Donald Trump ha defendido en numerosas ocasiones que había que reformar urgentemente el Ala Este de la Casa Blanca y había argumentado razones de seguridad nacional.
¿Qué secretos esconden las obras de la Casa Blanca? Bajo el salón de baile se ubica un búnker militar de máxima seguridad
Aunque un tribunal federal de apelaciones había paralizado las obras, la Corte Suprema acaba de dar luz verde a que sigan. Bajo el controvertido salón de baile se ubicaría un búnker militar de máxima seguridad que el gobierno usó como argumento principal para defender el proyecto.
Se sabe poco acerca de qué alberga exactamente esa parte del complejo presidencial, y aún menos de la piedra angular de la estrategia de defensa de sus altos funcionarios: el búnker militar "ultrasecreto" que se estaría pretendiendo modernizar y que estaría ubicado bajo el salón de baile, objeto de numerosas polémicas.
En primer lugar, se criticó el elevado coste, que podría estar más hinflado que la cifra oficial que se presupuestó. Según documentos revisados por The Washington Post, la administración Trump planea gastar al menos 900 millones de dólares el proyecto, una cifra significativamente mayor de la que se había informado anteriormente, y que sería cubierta principalmente por los contribuyentes.

Un tribunal federal de apelaciones había ordenado al Gobierno que detuviera las obras del salón de baile, pero la Corte Suprema acaba de permitir, por el momento, que continuen con la construcción.
Un proyecto controvertido que Trump defendió como necesario, presupuestado en un primer momento en 400 millones de dólares, y del que se desconoce cómo se va a financiar.
El llamado salón de baile, cuya obra quedó paralizada, está en el ala este de la Casa Blanca, que ya fue demolida.
Precisamente, ante las preguntas sobre el estado del proyecto y su coste real, la portavoz de la Casa Blanca reiteró que las renovaciones del ala este están indisolublemente ligadas a la seguridad del presidente y a los activos de la infraestructura de seguridad y que no podía aportar más detalles.
¿Qué hay en el ala este de la Casa Blanca relacionado con la seguridad del presidente?
El salón de baile abrió una serie de cuestionamientos en la opinión pública y entre los congresistas, empezando por el coste de su reforma y las dudas sobre cómo se financiaría.
N+Univision consultó con el investigador del Centro de Investigaciones de América del Norte de la Universidad Autónoma de México (UNAM) Raúl Benítez, quien asegura que el plan real es construir un centro de seguridad presidencial.
"Lo que ha quedado de manifiesto es que el presidente lo que quiere es usar las obras del salón de baile para enmascarar el búnker militar de última generación que quiere construir debajo. Es un espacio que ya existía, se conocía como el Centro Presidencial de Operaciones de Emergencia (PEOC, por sus siglas en inglés) y siempre ha existido mucho secretismo en torno a él", explica Benítez.
"Sabemos que lo mandaron construir en la época de Rosevelt y que tuvo que usarse en los ataques terroristas del 11-S. Trascendió que el vicepresidente entonces lo encontró en muy mal estado, muy viejo y quizá por eso Trump decide ahora modernizarlo", apunta el investigador.

Los secretos del Centro Presidencial de Operaciones de Emergencia
Bajo el ala este de la Casa Blanca ha existido durante décadas uno de los lugares más secretos de Washington: el Centro Presidencial de Operaciones de Emergencia (PEOC), un refugio construido durante la Segunda Guerra Mundial para proteger al presidente en caso de ataque.
Su historia comienza en 1941, después del ataque japonés contra Pearl Harbor. El temor a que Washington pudiera convertirse en el siguiente objetivo llevó a reforzar la seguridad de la Casa Blanca y a construir un refugio subterráneo bajo el ala este, donde tradicionalmente ha estado el despacho de la Primera Dama.

