Asesinatos

El atacante los guió: así lograron descubrir a uno de los peores asesinos seriales de EEUU

Si todas sus confesiones se comprueban, Samuel Little se convertirá en el mayor asesino serial en la historia del país. Hasta ahora han confirmado 36 de los 90 crímenes que dice haber cometido entre 1970 y 2005 en una veintena de estados. El guardabosques de Texas al que contó en detalle cómo estranguló a decenas de mujeres advirtió a las autoridades que este hombre se excita sexualmente cuando recuerda sus asesinatos.
15 Dic 2018 – 10:23 PM EST

"¿Si Dios me ha hecho así, por qué voy a pedir perdón?", dijo Samuel Little sin ningún atisbo de arrepentimiento este jueves durante su último juicio, en el que se declaró culpable por el estrangulamiento de una mujer en Texas en 1994. Con esa misma frialdad, el acusado ha descrito detalladamente no solo ese sino otra veintena de asesinatos de una lista de 90 que terminó confesando a las autoridades desde mayo de este año.

Este hombre de 78 años, que de joven fue boxeador y cumplía tres cadenas perpetuas en una prisión del condado de Los Ángeles cuando decidió destapar casi un centenar de crímenes en todo el país que pesaban en su espalda, está en camino a convertirse en el peor asesino serial de la historia de Estados Unidos.

En 2014 Little fue hallado culpable de matar a tres mujeres del área de Los Ángeles en diferentes ataques perpetrados entre 1987 y 1989. Pero esos estaban lejos de ser los únicos y los investigadores lo intuían, pero sin ninguna evidencia fuerte –ADN, huellas o testigos– no podían comprobar si sus sospechas eran reales.

Por eso, las nuevas revelaciones han dejado perplejo hasta al FBI, que desde 2013 intenta reconstruir la vida de este criminal para intentar vincularlo a nuevos casos, pero a falta de pruebas muchas eran las sospechas y pocas las probabilidades de enjuiciarlo. Ahora, tras su repentina confesión, las autoridades han confirmado que al menos 36 muertes sí son de su autoría y han rastreado 40 de las 90 de las que habló.

En esta ocasión no fueron las víctimas quienes llevaron a la Policía al atacante, sino viceversa: el asesino guió a los investigadores a desempolvar viejos archivos en una veintena de estados del país. Pero no ha sido una tarea fácil. No bastaba con sus palabras; el día que Little comenzó a hablar empezó a desenmarañarse una cadena de crimen tras crimen que no ha parado hasta ahora.

"Este no es un caso de él alardeando. Las autoridades han verificado que él hizo estas cosas. Toma mucho trabajo, pero lo estamos haciendo", señaló Kevin Fitzsimmons, analista supervisor del programa del FBI que maneja las bases de datos sobre arrestos de crímenes violentos, encargados de ayudar a las policías locales a encontrar sospechosos e identificar víctimas.

Un misterioso boxeador asesino

Little nació en Georgia, pero fue su abuela quien lo crio en Ohio. Cuando cumplió 16 años, comenzó a tener problemas con la ley, luego de que fue acusado de entrar a una propiedad privada. Esa fue la primera vez de muchas: entre 1957 y 1975 fue arrestado 26 veces en 11 estados diferentes. Los cargos fueron muy diversos: desde robo a una tienda a fraude, pasando por violación.

El reo, que ahora padece diabetes, tiene un marcapasos y se mueve en una silla de ruedas. Según su propia confesión, cometió los asesinatos en los estados de Arizona, California, Carolina del Sur, Florida, Georgia, Illinois, Indiana, Kentucky, Louisiana, Mississippi, Nuevo México, Ohio, Tennessee y Texas.


Una de las razones por las que era tan difícil identificar a las víctimas de Little es por la forma cómo las mataba. Por sus tácticas de boxeador de competencia, su patrón era neutralizarlas con llaves o noquearlas con un poderoso golpe y luego estrangularlas. Es decir, nunca había señales de un arma homicida en la escena del crimen, no había heridas de bala o de apuñalamiento.

Su objetivo eran generalmente mujeres vulnerables: prostitutas, alcohólicas o adictas a alguna sustancia, sin hogar o con alguna necesidad. Aparentemente, el hombre se les acercaba en los bares, en la calle o en clubs nocturnos. Las golpeaba con un puñetazo y las estrangulaba. Después ocultaba el cadáver y se marchaba.

Al ser la mayoría de sus víctimas personas que vivían bajo las sombras de la sociedad, muchas de estas muertes no recibieron mayor atención. Además, varios de estos asesinatos fueron reportados como sobredosis o accidentes y no como homicidios, pues la Policía recuperaba solo cadáveres descompuestos y no tenía evidencia clara de que hubiera sido un crimen.

