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Explosiones

Una hispana ciega creyó que moriría cuando la explosión en Manhattan sacudió su casa

"Me quedé muda. Pensé que iba a morir" describió el martes la guatemalteca María Aquino, residente en el edificio junto al cual un artefacto explosivo estalló dentro de un bote de basura, en el barrio Chelsea.
20 Sep 2016 – 2:20 PM EDT

MANHATTAN, Nueva York. – La guatemalteca María Aquino estaba en su residencia el sábado, en el edificio que alberga a los miembros de la Asociación de Ciegos en la calle 23 del barrio Chelsea, en Manhattan, cuando a las 20:30 escuchó un fuerte estallido y sintió que “la tierra se sacudía”. Ignoraba que un artefacto explosivo había estallado en un bote de basura, hiriendo a 29 personas, a unos pasos de su hogar.

"Me quedé muda. Pensé que iba a morir", relató la hispana de 54 años el martes, cuando volvió a abrazar su cotidianeidad. Visitó el restaurante Malibú y allí contó que las autoridades fueron ofreciendo información a ella y a sus casi 600 vecinos, todos ciegos y algunos usuarios de sillón de ruedas.

Hace 10 años que Aquino reside en el octavo piso del 135 oeste en la calle 23 y aseguró que nunca había atravesado una situación similar. Durante poco casi dos días, los residentes en los 480 apartamentos de su edificio quedaron prácticamente confinados, mientras técnicos de la Oficina de Investigaciones Federales (FBI) y de la Agencia de Seguridad Nacional, entre otros, recopilaban evidencias del estallido por el cual fue detenido Ahmad Kahan Rahami.

El domingo, horas después de la explosión, el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo y el alcalde de la ciudad, Bill de Blasio, dialogaron con José Collado, uno de los dueños del icónico Malibú, para que les hicieran llegar alimentos a los miembros de la Asociación de Ciegos, que son asiduos clientes del lugar, donde cuentan con un menú en el sistema ‘braille’. El negocio lleva en operaciones desde el 1978 y se le conoce en Chelsea porque abre los siete días, las 24 horas.

Collado descansa este martes, pero su socio, el albano Alex Grimpas, dijo que a pesar de que la zona estuvo cerrada al público general, ofrecieron servicios con un grupo reducido. “Yo no estaba aquí cuando ocurrió la explosión, pero mis trabajadores del turno de la tarde vieron todo. Fue muy traumático para ellos, pero afortunadamente nadie resultó herido", expresó el empresario.

Su instalación no sufrió daños estructurales y el martes parecía que nunca hubo una pausa. "La gente de la ciudad y del vecindario está apoyándonos. Hemos tenido muchas muestras de cariño. Y hoy ya nuestros clientes habituales han vuelto al negocio", celebró.

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