Día Internacional de la Mujer: registro femenino

Cuando las mujeres son buenas en la música, les dicen: “toca como un hombre”. Conversamos con tres mujeres instrumentistas que rompen con este estereotipo.

Mientras el arte se reduce a entretenimiento y nuestros oídos se conforman con reggaetón, las mujeres se han convertido en un elemento más de consumo. Consumimos hamburguesas, chicles y carros. Consumimos mujeres. Los estándares de calidad son claros: que acentúen el escote en Instagram; que se mantengan jóvenes y esbeltas -aunque esto implique quitarse costillas-; y en el caso de la música, que se limiten a cantar, porque es más bonito. Para que una mujer toque el bajo, dirija una orquesta o produzca un disco debe ser, al menos, tres veces mejor que un hombre.

Para celebrar el Día Internacional de la Mujer, conversamos con tres mujeres instrumentistas, que rompen con estos estereotipos. Glenda Del E (Cuba), Daniela Padrón (Venezuela) y Patricia Ligia (Uruguay) se hacen camino en esta masculina industria que observa con asombro la sensibilidad que sólo ellas pueden aportar.

Glenda del E, pianista cubana radicada en Miami

¿Qué estás haciendo ahora?

Como pianista y vocalista formo parte de la banda de Alejandro Sanz, con quien tengo la dicha de trabajar desde el año 2015 en su Gira Internacional SIROPE y el Mega Concierto MÁS ES MÁS.

A su vez, dirijo mi proyecto Q-BAN MIXOLOGY, en el que pongo sobre la mesa distintas influencias que van desde el funk, clásico, afrocubano, entre otros.

Otra de mis pasiones es enseñar música. Me siento bendecida y muy honrada de ser embajadora cultural de la organización Transdiaspora Network. Desarrollamos workshops para adolescentes, y utilizamos la música como medio de expresión con el fin de informar y prevenir sobre el VIH, además de promover la salud. Por último, estoy creando un colectivo de mujeres músicos en Miami, con el fin de promover el talento femenino.

¿Cuál es el principal desafío que enfrenta una mujer para desarrollarse en la música?

A veces te subestiman antes de verte tocar el instrumento. Asumen que quizás no eres buena, o no estas suficientemente preparada. Hay que superar ese tabú.

Hay una frase muy característica: “esa chica toca como un chico”. Recuerdo que la primera vez que la escuche, me hizo pensar y preguntarme muchas cosas. Empecé a tocar con la banda de mis padres desde la edad de nueve años, y nunca me sentí “diferente” por el hecho de ser mujer.

Es cierto que predominan los hombres instrumentistas, y que las mujeres siempre han sido vistas como cantantes, coristas o “behind the scene”. Pero afortunadamente, nunca han dejado de existir músicos mujeres, tanto en lo clásico como en lo popular, sólo que somos minoría. A diario uno lo ve, cuando vas a un ensayo, y el 95% de las veces eres la única mujer instrumentista. Esto es algo que agradezco al jefe (Alejandro Sanz) por haber incluido a mujeres instrumentistas en casi un 50% de su banda

La música, al igual que otras industrias, es bastante machista. ¿Qué mensaje te gustaría darle a otras mujeres que quieren dedicarse a la música pero todavía tienen dudas?

Debemos educar al público, pero sobretodo, a los representantes de la industria. Los instrumentos no son solo para hombres. Aún hay mucho prejuicio, aunque estamos en el siglo XXI. En mi propia familia, que es muy musical, dos de sus miembros dejaron de tocar porque eran tiempos en los que era mal visto que una mujer estuviera trabajando en lugares públicos hasta altas horas de la noche. Sin embargo, los hombres sí se dedicaron a la música.

Me da mucha alegría cuando estoy tocando y una niña en el público me dice que le gustaría hacer lo que yo hago cuando sea grande. Mi mensaje es que se sientan seguras de sí mismas. Que luchen por su sueño. Que no escuchen comentarios negativos que las alejen de su meta. Y sobre todo, transmitirles que juntas podemos crear una conciencia global y unir fuerzas para que generaciones futuras encuentren mejor acceso y apoyo en la industria de la música.

Daniela Padrón, violinista venezolana radicada en Miami

¿Qué estás haciendo ahora?

A nivel de performance tengo año y medio promoviendo mi primer proyecto como solista titulado “Bach to Venezuela”. Utilizo el violín para mezclar la música de mi compositor favorito, Juan Sebastián Bach, con distintos ritmos folklóricos venezolanos. Paralelamente, estoy en proceso de grabación de un disco en formato de dúo (violín y piano) con mi madre, la reconocida pianista y pedagoga venezolana, Olga López. Además, estoy en los primeros pasos de un proyecto experimental junto a la gran pianista cubana, Glenda Del E. A nivel pedagógico, soy Directora de una de las orquestas infantiles del Miami Music Project, institución que utiliza la música como herramienta para la transformación social de niños y jóvenes. De igual manera he desarrollado una cátedra privada de violín con estudiantes locales e internacionales.