Otra razón más es que no siempre las violaba, entonces era más difícil encontrar su ADN o en el caso de las prostitutas había más de una opción. Y peor aún, algunos de estos crímenes ocurrieron antes de la llegada de las pruebas de ADN.


Cómo lograron su confesión

Los detectives que analizaban la vida de este preso tenían su largo historial delictivo junto a montañas de reportes policiales, fotos de escenas del crimen, líneas del tiempo que mostraban en qué estados había vivido y trabajado comparados con crímenes similares en el área y recortes de periódico. Pero eso nunca fue suficiente. Aunque sospechaban que se trataba de un criminal sin límites, no tenían cómo comprobarlo, necesitaban un milagro.

Ese 'milagro' sucedió este año, cuando un guardabosques de Texas experto en entrevistas con sociópatas y psicópatas en conjunto con dos investigadoras del FBI decidieron retomar el caso y viajar a California para hablar con Little, como lo cuenta el diario Los Angeles Times. No estaban muy optimistas de que él fuera a confesar sin algún incentivo. Además, si nunca antes lo había hecho, creían que era menos probable que hablara cuando ya estaba condenado a tres cadenas perpetuas.

Pero, por más experiencia que tenían con criminales infames, no imaginaron que la motivación de este iba a ser recordar con lujo de detalle cómo mató a cada una de esas mujeres a lo largo de casi cuatro décadas.

El agente James Holland entró al primer interrogatorio con Little el 17 de mayo con un paquete de chocolates con maní M&M, le intentó subir un poco el ego hablándole de sus tiempos como boxeador en las calles y le dijo que el Departamento de Justicia y el FBI estaban muy interesados en él. Nada de eso funcionó.

En otra sala adjunta estaban Christie Palazzolo, la agente que investigaba a este preso desde 2013, y Ángela Williams, experta forense del Departamento de Justicia y el FBI. Ambas estaban desmotivadas al oír la conversación entre el asesino y Holland, pero en el fondo tenían la esperanza de que algo saliera de ahí.

Palazzolo les había advertido que uno de los crímenes que más le llamaba la atención dentro de las sospechas que tenía en el caso de Little era uno cometido en la ciudad de Odessa en Texas, donde las autoridades descubrieron el cadáver de una mujer de 38 años, Denise Christie Brothers, en un lote vacío más o menos un mes después de que desapareció.

Cuando el agente de Texas decidió hablarle al reo de este asesinato, algo cambió. Los investigadores dicen que no saben bien qué fue, pero desde ese momento este hombre empezó a contar paso a paso cómo mató a su víctima, al punto que los detalles que daba coincidían sorpresivamente con las fotos de la escena del crimen y los reportes policiales.

Desde ese momento en adelante, Little no se calló. Describió al menos una veintena de crímenes y enlistó por ciudad y estado muchos de los homicidios: "Jackson, Mississippi: uno. Cincinnati, Ohio: uno. Phoenix, Arizona: tres". El asesino admitió haber matado a 18 mujeres solo en Los Ángeles.

El placer de matar

Esas confesiones, que muchas veces fueron tan detalladas que asombraron a las autoridades, llevaron a investigadores de Florida a California a revisar viejos casos de homicidio no resueltos. El agente Holland le entregó luego detalles de las confesiones de Little a agentes del orden en otros estados, a quienes advirtió que este hombre se excita sexualmente algunas veces cuando recuerda sus asesinatos.

Según Beth Silverman, la fiscal del condado de Los Ángeles que consiguió que fuera condenado en 2014, las muertes en el caso de Little tenían una motivación sexual, pues su semen fue encontrado en algunos de los cuerpos de las víctimas o su ropa. La fiscal ha sido aún más específica: "La manera en la que él obtiene placer es cuando estrangula a su víctima".

En una de sus confesiones, el reo aseguró que una vez cuando estaba teniendo sexo en el auto con una prostituta que recogió en una estación de buses en Washington lo "venció la urgencia de matar" y empezó a estrangular a la mujer. Él pensó que estaba muerta, pero ella se despertó y salió del vehículo, entonces Little la siguió y la asfixió mientras ella decía "soy muy joven para morir", de acuerdo con su testimonio.

Este jueves en Texas, a este hombre le dieron otra cadena perpetua. Las autoridades aseguran que él ofreció la verdad sobre el caso de Odessa a cambio de ser trasladado desde la prisión del condado de Los Ángeles donde está hasta otro centro penitenciario en Texas.

De confirmarse que realmente asesinó a las 90 mujeres que dice, Little sería el criminal en serie más sanguinario de la historia del país, por encima de Gary Rigway, el asesino de Green River (estado de Washington), que tiene un total de 49 condenas.

En fotos: La mirada de los asesinos más crueles del último siglo

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