“¿Qué prefieres, cárcel o muerte?”: pescadores de Ecuador denuncian abusos y detenciones ilegales por fuerzas estadounidenses

N+ Univision ha viajado a los puntos clave donde han ocurrido los bombardeos a barcos de pesca artesanal en aguas ecuatorianas, bajo el argumento de que son embarcaciones ligadas al narcotráfico.

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Ana M. Islas

Entre la última semana de agosto y la primera de septiembre, al menos seis embarcaciones pesqueras en Ecuador fueron interceptadas y hundidas en el Pacífico por fuerzas estadounidenses operando bajo el Comando Sur. El argumento es que estas sirven como estaciones de gasolina a organizaciones criminales locales de tráfico de drogas que Estados Unidos ha denominado como terroristas, como “Los Choneros” y “Los Lobos”.

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Pero esa versión se contradice con lo que más de cien pescadores afectados han denunciado ante las autoridades; incluso varios de ellos se han amparado y la justicia local ha declarado sus detenciones como ilegales y el hundimiento de sus barcos como una afectación directa a su fuente de empleo. Los barcos hundidos entre la última semana de agosto y la primera de septiembre son: Los Tres Hermanos, Conquista 2, OM2, María Candelaria y Montecristi, un atunero de casi 50 metros de eslora.

Todo esto se da en el marco de la campaña que el gobierno del presidente Trump encabeza desde el año pasado en el Caribe y Pacífico con la finalidad de detener el tráfico de drogas a Estados Unidos, pero los testimonios de los pescadores que han vivido y sobrevivido a estas intercepciones y hundimientos cuentan una historia bastante diferente.

“¿Cárcel o muerte?”

Junior Posligua tiene 28 años y es el capitán del barco “Tres Hermanos”, interceptado y hundido por fuerzas estadounidenses el 28 de agosto. Narró en entrevista con N+ Univision cómo fue interrogado por quien se identificó como el militar a cargo de la misión estadounidense. Aunque Junior afirma, vestía de civil: “Solo dijo que estaba a cargo de la operación y venía vestido de civil. Él no andaba vestido de marino; él andaba vestido con un pantalón jean, cargaba botas de militar y cargaba un suéter celeste y una bufanda. Cargaba un arma”.

A bordo del “Tres Hermanos” iban 14 tripulantes de entre 22 y 65 años de edad; estaban a entre 12 y 14 millas de tierra, unas dos horas antes de llegar al puerto de Manta, Ecuador, cuando fueron interceptados por la patrulla marítima estadounidense. Antes de ser abordados, lograron tomar videos y enviarlos a sus familiares en tierra, los 14 pescadores fueron esposados y obligados a bajar de la embarcación. El capitán afirma que ninguno de los militares estadounidenses explicó verbalmente o presentó una orden judicial ni documento que justificara el motivo por el cual estaban interceptando el barco que había estado en faena 13 días y venía cargado de pescado: “Los muchachos, todos veníamos alegres porque traíamos buena pesca”.

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Posligua agrega que los militares no quisieron abrir la bodega del barco pesquero para realizar la inspección que él mismo les pidió hacer; en su lugar, los esposaron y bajaron uno a una lancha para después trasladarlos a un imponente buque de transporte anfibio de la Armada de los Estados Unidos. Era el USS San Antonio (LPD-17), buque que atracó en Manta el 24 de agosto y zarpó el 27 de agosto, solo un día antes de la intercepción del barco pesquero “Tres Hermanos”.

Posligua recuerda que permanecieron aproximadamente cinco horas en la proa del buque estadounidense y que en un momento a él lo separaron del grupo para interrogarlo. La tarea, afirma, corrió a cuenta de un estadounidense vestido de civil a quien recuerda calvo y con un español atropellado que se daba a entender lo suficiente para lanzar una amenaza: “¿Qué prefieres, cárcel o muerte?”, ante la cual el Capitán, esposado y de rodillas, respondió: “Ninguna de las dos”. Agrega que le hizo varias preguntas respecto a si pertenecía a una organización criminal, algo que él negó en reiteradas ocasiones, seguida de la pregunta de qué pasaría con el barco. “Olvídate del barco”, le respondieron.

