“Me vienen a buscar”: madre hispana implora frenar deportación por su hija con discapacidad

Madre argentina asegura que agentes migratorios ignoraron pruebas médicas de su hija. La familia teme perder tratamientos médicos vitales si regresa a su país.

Video Orden de deportación pone en riesgo a niña con discapacidad en familia argentina

ORLANDO, Florida.- La voz se le quiebra entre el enojo y el cansancio. Sentada en la sala de su casa, una madre argentina revive una y otra vez la escena que asegura la dejó marcada para siempre: una agente migratoria negándose a escucharla mientras ella intentaba explicar por qué no puede regresar a su país.

“No miró nada, no le importó nada”, dice con rabia contenida. “Ojalá esa mujer se acuerde el día que le pase algo con sus hijos, sus nietos, sus bisnietos… porque el día que emigren a otro lugar y les pase lo mismo, merecido lo tienen”.

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Las palabras salen rápidas, atropelladas, como si llevaran semanas acumulándose detrás del miedo.

Hace 25 años llegó a Estados Unidos desde Argentina con una visa waiver. Desde entonces, asegura, vivió bajo una orden de supervisión migratoria que renovaba cada año y que le permitía permanecer y trabajar legalmente en el país. Su vida quedó anclada en Florida, donde formó una familia y donde nació su hija, una ciudadana estadounidense con síndrome de Down y autismo.

“Es una nena codependiente de un adulto”, explica. “No puede estar sola, no se sabe limpiar, no se sabe lavar, no sabe hacer nada”.

Durante años, el equilibrio familiar dependió de una rutina silenciosa: ella dedicada al cuidado total de su hija y su esposo, hoy de 72 años, trabajando para sostener el hogar. Nunca imaginaron que esa estabilidad terminaría abruptamente en una oficina migratoria de Orlando.

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En febrero acudió a la cita anual con agentes de ICE convencida de que saldría con la renovación de siempre. Pero esta vez fue distinto. La autorización no llegó.

Semanas después, el 10 de marzo, regresó a otra cita y allí le colocaron un grillete electrónico.

“Me está lastimando, ya no aguanto más”, cuenta mientras el dispositivo apretaba su tobillo.

Poco después recibió la orden: debía abandonar Estados Unidos y presentarse el 7 de abril con un boleto de avión rumbo a Argentina. No fue.

“Cuando arribé me quedé en mi casa encerrada”, relata. “Dije: me vienen a buscar, salgo corriendo por atrás”.

El temor no era solamente por ella. Era, sobre todo, por su hija.

La niña necesita tratamientos médicos constantes y una posible segunda operación cardíaca. Su madre insiste en que en Argentina no podría acceder a los mismos recursos ni cuidados especializados.

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“No los va a poder tener”, dice. “No se va a poder lograr”.

El 22 de abril volvió a presentarse ante ICE. Llevó expedientes médicos, evaluaciones, documentos y pruebas de las terapias que recibe su hija. Esperaba que, al menos esta vez, alguien revisara el caso completo.

Pero asegura que nadie quiso mirar los papeles. “Se negó y se negó y se negó”, recuerda.

Ese mismo día también tenía una cita en una oficina de USCIS para la toma de huellas biométricas, un paso necesario dentro del proceso de ajuste de estatus migratorio que solicitó a través de su hija estadounidense.

Nunca llegó. “Me tuvieron hasta las cuatro y media de la tarde ahí adentro”, cuenta. La cita era a las 3:30 p.m.

Perder ese trámite podría retrasar aún más su proceso migratorio, mientras el reloj avanza hacia la fecha límite que, según dice, le dieron las autoridades: el 13 de mayo para abandonar el país.

Entre papeles acumulados, recetas médicas y carpetas legales, la familia vive ahora suspendida en la incertidumbre.

El asesor jurídico de TelevisaUnivision, Armando Olmedo, explicó que todavía podrían existir alternativas legales, aunque aclaró que no representa formalmente a la familia. Según indicó, el caso tendría que ser presentado ante un tribunal de inmigración, donde un abogado deberá argumentar que la mujer califica para permanecer en Estados Unidos mientras se procesa su ajuste migratorio.

Mientras tanto, en la casa nadie duerme tranquilo.

Cada llamada inesperada, cada carro que se estaciona afuera, cada golpe en la puerta activa la misma pregunta silenciosa: si será el día en que finalmente vengan a buscarla.

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