Una de sus anécdotas desde sus primeros días es que al presidente que lo vio nacer no le gustaba. Franklin D. Roosevelt bajó al refugio una sola vez y, según la White House Historical Association, pidió que lo sacaran rápidamente de allí.
Décadas después, aquel refugio antibombardeos se convirtió en un sofisticado centro de emergencia y comunicaciones. Su momento más famoso llegó el 11 de septiembre de 2001, cuando el vicepresidente Dick Cheney y otros altos funcionarios fueron trasladados al PEOC mientras varios aviones secuestrados se dirigían hacia objetivos en Washington.
El presidente George W. Bush estaba en Florida en el momento de los ataques. En un primer momento se comunicó que, por seguridad, no ingresaría en la Casa Blanca y tiempo después se supo que llegó la misma noche de los ataques al PEOC.
La entonces Primera Dama, Laura Bush, escribió en sus memorias cómo la llevaron a ese centro ese día."Me hicieron entrar a toda prisa y bajar las escaleras a través de un par de grandes puertas de acero que se cerraron tras de mí con un fuerte silbido, formando un sello hermético", relató.
"Me encontraba en uno de los pasillos subterráneos sin terminar bajo la Casa Blanca, dirigiéndome al PEOC", continuó. "Caminamos sobre viejos suelos de baldosas con tuberías colgando del techo y todo tipo de maquinaria. El PEOC está diseñado para funcionar como centro de mando en caso de emergencias, con televisores, teléfonos e instalaciones de comunicaciones".
Años después, Trump también fue llevado brevemente al búnker durante las protestas frente a la Casa Blanca en mayo de 2020, tras las concentracioes por la muerte de George Floyd por un policía de Minneapolis. Posteriormente, confirmó a Fox News que "bajó durante el día y estuvo allí un breve instante", pero afirmó que "fue más bien para una inspección".
La Asociación Histórica de la Casa Blanca escribió en una publicación en redes sociales de 2024 que "este espacio secreto contaba con gruesas paredes de hormigón y techos revestidos de acero, con un pequeño dormitorio y baño presidencial en su interior. En las habitaciones contiguas se guardaban máscaras de ventilación, alimentos y equipos de comunicaciones".
“El espacio es mucho más moderno hoy en día”, añadió la organización, señalando que “puede convertirse en un centro de mando para el presidente cuando sea necesario”.

En esa misma publicación adjuntaron una fotografía del gabinete de crisis del 11-S en el que se puede ver al entonces presidente George W. Bush y su equipo refugiados en el PEOC.
¿Qué ha confirmado la Administración Trump sobre esta macroestructura de seguridad?
La Administración Trump ha ido ofreciendo pequeñas dosis de información que han ido de la mano de los vaivenes judiciales.
El presidente ordenó demoler el año pasado el edificio del Ala Este de la Casa Blanca, en teoría, para construir el salón de baile y se topó en primer lugar con la oposición del Fondo Nacional para la Conservación Histórica, una organización sin fines de lucro que tiene la misión de proteger los edificios históricos. La organización demandó al gobierno para tratar de bloquear la nueva construcción.
En ese entonces, el gobierno de Trump reveló que las obras incluían un complejo militar en el que el procurador general, John Sauer, centró buena parte de sus argumentos ante el Supremo.
Confirmó algunos de los pocos detalles que se conocen, que el búnker se extendería por el equivalente a cinco pisos bajo tierra con columnas y vigas resistentes a misiles; y que tendría el cemento “más resistente que existe, el tipo que se usa en las plantas de energía nuclear: impermeable y virtualmente imposible de quitar”.
Entonces defendió la construcción del salón de baile como un proyecto “absolutamente crítico, no solo para la seguridad física de los invitados, sino también para que Estados Unidos pueda avanzar sus relaciones diplomáticas y sus intereses”.
En una charla con periodistas a borde del Air Force One el pasado 29 de marzo, Trump reconoció que bajo el salón de baile estaba proyectado el citado búnker. “El salón de baile se convierte esencialmente en un almacén para lo que se está construyendo debajo por parte de los militares, incluyendo drones y cualquier otra cosa”, afirmó el presidente, que añadió que también el salón de baile tendría "cristales antibalas de alta calidad".

“Tenemos sistemas de biodefensa por todas partes”, confirmó Trump en otra comparecencia. “Tenemos telecomunicaciones y comunicaciones seguras en todo el territorio. Estamos construyendo un refugio antibombas. Tenemos un hospital y grandes instalaciones médicas en construcción. Contamos con todo esto, así que tengo autorización para seguir construyendo según sea necesario”.
En un documento presentado en primavera, los abogados de la Administración Trump describieron algunos de los planes para el proyecto de construcción, que incluyen "columnas y vigas de acero protectoras resistentes a misiles, materiales de techado a prueba de drones y vidrio a prueba de balas, balísticas y explosiones", que, según dijeron, "ya están en gran parte fabricadas, en uso o en camino al proyecto".

Y avanzaron que el búnker subterráneo contaría con tecnología de defensa de última generación y servicios de seguridad a prueba de amenaza biológica como “refugios antibombas, hospital, zona médica, y estructuras y equipos militares de alto secreto".







