El precio de la carne en los estantes
obliga a miles de
hogares a
modificar su
dieta diaria para
ajustar su presupuesto. Ante la inflación galopante, los clientes ahora c
ompran la mitad de lo habitual o eliminan por completo este producto de su carrito de compras. Esta caída en el consumo refleja una
crisis económica donde el
ciudadano común debe
elegir entre
alimentos básicos, mientras las grandes compañías mantienen un control estricto sobre los precios del mercado.