“Chuta, Capitán, quemaron el barco”

Tras permanecer bajo resguardo de los estadounidenses esposados, encapuchados y con una especie de orejeras que les impedían escuchar qué sucedía a su alrededor, los 14 pescadores fueron conducidos de regreso a sus propias lanchas que estaban atadas a la embarcación nodriza “Tres Hermanos”. Se les ordenó soltar las cuerdas y navegar rumbo a tierra; el barco pesquero tendría otro destino, según narró el capitán: “Olvídate del barco”, dijo, “al barco ya no vengan y ni lo sigan, porque si no le va a ir peor”.

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Uno a uno, los pescadores descendieron a sus lanchas mientras la embarcación nodriza, un barco pesquero de unos 24 metros de eslora, fue tomado por los estadounidenses y separado a unas millas de ellos. El capitán narró a N+ Univision que, mientras un grupo regresó a puerto a pedir ayuda, dos pescadores se quedaron en el mar con la intención de intentar recuperar el barco, pues pensaron que los estadounidenses lo abandonarían. Sin embargo, el barco fue destruido por las fuerzas militares. “Fuimos a San Mateo a pedir ayuda, ya estábamos en Santa Marianita y habíamos hecho la llamada, y ya ellos ya venían llegando y me dicen: "Chuta, capitán, quemaron el barco”.

El video de las acciones militares en el mar fue difundido horas después en las redes sociales del US Southern Command junto con un mensaje que afirmaba que la embarcación estaba vinculada a la organización del tráfico de drogas “Los Choneros”, organización catalogada por Estados Unidos como terrorista. Las acciones fueron respaldadas por el Ministerio de Defensa ecuatoriano, que también compartió el video en sus propias redes.

Luego del “Tres Hermanos”, en la misma dinámica seguiría el “Conquista 2”, el “OM2”, el “María Candelaria” y el “Montecristi”, sumando un total de al menos 143 pescadores que perdieron su fuente de empleo y fueron señalados de servir como estaciones de gasolina a organizaciones del narcotráfico.

Las fotografías y videos de las intercepciones y hundimientos de los barcos publicados por el Comando Sur de Estados Unidos se viralizaron rápidamente y las acciones fueron respaldadas ampliamente por el ministro del Interior ecuatoriano, John Reimberg. Pero también se viralizaron las protestas de los pescadores y sus familiares ante la Capitanía del Puerto de Manta, en donde se dieron cita exigiendo una respuesta por parte de las autoridades locales y denunciando una criminalización sin pruebas. Abogados de Derechos Humanos se hicieron presentes para iniciar la defensa legal de los pescadores que fueron presentados ante autoridades de justicia locales sin pruebas de actividad ilícita, pero argumentando contar con información reservada para judicializarlos. Así, las acciones estadounidenses en Ecuador han ingresado a un laberinto legal del cual no se vislumbra una pronta salida.

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Entre las personas que se dieron cita en esas protestas en el Puerto de Manta, había rostros de pescadores y mujeres que, desde principios de año, mucho antes de las intercepciones de seis embarcaciones a finales de agosto, llevan exigiendo una explicación de hechos similares que ocurrieron con tres embarcaciones, pero que no fueron públicos. N + Univision las investigó.

San Mateo

En el pueblo de San Mateo amanece temprano. Los pescadores tienen que ganarle a los rayos del sol y a la fuerza del viento que arrecia conforme la marea despierta al mar con su eterno vaivén.

El ambiente en el puerto se llena del bullicio de cientos de pescadores que corren apresurados entre muelles y lanchas. Algunos regresan victoriosos con la pesca de semanas de faena sobre sus hombros: enormes albacores y botes llenos de toneladas de atún, espada, marlín o tiburón. La entregan orgullosos a los compradores que la llevarán a los mercados y restaurantes para preparar esos platillos que hacen de la cocina manaba una de las más ricas de Latinoamérica y le dan al Puerto de Manta en Ecuador el nombre de la Capital Mundial del Atún.

En el ir y venir de los pescadores, es fácil distinguir a quienes están preparando sus barcos para enfrentar a la inmensidad del mar, se les observa llenando el corazón de sus barcos y lanchas de redes, hieleras y tanques de gas o galones de gasolina que les permitirán ir y volver. De la máquina del barco y el tiempo que permanecerán en el mar, depende el número de galones o “pomas” de gasolina y diésel que debe llevar cada barco y sus fibras o lanchas, pero este número puede alcanzar entre ocho mil y diez mil galones.

