Syringe Exchange Network. Por otro lado, el apoyo federal ha sido difícil de recabar. En 2009, una prohibición de fondos federales que databa de 1998 fue levantada. Luego fue reinstaurada en 2011 y, en enero de 2016, fue levantada de nuevo. La decisión llegó de la mano del aumento nacional del uso de drogas por la vía parenteral y de un estallido del VIH en las zonas rurales de Indiana.

Con el último fallo, los fondos federales, si bien no pueden comprar agujas, pueden ser usados para pagar a los grupos de trabajo, comprar vehículos u otros equipamientos y ayudar, en los lugares de intercambio, a remitir a los participantes al tratamiento. Para acceder a fondos, los programas de intercambio, así como los departamentos de salud estatales y locales, deben probar una evidencia de necesidad a los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades.

En su estado actual, Florida no permite a IDEA acceder a fondos estatales, del condado y municipales.


“Ellos van a consumir sin importar lo que pase”

Tookes aseveró que Miami es una prueba palpable de la necesidad de ayuda federal, pero que espera poder convencer, en el plazo de un año, a funcionarios estatales y locales. Aun así, no se cruza de brazos. “Estoy escribiendo constantemente propuestas de subvención”, añadió. Hasta ahora, IDEA ha recaudado 700,000 dólares a partir de donaciones, incluyendo la organización sin fines de lucro AIDS Healthcare Foundation (fundación que presta servicios de prevención contra el VIH), la cual también, allí donde se negaron los departamentos de salud estatal y local, proveyó kits de pruebas gratuitos para realizar exámenes de VIH y Hepatitis C, según Tookes.

El funcionamiento de IDEA no es complejo y su formato es pequeño. Un grupo de tres personas trabaja fuera de dos contenedores devenidos en oficinas. Una línea de electricidad se extiende desde el fondo de uno y hasta un centro de almacenamiento de la Universidad de Miami, ubicado detrás. IDEA tiene una dirección postal, digamos, pero sus trabajadores admiten que están ubicados, técnicamente, en un estacionamiento. Aun así, casi tres meses después de su apertura, ya han inscrito a unos 156 participantes, casi todos autoidentificados como consumidores de drogas por vía intravenosa. Se han realizado pruebas de VIH a aproximadamente la mitad, y se han recogido 8,648 agujas ya usadas en las calles a cambio de 7,594 limpias.

Carlos Padrón, de 25 años, trabaja en la recepción. En una tarde más bien tranquila, muestra un inventario de agujas de varios tamaños y tipos. Una versión de 29 pulgadas es la más popular. Próximas a las agujas, hay cajas que contienen bolsas de agua estéril, cookers de aluminio, condones, torniquetes de goma, toallitas con alcohol y una cantina para almacenar agujas contaminadas hasta que sean intercambiadas. Y, cuando llegan los participantes y piden artículos, él los envuelve en una bolsa de papel café.

Padrón comenta que un error común acerca de los intercambios es suponer que ellos ofrecen a los participantes las herramientas para aumentar su adicción. El problema, cree él, es que la mayor parte de la gente no entiende la naturaleza de la adicción. “Ellos recaerán pase lo que pase”, indicó. De hecho, Padrón me cuenta que uno de los usuarios, de reusar su aguja tantas veces, tuvo que afilarla sobre el concreto para que esta pudiera seguir perforando su piel. “¿Por qué no darles entonces agujas limpias y habilitar un lugar al que puedan acudir sin que sean juzgados y recibir ayuda?”.

Para inscribirse, las personas deben registrarse en una base de datos e introducir iniciales anónimas. Se les pide que se identifiquen a partir de información demográfica básica, así como qué drogas se inyectan, con qué frecuencia, si están o no infectados con VIH o Hepatitis C, y si les gustaría que se les realizaran exámenes. Según datos de IDEA, más del un 70% de sus enrolados son hombres blancos y, como promedio, tienen 38 años. En otra sección, se les inquiere acerca de si quisieran colaborar para recibir un tratamiento por VIH, Hepatitis C o contra la dependencia de las drogas. Hasta ahora, 25 participantes han sido remitidos o bien a centros para recibir tratamiento farmacológico o bien a tratamientos supervisados médicamente para el VIH y la Hepatitis C.

Una vez registrados, se les da un número de inscripción y un carnet que, entre otras cosas, permite al grupo de trabajadores monitorear el número de agujas que ese participante trae y se lleva. IDEA es un programa de 1 por 1: esto es que los participantes reciben tantas agujas como entregan, aunque algunos botan agujas sin llevarse consigo nuevas. Pero más importante aún para los enrolados que viven en las calles es que el carnet los protege de estar violando la Ley para el Control y la Prevención contra el Abuso de Drogas, en caso de ser detenidos por la policía y portar agujas sucias.

Al menos, en teoría.

Mientras pasaba el día en IDEA, un participante identificado con las iniciales R.L. vino con una aguja para intercambiar, pero no traía carné. R.L., de 50 años, dijo que fue arrestado en Navidad y que pasó un mes en la cárcel tras ser hallado con jeringuillas y un puñado de sobres usados de heroína. Él había perdido su carné antes de ser arrestado. “No tengo hogar, así que tengo cosas por todos lados”, explicó.