¿Cuál es el principal desafío que enfrenta una mujer para desarrollarse en la música?

Para cualquier músico el principal desafío es ser consecuente y disciplinado. Cómo mujer, adicionalmente resulta desafiante luchar con el estereotipo de la “bomba sexy”. En la industria del entretenimiento en general, desde hace muchos años, se ha acostumbrado al público a consumir todo lo que sea provocativo e insinuante. Mi reto es ser llamativa por cómo sueno, por las fusiones que desarrollo y por lo que hago sentir con mis melodías a quien me escucha... no por lo corto de mi falda o por lo pronunciado de mi escote.

La música, al igual que otras industrias es bastante machista. ¿Qué te gustaría recomendarle a las mujeres que recién empiezan?

A Dios gracias, vivimos en una era completamente distinta a la que, por ejemplo, vivió mi abuelita. Ella, Matilde Eugenia, tenía una de las voces más hermosas que he escuchado en mi vida. A sus 17 años de edad, cantando en la Iglesia, le pasó lo que muchos músicos soñamos con que nos ocurra: que alguien “descubra” nuestro talento. Ese domingo en particular, entró a la Misa un señor que resultó ser productor musical y que le ofreció llevársela a Europa para seguir desarrollando su técnica vocal y entrar en la industria como talento emergente. Lamentablemente, ese sueño, que estaba a un “sí” de distancia, no pudo ser logrado ya que sus hermanos le impidieron irse, porque “¿cómo era eso posible? una niña de 17 años cantando y llamando la atención de los hombres...” La sociedad ha evolucionado en ese sentido, y a pesar de que en la industria musical somos menos chicas que chicos -sobre todo en el rubro instrumentistas-, ¡cada vez somos más y más valoradas!

Mi consejo más sincero para ti mujer, jovencita o niña que quieres seguir la carrera musical, ¡es que te atrevas a hacerlo! Que seas disciplinada; que mientras otros guardan el instrumento porque ya practicaron su hora diaria, tú sigas practicando y practicando, que seas la primera en llegar y la última en irte de las clases y los ensayos... ¡esa fórmula nunca falla!

Patricia Ligia, bajista uruguaya radicada en Boston

¿En qué estás trabajando actualmente?

Ahora mismo me preparo un mate para empezar una sesión de práctica musical en mi cuarto-estudio en Boston, que es mi hábitat hace un par de meses. Estoy en un periodo de incubación artística y musical en pleno invierno nórdico, desconozco totalmente su duración. Me vine a estudiar. A escuchar. A mirar. A poner y sacar. A tocar.

Soy bajista en Croupier Funk, grupo uruguayo con fuerte presencia en la escena local y regional, una propuesta que involucra el funk, hip-hop y afrobeat. Toqué con artistas como Claudio Taddei y formo parte del colectivo Enlaces, dirigido por Juan Casanova (Los Traidores), Sebastián Teysera (La Vela Puerca) y Luciano Supervielle (Bajo Fondo). En 2015 editamos Guanaco junto a Pepe Canedo. Con este proyecto me involucré en la composición con mayor compromiso, y descubrí en ello un impulso creativo que me ha llevado a buscar mi propio lenguaje musical, principalmente como instrumentista, pero también como compositora. La música es un agente muy potente de cambio, capaz de afectar directamente la sensibilidad de otras personas.

¿Cuál es el principal desafío que enfrenta una mujer para desarrollarse en la música?

Entre los muchos desafíos que se nos presentan en la música, creo que el principal es animarse. Animarse a la frustración y a la satisfacción. Dos conceptos igual de desafiantes para un artista. Para las mujeres instrumentistas, el desafío principal es no ser percibida como “buena y talentosa” o “mala y defectuosa” por el simple hecho de ser mujer. El desafío es trascender esa etiqueta y ser percibida esencialmente como una artista. Hay algo en cómo nos paramos, en cómo nos movemos, en cómo creamos, en cómo ejecutamos, que es inevitablemente femenino y que en su núcleo contiene la misma potencia que lo que es inevitablemente masculino. Busco pararme desde ahí para desarrollar mi arte.

La música, al igual que otras industrias es bastante machista. ¿Qué te gustaría recomendarle a las mujeres que recién empiezan?

A quienes tengan dudas, les diría que se trata de dedicación y confianza.