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Los pescadores también preparan sus mentes para el indómito mar, un territorio tan familiar y a la vez tan desconocido. Sus botes de madera y fibra de vidrio serán su hogar lejos de tierra por al menos tres semanas o un mes. Están acostumbrados a decir adiós a su familia porque saben que será momentáneo: “si vamos cerca, serán un par de semanas, sin vamos hacia Galápagos, será un mes allá afuera” nos cuenta el capitán Hernán Flores, que se ha dedicado a la pesca artesanal los últimos 30 años de los 50 que tiene de vida.

Así, los barcos pesqueros y sus fibras, que serán una extensión de la nave nodriza para robarle al mar un poco de sus frutos, zarpan cargados de pescadores con su experiencia y habilidad tatuada en la piel por el sol; zarpan de San Mateo, listos para enfrentar los peligros de ese mar que baña las costas ecuatorianas, peligros que no son solo propios de la naturaleza como el viento y la lluvia o de la maldad humana como la piratería que por años los ha acechado: hoy el mar es un terreno hostil y militarizado por fuerzas extranjeras donde todos son culpables aunque se demuestre lo contrario.

“Algo trágico para nosotros porque nunca nos imaginamos que nos iban a bombardear el barco.” Celso Nicanor Magallán Figueroa, pescador y tripulante de embarcación “Negra Francisca Duarte 2”.

La vida de 36 pescadores artesanales de San Mateo cambió drásticamente en marzo cuando sus embarcaciones fueron atacadas sin previo aviso con drones por parte de fuerzas estadounidenses, secuestrados por horas y entregados a miles de millas de distancia de Ecuador a autoridades de otro país en calidad de náufragos.

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Tras vivir lo impensable y sobrevivir para contarlo, algunos han retomado su actividad pesquera; otros han quedado con lesiones físicas que comprometen su movilidad o no han superado el trauma para lograr salir a la mar.

“Gracias a Dios y a la Virgen estamos vivos todos los compañeros y uno está con trauma de que uno escucha algo fuerte a uno le da como miedo por lo que pasó allá afuera”
César Adrián Mero Parrales, pescador y tripulante de embarcación “Negra Francisca Duarte 2”.


Un grupo más ha emprendido una batalla legal por la reparación por los daños y justicia, pero sobre todo por la verdad y el reconocimiento de que ellos son pecadores, no delincuentes.

“Hoy en día que están las noticias, se dice que vienen con droga, que vienen con todo por el estilo, pero nosotros no, nosotros estábamos pescando legalmente.”
Celso Nicanor Magallán Figueroa, pescador y tripulante de embarcación “Negra Francisca Duarte 2”.

“Sin pruebas y sin juicios”

Desde septiembre de 2025, una campaña militar de bombardeos del Ejército de Estados Unidos en el Caribe y Pacífico Oriental ha derivado en más de 200 personas muertas acusadas de traficar drogas, sin pruebas y sin juicios previos.

La administración Trump se ha jactado en redes sociales de estos ataques publicando videos donde se observan embarcaciones siendo voladas en pedazos y en los cuales, sin ofrecer más detalles sobre lo ocurrido, se fijan saldos y hechos con la simplicidad de un mensaje de redes sociales.

Testimonios de sobrevivientes revelan que esta serie de mortales ataques ha alcanzado también a pequeñas flotas de pescadores ecuatorianos, hechos que escapan del registro y difusión pública. En ellas se observa un patrón en que, pese a no haber pruebas de un traslado de mercancía ilegal, las embarcaciones fueron atacadas por fuerzas armadas estadounidenses con drones, hundidas y sus tripulantes tomados como rehenes durante horas sin tomarles una declaración y entregados a fuerzas militares extranjeras en calidad de náufragos.

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Es el caso del ataque a las embarcaciones que zarparon del puerto artesanal de San Mateo en Manta, Ecuador, “Negra Francisca Duarte 2” con 16 pescadores a bordo y “Don Maca” con 20, hechos registrados el 17 y 20 de marzo, respectivamente. En ambos casos, los sobrevivientes fueron detenidos, esposados, encapuchados y entregados a patrullas marítimas salvadoreñas en calidad de náufragos y sus barcos quedaron hundidos en el fondo de un mar que guarda el secreto de lo vivido.

