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CityLab Delincuencia

Lo que los ladrones pueden enseñarle a los arquitectos

Los grandes atracos dan lecciones sobre cómo construir un edificio, de acuerdo a un nuevo libro.
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2 May 2016 – 2:35 PM EDT

George Leonidas Leslie llegó a Nueva York desde Cincinnati en 1869. Uno podría suponer que Leslie, arquitecto de profesión, esperaba abrirse camino en la industria de construcción, la que estaba en pleno boom, diseñando mansiones y rascacielos. En cambio, estaba explorando la ciudad para otro proyecto: buscando lugares para robar. De hecho, comenzó una serie de atracos que duraron casi una década.


Leslie aprovechó su carisma personal, se coló en fiestas y veía el entorno de posibles objetivos. Llegaba e investigaba y, debido a su elegante forma de ser, no levantó sospechas. Este afable estafador resulta un personaje lógico para presentar el nuevo libro de Geoff Manaugh: A Burglar’s Guide to the City (FSG Originals, $16). ¿Quién mejor para forzar entrada a un edificio que alguien con un conocimiento profundo de cómo estos son construidos?


La idea del genio criminal nos sigue siendo seductora: la prueba está en todas las exitosas películas de acción en que un ladrón escalador cuelga de un cable tan fino como un hilo sobre la vitrina de un museo, mientras suena música emocionante en el fondo. Manaugh describe a este tipo de personaje como un “omnipotente bandido con poderes casi sobrenaturales que puede meterse en cualquier edificio, falsear cualquier cerradura y pasar por cualquier barrera usando herramientas ingeniosas que son indistinguibles de la magia”. Pero el autor nota que la mayoría de los robos no son glamorosos ni audaces: son oportunistas y más importantemente son violaciones horriblemente invasivas que pueden hacer temblar nuestro sentido de seguridad.

Claro está, eso es obvio, pero señalar esto no es el propósito de Manaugh. En cambio, lo que resulta más interesante para Manaugh —autor del sitio BLDGBLOG— es cómo discusiones de robos en edificios rápidamente pueden convertirse en “una conversación increíblemente arquitectónica”. No le interesa el acto de llevarse las cosas de otros —“no es algo que celebro moralmente”— pero más bien le interesa lo que estos delitos revelan acerca de cómo la gente se mueve dentro de espacios arquitectónicos. “Se trata de cómo alguien forzó entrada a un edificio o de un cuarto a otro o desde la primera planta al segundo piso sin usar las escaleras o al hacer un túnel entre paredes”, le dice a CityLab. “No puede haber allanamiento de morada sin edificios. La misma definición de un ladrón [que se mete en edificios] está ligada al entorno construido”.

A veces los ladrones se valen de un entendimiento sofisticado de la infraestructura local. En el libro, Manaugh perfila un hombre que leyó atentamente el código de incendios de Toronto para decidir el próximo lugar donde iba a entrar a robar. También habla de otro asalto de un banco —aún no esclarecido— en el que se utilizó la red de alcantarillados de Los Ángeles. “Estos [robos] revelan que si uno piensa de manera analítica sobre los espacios que lo rodean y la manera en que un espacio quizás esté conectado a otro, se está pensando de manera arquitectónica”, dice. “Sólo se está utilizando [esta forma de pensar] para propósitos criminales”.


Hay maneras convencionales de pasar por edificios, dice Manaugh, y con frecuencia los arquitectos diseñan a los edificios con ese movimiento en mente. Los ladrones ignoran esas convenciones. “Un ladrón llega y dice, ‘Mira, no voy a seguir el camino que usted como arquitecto me ha preparado’”, agrega Manaugh. Pero por supuesto, no hay que ser “ratero” para pensar sobre un edificio de esa forma y, por ende, explorar nuevas posibilidades para navegarlo.


Canalizar este tipo de curiosidad espacial en actividades decididamente menos criminales puede servirles tanto a los arquitectos como a los dueños de casas, dice Manaugh. “En lugar de crear una especie de fortaleza medieval, en realidad se puede crear una respuesta muy elegante e interesante al reto de saber que alguien pueda tratar de forzar la entrada a esa ventana en la primera planta y no se necesita sólo ponerle barras a la ventana”, dice. “Hay una solución arquitectónica [para ese problema]”. Las elecciones en cuanto al paisajismo pueden eliminar a los puntos ciegos alrededor de los edificios. Manaugh agrega que adentro de la casa, las características como unas paredes deslizantes de papel ofrecen un diseño responsivo que da la oportunidad de cambiar cómo se interactúa con un espacio. “Esa una manera interesante y participativa de usar la arquitectura”, dice. Y es legal.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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