A casi un mes de los potentes terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 que golpearon el norte de Venezuela, los sobrevivientes aún buscan a sus familiares, vecinos y amigos bajo los escombros en el estado La Guaira, usando sus propias manos, pequeñas herramientas o cuerdas, mientras algunos pasan la noches durmiendo en carpas luego de haberlo perdido casi todo por los devastadores sismos.
Buscar a familiares entre los escombros con sus manos y dormir en carpas: a casi un mes de los terremotos, el día a día de los venezolanos
Han pasado 26 días desde el doblete sísmico que devastó el estado La Guaira en Venezuela, pero aún hay miles de desaparecidos y familiares y amigos buscando a sus allegados bajo los escombros con sus propias manos. Entre solidaridad, angustia e incertidumbre, tratan de asimilar esta dolorosa tragedia.
José Liendo, de 50 años, es divorciado, y tiene dos hijos adultos, de 18 y 28 años. Cuenta a N+ Univision el shock emocional de lo que ha tenido que vivir con los terremotos, en los murieron su padre, Francisco Liendo, y su hermana Verónica Liendo, de 52 y 80 años, respectivamente. Además, también fallecieron su primo, Harry López, su tía Ana Elena, y su tío Asdrúbal.
"Siento mucha impotencia por esto que está pasando. La tristeza siempre estará y el tiempo me hará curar, pero también existen muchos pensamientos. Porque no son solo familiares, son amigos, vecinos, conocidos, entonces es algo que para procesar es fuerte", explica Liendo.
Sus cinco familiares forman parte de las más de 5,200 personas que hasta el momento el gobierno venezolano ha informado como fallecidas por los sismos del 24 de junio. Al menos 185 edificaciones se desplomaron en La Guaira y cerca de 900 quedaron afectadas, y según la ONU se teme que sean decenas de miles los desaparecidos.
"Emocionalmente no me siento bien, obvio. En el día hay momentos en que estás distraído, no estás alegre pero estás más tranquilo. En ciertos momentos es una vida casi normal, te sonríes, bromeas. Pero entras al pensamiento de lo sucedido. Pero decir que, en medio de todo este desastre, me siento bien...Esto es como para suicidarse, volverse loco, pero eso no pasa por mi mente".
Su padre y su hermana vivían en el edificio Tahití, en Caraballeda, una de las zonas más golpeadas en La Guaira por los terremotos.
En la edificación había 27 personas el día que se derrumbó, y solo una de ellas pudo ser rescatada con vida.
"Sacamos escombros sin conocer el peligro"
El esfuerzo de José ha sido diario, de la mano con sus primos, amigos o vecinos, intentando rescatar los cuerpos bajo la mole de concreto de 12 pisos que se vino abajo. Han tenido poca o ninguna ayuda de las autoridades, mientras las donaciones de personas o la voluntad de grupos rescatistas como los llamados "Topos Mexicanos" les han permitido salir adelante en medio de la tragedia.
"Los primeros cuatro días no llegó ayuda de ningún tipo, abandonados totalmente: los familiares subíamos a los escombros y gritábamos tratando de ubicar los apartamentos" donde vivían sus allegados. "Sacábamos algunos escombros sin tener conocimiento del peligro, y conseguimos cosas y pertenencias".