Un caso más, que se sospecha ocurrió bajo una dinámica similar, es el de la embarcación “Fiorella”, de apenas 15 metros de largo, que partió del puerto artesanal de Jaramijó también en Manta y perdió comunicación con tierra el 20 de enero y cuyos ocho tripulantes al día de hoy permanecen en calidad de desaparecidos ante un denso silencio de autoridades ecuatorianas.

A mediados de agosto, el diario The Washington Post reveló que un programa encubierto de la CIA estaría detrás de estos ataques contra barcos pesqueros ecuatorianos cerca de las islas Galápagos. Según el reporte, los ataques formarían parte de un programa de “acción encubierta” del gobierno estadounidense, como se le conoce a las operaciones secretas en el extranjero, pero no está claro si estos ataques habrían sido ejecutados directamente por agentes de la CIA o contratistas privados. La CIA no ha respondido públicamente sobre estos hechos.

“Dios mío, sálvanos”

Es lunes 2 de marzo de 2026 y el buque pesquero “Negra Francisca Duarte 2” zarpa del Puerto de Manta a una jornada de faena que le llevará al menos dos semanas. A bordo, viajan 16 pescadores que en la piel cargan la experiencia de una vida domando al sol, al mar y al viento. Pero esta expedición de marzo sería diferente.

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Luego de dos semanas de faena, emprendieron el regreso a casa. El 17 de marzo a las 5:00 de la madrugada, cerca de las Islas Galápagos, la embarcación fue inspeccionada por la Guardacosta ecuatoriana LG-30 San Cristóbal, algo que sucede de manera rutinaria. La inspección duró cerca de tres horas. La “Negra Francisca”, cargada de toneladas de pescado, continuó su camino de vuelta.

Los muchachos dicen: “Capitán, vienen dos drones, se nos venían acercando a nosotros, ya cerquita del barco. Uno por la proa y otro por la popa. Yo les dije: "No, déjalo, será que están grabando y nosotros igual seguimos con nuestro rumbo. Cuando ahí sentimos el impacto de una bomba, un dron colisionó, o sea, explotó”.
Capitán Hernán Flores, pescador y capitán de embarcación “Negra Francisca Duarte 2”.


Los pescadores, aturdidos por el zumbido sordo que acompaña una explosión y asustados de no entender qué estaba sucediendo, hicieron lo que pudieron para ponerse a salvo de las llamas: unos se lanzaron al agua, otros soltaron con premura las cuerdas que sostenían las fibras que acompañaban a la embarcación principal para lanzarlas al mar y ponerse a salvo.

“Un amigo me dijo a mí: "¡Tirémonos al agua!" Yo nada más miraba el barco que estaba encendido en llamas, cogí un saco de carbón, lo puse a un lado y me tiré al agua. Eso es lo que más recuerdo. Y ahí yo ya iba nadando a la de Dios”
César Adrián Mero Parrales, pescador y tripulante de embarcación “Negra Francisca Duarte 2”.
“Yo digo: Dios mío, sálvanos, ayúdanos a salir de esto, que no sea nuestra última, nuestro último día de vida aquí en el mar.”
Celso Nicanor Magallán Figueroa, pescador y tripulante de embarcación “Negra Francisca Duarte 2”.

“Fueron los americanos”

Fue alrededor de las 12:30 de ese 17 de marzo cuando la “Negra Francisca”, a unas 170 millas de la costa de las Islas Galápagos de Ecuador, divisó una embarcación con la banda color azul, característica de un atunero. Poco más de una hora más tarde, la tripulación observó los dos drones sobrevolando y vino el ataque: uno de ellos detonó en la cabina de mando hiriendo a uno de los tripulantes, Jordy Flores, de 21 años de edad, sobrino del capitán; las llamas de la explosión quemaron la espalda de otro tripulante, Leonel Pilay, también de 21 años de edad.

Con su embarcación en llamas y sin más alternativa, los pescadores acudieron a ese barco a pedir ayuda, pero se encontraron con lo impensable: A bordo había ciudadanos estadounidenses armados y con uniformes e insignias militares.