Antes de la adopción del Programa Piloto para la Eliminación de las Enfermedades Infecciosas en marzo, las agujas eran clasificadas como parafernalia de drogas. Sin embargo, con la aprobación del piloto, la posesión de agujas – adquiridas con IDEA- ya no viola la ley. Las bolsas plásticas de R.L. fueron motivo para su arresto, pero su caso ilustra el campo de tensiones que se establece entre IDEA, sus participantes, y las fuerzas de orden público: Los participantes pueden deambular con agujas con el fin de usarlas; pero no deberán tener drogas o evidencias de drogas si fueran detenidos en la calle, por no hablar de que deberán llevar su carné consigo. Al mismo tiempo, las autoridades deberán aprender a lidiar con las nuevas regulaciones durante sus operaciones cotidianas.

“La ley ha sido elaborada en un nivel administrativo superior, lo que significa que no fue creada en las calles”, sostuvo Daniel Johnson, director del día a día en IDEA. Una tarde que fui de visita, Johnson había acabado una reunión con dos miembros de las fuerzas de la policía local en Overtown, cuyo propósito era tratar los arrestos de numerosos participantes. Johnson dijo que les había dado una explicación detallada de cómo localizar participantes y de cómo la nueva ley los protegía. Añadió que había sido el primero de los dos encuentros que mantuvo con las autoridades desde la apertura del programa.

Preguntada por algún tipo de ajuste que la policía local debería hacer en el Overtown, la jefa Nicole Davis declinó comentar directamente. Explicó que IDEA no era exclusiva del Overtown y que sus agentes vigilaban la posesión de narcóticos o de cualquier accesorio relativo al consumo de drogas, según mandaban las leyes estatales. El asistente del Fiscal del Estado, Howard Rosen, rechazó igualmente hablar en nombre de quienes deben hacer cumplir la ley.

“Están comenzando a involucrarse un poco más, pero ellos no siempre ven la otra cara de la moneda”, remarcó Johnson, acerca de la relación de IDEA con las autoridades. Pese a reconocer el drástico cambio de políticas, subrayó que para alentar a los participantes a que sean responsables con respecto a las agujas contaminadas, ellos necesitan sentirse seguros al llevarlas. “No podemos mirar a estas personas con los lentes convencionales de las fuerzas del orden”, agregó, “Debemos mirarlas desde la perspectiva de la salud pública”.

José De Lemos, de 54 años, señaló que el problema es que la sociedad tiene una percepción negativa de los usuarios de drogas inyectables, que pesa sobre ellos un estigma incluso mayor al relacionado con los consumidores de sustancias como la cocaína o el alcohol. De Lemos, un asiduo y voluntario de IDEA, es un hombre que encarna el tipo de transformación que el grupo de trabajo busca inspirar. Consumidor de heroína por más de una década, pasó largos períodos viviendo en las calles del Overtown. En 2012, fue diagnosticado con VIH, por haber compartido una aguja. Poco tiempo después, se convirtió en paciente de Tookes.

Mientras hablábamos, me mostró una foto vieja de él. Su cara parecía picada de viruelas, con una erupción severa que ahora parece desaparecida del todo. Los participantes que recuerdan a De Lemos en las calles se asombran a menudo, al comprobar que ha sobrevivido. Por su parte, De Lemos se siente feliz brindando esperanza a los demás. “Ahora mismo, esa es de las mayores cosas que podemos brindarles”.

La expansión del programa

El próximo año, IDEA planea valerse de una unidad móvil para expandirse a otras zonas del sur de la Florida. Para Tookes, ensanchar las fronteras del programa de intercambio, esto es, que esfuerzos similares se lleven a la práctica en otros condados, puede ayudar a combatir asimismo la seria epidemia estatal asociada al consumo de heroína y fentanilo, la cual emergió como un infortunado efecto colateral de la política de mano dura para con las “fábricas de píldoras”. En la primera mitad de 2015, las muertes por consumo de heroína subieron un 215% en el condado de Broward, por un 425% en el de Palm Beach, con relación a igual período de 2014. A nivel de todo el país, el consumo de heroína está en su clímax de las últimas dos décadas.

“El estado se está recuperando de estas epidemias”, dijo Tookes en el desayuno. “Pero existe aún una desconexión entre lo que está ocurriendo y lo que nosotros estamos haciendo”. Como ejemplos del tipo de intervenciones de salud pública que él quisiera ver, cita a ciudades como Nueva York, con sus campañas de distribución de condones gratis y de profilaxis contra el VIH, por medio de la estrategia preventiva PrEP (Pre-exposición), abarcando calles y estaciones del metro.

Mientras conversábamos, las gafas de Tookes escondían oscuras bolsas debajo de sus ojos, después de un turno de noche en Jackson Memorial. En julio, comienza en una nueva posición en la Universidad de Miami, por lo que jugará un papel más activo en la rutina diaria de IDEA. Pero la vocación de Tookes será la misma: abogará por más leyes que expandan soluciones en materia de salud pública para reducir el consumo de opioides en la Florida y los contagios de VIH. Miró hacia la Bahía de Brickell, iluminada por un sol chisporroteante. “Creo que, simbólicamente, un gran cambio hizo posible este programa de intercambios. Estamos en el camino correcto”, sentenció.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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