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Asesinatos

La historia del enfermero que mató al menos 100 pacientes por "aburrimiento y ganas de notoriedad"

Este martes comenzó el juicio al hombre que durante cinco años inyectó intencionalmente, según la acusación, medicamentos para provocar paros cardíacos a los pacientes y luego intentar reanimarlos para mostrar ante sus colegas sus talentos como enfermero. Él ha admitido los delitos de los que se le acusa. En la actualidad cumple una cadena perpetua desde hace 10 años por otros seis asesinatos similares.
31 Oct 2018 – 12:14 PM EDT

Durante cinco años, entre 2000 y 2005, un enfermer mató al menos 100 personas por "aburrimiento" provocándoles de manera intencionada paros cardiacos. Su intención era reanimarlos luego para demostrar sus habilidades a sus compañeros de hospital.

El hombre, llamado Niel Högel y de 41 años, reconoció los hechos este martes cuando se inició el juicio por estos crímenes.

Con un simple "sí" respondió a la pregunta de si él se declaraba culpable de los cargos que le imputa la fiscalía en una corte de Oldenburg, en el centro de Alemania, donde ocurrieron los hechos.

"Lo declarado hasta ahora es lo que ocurrió", añadió Högel, cuando enumeraron los casos en los que presuntamente se vio involucrado. El acusado, que nunca ha expresado remordimiento alguno, cumple ya una condena a cadena perpetua, dictada en 2015, por varios casos de asesinato o intento de asesinato de pacientes.

El número de víctimas del enfermero podría ser aún mayor del que se le imputa en este proceso, ya que solo se ha podido detectar la presencia de sustancias sospechosas en los cuerpos exhumados, mientras persiste la incógnita sobre aquellos que fueron incinerados.

Estos datos lo convierten en el presunto mayor asesino en serie en Alemania desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Víctimas al azar

El nuevo proceso contra el enfermero empezó con un minuto de silencio para sus víctimas, cuyos nombres fueron leídos a continuación, a lo que siguió una primera declaración asumiendo su autoría y luego una explicación de sus móviles.

Högel presuntamente suministró sobredosis de analgésicos a sus pacientes, consciente de que podía llevarles a la muerte, para tratar a continuación de reanimarlos y lograr con ello "ganar notoriedad" ante sus colegas.

En la mayor parte de las ocasiones el resultado no fue una exitosa reanimación, sino la muerte de esas personas, al parecer elegidas arbitrariamente y de edades comprendidas entre los 34 y los 96 años.

Los crímenes que se le imputan corresponden a muertes ocurridas en las clínicas de Oldenburg y Delmenhorst, donde trabajó el acusado, entre 2000 y 2005.

Los primeros casos salieron a la luz en 2005, tras ser sorprendido por una compañera de trabajo cuando inyectaba a un paciente una sustancia que no le había sido prescrita.

A raíz de ahí se abrieron diligencias contra él, que derivaron en un primer juicio, en 2008, en que se le condenó a siete años de cárcel por intento de asesinato.

Nueva investigación

Un segundo proceso, abierto en 2014 a instancias de familiares de otras víctimas potenciales, derivó en una sentencia a cadena perpetua por asesinato e intento de asesinato en al menos siete casos.

Fue a lo largo de este segundo proceso donde el propio encausado se confesó autor del asesinato de un centenar de pacientes, por lo que se abrieron investigaciones sobre 64 muertes ocurridas en Delmenhosrt y otras 36 en Oldenburg.

Tras ser condenado a la máxima pena que contempla el código penal alemán, se decidió proseguir las investigaciones sobre esos otros casos sospechosos, hasta abrirse una nueva acusación formal por hasta 106 asesinatos, de los cuales se ha llegado a dar por probado un centenar.

Fue preciso proceder a la exhumación de los cadáveres, algunos de los cuales habían sido enterrados en Turquía, en busca de restos de los medicamentos administrados, sustancias tales como Ajmalin, Sotalol y Lidocaina.

Ya en el anterior juicio, Högel había confesado que suministró conscientemente sobredosis de esos fármacos a pacientes para causarles alteraciones serias de la circulación y el ritmo cardíaco.

El acusado describió asimismo con detalle la tensión que vivía ante lo que podía suceder cuando inyectaba el medicamento, lo bien que se sentía cuando conseguía reanimar a los pacientes y lo deprimido que le dejaban las muertes.

Cuando un paciente fallecía se prometía a sí mismo no provocar más casos mortales, pero sus buenos propósitos "se desvanecían con el tiempo", explicó, tras admitir que su finalidad era demostrar su valía ante sus colegas.

La apertura del nuevo juicio contra Högel estuvo rodeada de un gran despliegue mediático, lo que unido a la gran cantidad de familiares que acuden como acusación particular, expertos, forenses y público general ha obligado a la Audiencia a disponer una sala adicional para seguir el proceso.

En Alemania, los procesos son a puerta cerrada, sin transmisión televisada y la presencia de las cámaras solo está autorizada en los momentos precedentes a la apertura de la vista y cuando hace su entrada en la sala el acusado.

La Fiscalía tiene previsto citar 23 testigos y 11 forenses, psiquiatras y otros expertos.

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