“Nos dijeron: "Levanten las manos", nos apuntaron, yo que venía botando sangre, asustado. Todos veníamos asustados. Me hicieron subir primero, me esposaron y me encapucharon. Y así sucesivamente a los muchachos también”.
Capitán Hernán Flores, pescador y capitán de embarcación “Negra Francisca Duarte 2”

Uno a uno, los 16 pescadores de “La Negra” subieron al barco, donde fueron retenidos durante toda la tarde en una proa que lastimaba la piel de sus pies con el calor que absorbía del sol.

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Esa noche, otros pescadores de San Mateo salieron a la mar en búsqueda de los 16 de “La Negra”, que había dejado de emitir señal en su chip localizador. Al llegar a las últimas coordenadas donde marcó su ubicación, de nuevo sucedió lo impensable: el esqueleto de un barco en llamas, sin rastro de vida, lanchas auxiliares flotando sin rumbo. Mientras los sobrevivientes de “La Negra” eran conducidos en calidad de náufragos al norte hacia El Salvador, a miles de millas náuticas de Ecuador otros pescadores estaban por vivir un destino similar.

Nos dijeron: “Bienvenidos al subir”

Tan solo unos días después de lo sucedido con “La Negra Francisca Duarte 2”, el 26 de marzo, la embarcación pesquera “Don Maca” fue atacada por un dron a unas 750 millas náuticas al norte de Manta, Ecuador. Sin previo aviso ni pruebas de actividad ilícita. 20 pescadores a bordo sobrevivieron, uno de ellos con lesiones que le acompañarán de por vida al perder la capacidad auditiva y la visión en uno de sus ojos. “Don Maca” fue hundido por los estadounidenses al caer la noche y sus pescadores, entregados cerca de las 2 de la mañana del día siguiente a una patrulla salvadoreña.

<br>“Los gringos tenían dos días siguiéndonos, ya los habíamos visto”, Johnny, pescador embarcación “Don Maca”
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“Los gringos tenían dos días siguiéndonos, ya los habíamos visto”, Johnny, pescador embarcación “Don Maca”

Los sobrevivientes afirmaron a N+ Univision haber identificado tanto en la patrulla como en los uniformes de los militares insignias de Estados Unidos. Además de que hablaban en inglés y viajaban con traductores.

Tanto los 16 pescadores de “La Negra” como los 20 de “Don Maca” fueron rescatados por la marina salvadoreña, autoridad a la cual los estadounidenses les informaron que eran náufragos según el relato de los pescadores. Fueron enviados al Centro de Atención Integral para Personas Extranjeras Migrantes en Soyapango, municipio de la zona metropolitana de El Salvador. Después, uno a uno y por sus propios medios, regresaron a Ecuador con pasaportes y documentos de identidad que la cancillería ecuatoriana les emitió. Volvieron sin cargos penales, sin evidencia de actividad ilícita, sin explicación de las autoridades y sin fuente de empleo, pues sus barcos fueron quemados en el mar.

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Fiorella y la eterna espera

“La niña llora demasiado; ella quiere a su papá. Que se lo devuelvan” María Mero, esposa de Gabriel Aladino Mero Delgado, pescador desaparecido del “Fiorella”.

“La comunicación del barco se perdió por completo todo” María Cueva, madre del pescador Jefferson Ariel Mero Cueva, pescador desaparecido del “Fiorella”.

En la casa de Jefferson Mero, su recámara sigue igual que el día que se fue a pescar. Sus tenis fueron colgados en la puerta como marca la creencia que acompaña el deseo de que un desaparecido regrese, pero los familiares dicen que nadie se hace responsable de su desaparición, ocurrida a bordo del barco “Fiorella”, el pasado 20 de enero en aguas ecuatorianas. El caso apunta a la participación de Estados Unidos y un silencio ensordecedor del gobierno ecuatoriano.

La tripulación del “Fiorella”, compuesta de diez pescadores, zarpó del puerto de Jaramijó el 13 de enero, pero solo volvieron dos: Sus testimonios ante la capitanía de puerto de Manta, perteneciente a la Armada ecuatoriana, son las piezas de un rompecabezas que lleva ocho meses esperando ser descifrado. Un último mensaje del capitán del “Fiorella” a tierra describió lo mismo.

El “Fiorella” era un barco tipo long line o palangrero, diseñado para la pesca comercial, que navegaba con cuatro lanchas o fibras. Los sobrevivientes se habían separado entre dos y cinco millas náuticas de la embarcación principal para realizar sus faenas antes de volver al barco, pero “Fiorella” nunca volvió; su tripulación dejó de contestar a las 13 horas del 20 de enero.

