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CityLab Vida Urbana

El mágico tacho de basura que las ciudades probablemente no necesitan

Los diseñadores de TetraBIN quieren convertir el tirar tus desperdicios en un juego con propósito.
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12 Mar 2017 – 8:26 AM EDT

En los tiempos en que el papel todavía era popular —antes de que se declarara que la ludificación se transformará en el futuro de la mayoría de las tareas necesarias— los oficinistas crearon un deporte de por lo menos una actividad mundana. Se arrugaban memorándums viejos para hacer bolas de papel que se tiraban a la basura con la misma atención atlética que un jugador pondría con un balón y un arco de baloncesto. “¡Disparó y anotó!”, gritaban los burócratas de aquellos tiempos, antes de volver a trabajar con sus máquinas de escribir o sus PC enormes que parecían cajas.

La imaginación y la fijación de lugar que se requiere para este juego quizás sea más difícil de encontrar en el ambiente laboral de hoy en día, donde predominan las oficinas abiertas y casi no se usa papel. Hay bastantes versiones de tareas mundanas, objetos y espacios con las que se pueden jugar; pero sólo es que los arquitectos, diseñadores y urbanistas tienden a concebirlas para nosotros y a veces incluyen 'sugerencias' conductuales como parte de su concepto.

Y la versión del siglo XXI de baloncesto con bolas de papel, por ejemplo, es el TetraBIN, un tacho de basura ubicado en las calles que convierte el acto de tirar basura en un deporte semidigital. Creado por Sencity, una empresa australiana de diseño, el receptáculo de cuatro huecos tiene un interior revestido de sensores que activan un exterior revestido de luces LED. Si apuntas la basura de la manera correcta en el momento correcto, puedes 'manipular' bloques tipo Tetris para ponerlos en su lugar o darle un hueso a un perro, en dependencia del tipo de juego al estilo Nintendo que se la haya programado al tacho. Mira cómo funciona en este video:


El tacho también puede avisar a los dueños sobre su nivel de llenado y permitir mensajes personalizados en sus pantallas LED. Ivan Chen —uno de los diseñadores de TetraBIN— me dijo que le parece que el tacho podría usarse para sondeos informales (los fanáticos de los Mets pueden tirar basura en el hueco derecho y los de los Yankees pueden tirarlas en el hueco izquierdo). Eventualmente estos tachos también podrían conectarse al 'internet de las cosas' y compartir datos con otros objetos capacitados con sensores en el ambiente urbano, transmitiéndolos a algún un computador central para un propósito que aún no se ha determinado.

Según los creadores de TetraBIN, la idea principal es hacer que la gente tire la basura correctamente en lugar que en la calle. En ese aspecto, quizás sea muy exitoso. Jugar con el ejemplo que la empresa tiene en sus oficinas en Brooklyn me hizo querer hacerlo de nuevo. Chen dice que cuando él y Steven Bai —cofundador y CEO de Sencity— pusieron a prueba un tacho tipo Tetris en Sídney, los niños quedaron tan encantados que corrieron por toda la zona alrededor para recolectar basura y tirarla (Nota: el video incluido arriba muestra la versión 2015 del tacho; desde entonces se ha vuelto todavía más pulido). Ahora Sencity está desarrollando el producto más en una aceleradora de start-ups en Brooklyn y esperan atraer interés de las entidades privadas y públicas que buscan soluciones para desechos en Nueva York. Según dice Chen, la ciudad misma podría comprar unos cuantos y pagar por ellos al alquilar el espacio publicitario.

“Queremos convertir a ciudades en alegres patios de juego, motivar más conductas positivas de las personas comunes”, dice Bai. “Vemos a la ciudad de Nueva York como el lugar ideal para los tachos porque, si bien es una ciudad ostentosa, mucha de su infraestructura es obsoleta”.

Cabe notar que esta no es una nueva idea: por ejemplo, en los años setenta Baltimore lanzó una campaña llamada “Trashball” (“basurabol”), protagonizada por su notoriamente irreprimible alcalde William Donald Schaefer. De hecho, la canción publicitaria de anuncio televisivo de Trashball aún queda bien grabada en las mentes de muchos residentes de Baltimore. Hay aspectos adorables de ideas de buenas intenciones como éstas y otras intervenciones urbanas en donde se puede jugar, entre ellos “ StreetPong” para intersecciones, escaleras musicales, postes de luz que hablan, toboganes en espiral en las torres de bancos y fuentes públicas que pueden manipularse digitalmente para jugar Snake. Un poco de color y nostalgia por juegos de 8 bits pueden convertir a trabajadores gruñones en participantes un poco menos gruñones en la experiencia urbana.

TetraBIN en realidad tiene un uso práctico también, lo cual es bueno (sin embargo, aún no está claro si se darán sus beneficios ambientes, ya que usa electricidad; Chen dice que su empresa está investigando opciones que funcionen con energía solar).

No obstante, estos diseños también merecen cierto escepticismo. Tal como mi colega Feargus O’Sullivan escribió el año pasado, un objeto con el que se puede jugar es “una distracción con un aspecto sutil pero coactivo” diseñado para canalizar el comportamiento en direcciones específicas. Las ciudades ya rebosan de tales empujoncitos, pero “aún existe una honestidad clara en cuanto al propósito, por ejemplo, de un letrero que simplemente dice ALTO”.

"Son órdenes que son útiles y si las personas optan por rebelarse en contra de ellos, está claro que están siendo inmaduras e irresponsables. Por otra parte, la infraestructura con la que se puede jugar asume que todos somos idiotas que no pueden ser influidos por nada menos que el deseo de distracción", escribió O'Sullivan.

Y también hay algo triste sobre la imposición de un elemento del juego —tal vez pagado por un patrocinador corporativo— en un objeto para el cual la gente común ya inventó un deporte independientemente.

No quiero ser una gruñona ni despedazar a TetraBIN y a sus inventores sinceros. Me divertí mucho poniendo el producto a prueba y no dudo que los niños se volverán locos con él (Chen dice que las escuelas primarias en EEUU y Canadá han expresado interés). Pero los tachos regulares no inteligentes también merecen honor, al igual que las intersecciones, aceras y plazas públicas de baja tecnología. ¿Las ciudades no invitan a la imaginación y al juego tales y como son?

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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