Posterior a ello, llegaron algunas maquinarias, gestionadas por uno de los familiares de las víctimas. "También había una maquinaria alquilada, luego se fue y volvió otra. Yo decidí sacarlos por mis propios medios, a mano. La ayuda del gobierno como tal, la verdad no hubo. Si hubiera un representante del gobierno preguntando por las necesidades... Pero lo que llegan son los voluntarios donando cosas", cuenta Liendo.
Han trabajado con los recursos que han podido recolectar. "Hubo una persona que nos brindó ayuda y nos habilitaron cascos y guantes; gente privada e independiente también alimentación y agua, pero el gobierno para nada".
El edificio Tahití estaba ubicado frente a una avenida que borde la playa en Caraballeda, una de las urbanizaciones más golpeadas por la catástrofe. Tenía dos piscinas y una vista de postal hacia el mar Caribe. Hoy, está convertido en escombros.
"Como a los 10 días del terremoto aparecieron los topos del grupo Adrenalina México, unos voluntarios que visten de amarillo". Liendo cuenta con mucho agradecimiento la dedicación de este equipo. "Aparte de que tienen una experiencia psicológica muy buena, te hacen sentir bien, te dan esperanza, te consiguen al familiar".
"El edificio cayó como un embudo"
El edificio Tahití tenía 12 pisos, y en el apartamento 9E del piso 9 vivían Francisco y Verónica Liendo, de 85 y 52 años, respectivamente.
"Prácticamente vivía con ellos. Iba a diario, me quedaba, tomaba café o desayunaba. Mi rutina era aquí en la zona del terremoto", cuenta José Liendo con un tono de voz que mezcla tristeza y angustia por lo ocurrido, añoranza por lo perdido e incluso incredulidad por la magnitud del desastre.

"La forma en que cayó el edificio fue como un embudo, una caída muy difícil".
Su mamá se encuentra bien, aunque su edificio, residencias Oro Plaza, quedó destruido. "No está habitable y ahora me quedo en el área de la piscina en una carpa, mientras vamos resolviendo". Posteriormente informó que el edificio sería demolido.
El día 11 o 12 después de los terremotos fue cuando pudieron sacar a su papá con ayuda de los topos mexicanos. Al día siguiente, a otro amigo, "y al día 17 pude sacar a mi hermana".
"Ayer, hoy y mañana hemos estado y estaremos aquí ayudando. Ayer (por el pasaso miércoles) sacamos a una señora junto con su hija", afirmó, entre él y un primo.
En el caso de su papá y hermana eran hasta 14 personas trabajando para hallarlos. "No colaboraron ni bomberos ni militares. Solo topos, primos, amigos y más nadie".
Comenta que las autoridades prestaron "una lámpara" por el caso del niño Fabio Bastardo, un menor de 9 años que fue hallado junto con su madre, en una búsqueda que sí movilizó a muchos grupos de rescate y personal gubernamental, ante la creencia de que podían estar con vida, explicó Liendo.
Rescates nocturnos y preocupación
Al dia siguiente de la entrevista para este relato Liendo participó en el rescate de un médico de apellido Guerra que fue hallado entre los escombros. La operación terminó casi a la medianoche. Afirma que todas las noches son así, con largas jornadas nocturnas tratando de hallar más víctimas.

José ha tenido un empleo como vendedor de productos alimenticios de alta gama desde finales de 2025. Tras los terremotos y "con 18 días sin descansar y sin dormir" llamó a su empresa para reintegrarse a partir del lunes 20 de julio.
"Pero ayer me descompensé, y emocionalmente también tengo que estabilizarme". Espera que en su trabajo le permitan retornar una semana más tarde.
"Me preocupa la incomodidad, lo que viene, el estilo de vida, volver a estabilizarse. Estoy quedándome acá porque no tengo a dónde ir, realmente. Mientras estoy acá me voy estabilizando, viendo si hay un alquiler, pensando en censarme" en el registro de personas sin vivienda por los terremotos.
Su situación es la de miles. Según datos oficiales, hay casi 21,000 personas que perdieron sus viviendas por los terremotos viviendo en campamentos improvisados donde se comparten electrodomésticos y se cocina en ollas comunes en Caracas y en La Guaira. En muchos casos carecen de suficiente agua y baños portátiles.
Ante esta precaria situación José medita abandonar su tierra y ser uno más de los 8 millones de venezolanos que emigraron a otros destinos por la dura crisis económica y social de la última década.
"También estoy pensando en irme del país. Estoy esperando el pasaporte europeo. Quería irme a EEUU a trabajar pero para eso necesito el pasaporte europeo".
Por el momento, trata de ir un día a la vez. "Esto es fuerte, todavía no lo hemos asimilado. Hace dos días pude sacar a mi hermana. Veremos si hacemos su velatorio, las cenizas, y luego tratar de descansar unos días".
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