“Ellos estuvieron a la espera y observaron que al horizonte de ellos se encontraba una humareda, pero que jamás pensaron que era la embarcación. Resolvieron regresar a puerto con la poca gasolina que les quedaba y encontraron una embarcación que les dio ayuda”
Juan Alberto Alvia, abogado del dueño del barco desaparecido “Fiorella”

Los dos sobrevivientes, únicos testigos, volvieron a Manta el 24 de enero. Cuatro días después, un barco pagado por el dueño del “Fiorella” navegó aguas ecuatorianas hasta la última ubicación del barco pesquero con la esperanza de encontrar a los demás, pero solo hallaron el espinel, una herramienta de pesca artesanal. Las autoridades ecuatorianas activaron el sistema SAR para búsqueda y rescate, pero ni las familias, ni el abogado a cargo del caso tienen certeza de que esa búsqueda haya sido continua, además de que, a pesar de lo extenso de su costa y la importancia de la actividad pesquera para la economía, en Ecuador no hay protocolos para la búsqueda de desaparecidos en el mar.

“Solo nos han tomado las versiones, pero ahí en sí respuesta nunca nos han dado. Cuando íbamos a la Capitanía nunca nos querían atender” Maoli, esposa de Joel Steven Valencia Mero, pescador desaparecido del “Fiorella”.
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“Solo nos han tomado las versiones, pero ahí en sí respuesta nunca nos han dado. Cuando íbamos a la Capitanía nunca nos querían atender” Maoli, esposa de Joel Steven Valencia Mero, pescador desaparecido del “Fiorella”.

“David contra Goliat”

Lo sucedido con “Don Maca” y la “Negra Francisca Duarte 2” en marzo de este año no aparece en el registro público de la Operación Lanza del Sur que Estados Unidos comenzó en noviembre de 2025 e incluye ataques y detenciones a embarcaciones sospechosas en el Caribe y en el Pacífico Oriental y podría dar pistas sobre lo que pasó con el barco “Fiorella”.

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Tres acuerdos vigentes entre Ecuador y Estados Unidos permiten la colaboración de fuerzas militares en operativos marítimos en el mar ecuatoriano, pero estos operativos deben contar con la autorización de la República del Ecuador y estar dirigidos solamente contra buques sospechosos de actividades transnacionales ilícitas. Pero el acuerdo no contempla el uso de drones como arma de ataque, el traslado de detenidos a un tercer país ni la destrucción de embarcaciones.

A la creciente colaboración militar entre Estados Unidos y Ecuador se suma el decreto firmado el 18 de junio por el presidente Daniel Noboa, que autoriza el despliegue de tropas militares extranjeras en el país y les otorga inmunidad jurídica.

“Tal vez pensarán que como son pescadores civiles no valen nada y que pueden ser desechados. Yo categóricamente debo decir que no hay enemigo pequeño”
Jorge Chiriboga Dávalos, abogado pescadores de la “Negra Francisca Duarte 2”


Organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional, Human Rights Watch y el Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos han investigado estos hechos.

“Lo lamentable es que el Estado ecuatoriano permita que embarcaciones extranjeras operen en las Islas Galápagos y tengan esta calidad criminal de atacar embarcaciones pesqueras, porque no lo podemos decir de ninguna otra manera, es un acto criminal” Jorge Chiriboga Dávalos, abogado pescadores de la “Negra Francisca Duarte 2”
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“Lo lamentable es que el Estado ecuatoriano permita que embarcaciones extranjeras operen en las Islas Galápagos y tengan esta calidad criminal de atacar embarcaciones pesqueras, porque no lo podemos decir de ninguna otra manera, es un acto criminal” Jorge Chiriboga Dávalos, abogado pescadores de la “Negra Francisca Duarte 2”

Estados Unidos ha negado reiteradamente su participación en los tres incidentes contra las embarcaciones ecuatorianas y hasta el momento el Pentágono no ha provisto a N+ Univision la información solicitada sobre este caso. En tanto nadie se hace responsable de estos hechos, estos relatos elevan cuestionamientos sobre la posible participación de Estados Unidos en detenciones arbitrarias y uso extrajudicial de la fuerza, impactando a comunidades pesqueras de la región.