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El precio de la felicidad en las ciudades

Nuevas investigaciones sugieren que quienes residen en ciudades tienen menos probabilidades de ser felices que los que viven en suburbios o el campo.
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1 Jul 2016 – 10:58 AM EDT

Podría decirse que elegir dónde vivir es la decisión más importante que jamás tomaremos. Pero investigaciones recientes son contradictorias en cuanto a lo que nos hace más feliz: la vida urbana o la vida suburbana. Un conjunto reciente de estudios del sociólogo Adam Okulicz-Kozaryn ofrece aclaraciones adicionales sobre la relación entre dónde vivimos y qué tan felices o infelices somos.

El primer estudio, el cual fue realizado por Okulicz-Kozaryn en colaboración con Joan Maya Mazelis y publicado en Urban Studies, utiliza datos del Sistema de Vigilancia de Factores de Riesgos Conductuales de 2005, de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos. Estos números miden la felicidad en más de 230 condados en los Estados Unidos. El estudio usó análisis estadístico para identificar la causa de infelicidad en condados urbanos, suburbanos y rurales, mientras que controló por los aspectos menos convenientes de la vida urbana —entre ellos pobreza, crimen y desempleo— y también por las características de las ciudades mismas, entre ellas tamaño, densidad y heterogeneidad.

Este reporte halló que los que viven en condados fuera de áreas metropolitanas tienden a reportar niveles más altos de felicidad que los que viven en ciudades centrales: la diferencia es de .05 puntos en una escala de 1 a 4.

En un extremo de la escala, el estudio descubrió que los tres condados más infelices todos son urbanos. El número uno es St. Louis que, con una densidad de 5,700 personas por milla cuadrada, cuenta con 19 veces la densidad del condado más feliz y cinco veces la densidad de dos de los tres condados más felices. Los dos siguientes puestos en la escala de condados infelices los ocupan, respectivamente, El Bronx y Brooklyn (el cual es el condado de Kings), ambos en Nueva York. Cada de estos condados tiene una densidad de más de 30,000 personas por milla cuadrada.

Al otro extremo de la escala, los tres condados más felices (los que sacaron un puntaje de 3.5 en la escala de la felicidad) mayormente son rurales o una combinación de condados suburbanos y rurales, según el estudio. Estos incluyen el condado de Douglas, en las afueras de Denver, con una densidad de 300 personas por milla cuadrada; el condado de Shelby en Tennessee, en las afueras de Memphis, con una densidad de 1,200 personas por milla cuadrada; y el condado de Johnson, en las afueras de la Kansas City, con una densidad de 1,110 personas por milla cuadrada. Todos estos lugares están ubicados cerca de una ciudad grande, lo cual permite que los residentes se beneficien ocasionalmente de recursos urbanos y sus comodidades, mientras aún siguen viviendo en un área mucho menos densa.

En efecto, el estudio encontró que los condados más densos tienden a tener residentes menos felices, incluso cuando se controla por factores como más crimen y pobreza. Aunque estas variables sí debilitan la relación entre la densidad y la infelicidad, el efecto se mantiene negativo y significativo. Esto condujo a que los autores concluyeran que el tamaño y la densidad —las características que definen las ciudades, de acuerdo a estos expertos— están relacionados con mayor infelicidad. Incluso si las ciudades redujeran sus niveles de crimen, pobreza o desempleo, los residentes urbanos aún serían menos felices que los que viven en otras partes. Según explicó el estudio, de tal forma “las ciudades actúan como lupas y nos sacan lo mejor y lo peor de nosotros”.

En un segundo estudio, el cual fue publicado en la revista académica Cities (Ciudades), Okulicz-Kozaryn explora este tema más profundamente al determinar el punto decisivo en que el tamaño de una ciudad se vuelve demasiado grande y sus residentes se vuelven infelices. En este caso, el estudio define la felicidad en términos de “bienestar subjetivo”, una definición común de la felicidad que incluye tanto la satisfacción con la vida y el humor de uno. Utilizando datos de la Encuesta Social General de EEUU, que abarca entre 1972 y 2012, este estudio también encontró que la gente que vive en ciudades grandes son mucho menos felices que la gente que vive en las más pequeñas. Tal como muestra el gráfico abajo, la felicidad gradualmente se incrementa a medida que el tamaño en la población se reduce. La única excepción notable a esta tendencia es el fuerte descenso en felicidad en comunidades de entre 5,000 y 8,000 personas.


El estudio halló que la infelicidad se intensifica en cuanto la población de una ciudad llega a ser de cientos de miles de personas. Por lo general, las 60 ciudades en Estados Unidos con poblaciones mayores de 300,000 personas son las ciudades menos felices del país. Esto condujo a que el estudio concluyera que “una persona no tiene que renunciar la vida urbana para ser feliz, sólo necesita evitar las ciudades más grandes”.

Por supuesto, hay ciertos aspectos de la vida urbana —multitudes, trafico, ruido, estrés y costos más altos de vida— que tiene mayores probabilidades de hacer que la gente sea menos feliz. Además, los residentes de ciudades son un grupo que se autoselecciona: bien podría ser que las ciudades atraen justo el tipo de personas que tienen menores probabilidades de ser feliz en primer lugar. Aunque las investigaciones muestran [http://www.citylab.com/tech/2015/08/the-personality-of-entrepreneurial-cities/399677/]que las ciudades —particularmente vecindarios urbanos densos— atraen personas que son creativas, innovadoras y abiertas a nuevas ideas, al mismo tiempo estas personas también son más introvertidas, introspectivas y tal vez demasiado críticas de las situción. Las grandes y densas áreas urbanas también cuentan con mayores concentraciones de personas neuróticas que los suburbios. Por contraste, los suburbios y las áreas rurales tienden a atraer personas más agradables y meticulosas que tienden a ser más contentas con sus vidas.

Al final, las características positivas de las ciudades —su ritmo rápido de vida, diversidad, mayores oportunidades y el intercambio aguzado de habilidades y conocimiento— nos llegan, pero cuestan. Les toca a los individuos determinar cuáles tienen el valor equivalente de la felicidad.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.


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