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Arte y Cultura

Marimba guatemalteca enamora al área triestatal

La Marimba María Bonita busca perpetuar la herencia cultural de Guatemala en NYC.
14 Mar 2016 – 11:20 AM EDT

De niño aprendió a tocar la marimba en el departamento Baja Verapaz, Guatemala. Walter Camajá-Ávila, de 43 años, soñaba con arrancar aplausos y gritos de júbilo con el sonido de los huitziles (baquetas) al golpear las tabillas de madera preciosa, como hacían sus padres y parientes en las fiestas del pueblo.

“El recuerdo más vivo de mi infancia es el de las celebraciones al son de marimba. Eso erizaba la piel y alegraba el alma. No hay cosa más bonita”, dijo emocionado. “Pienso que yo nací con el sonido de la madera, eso es algo que se lleva en el corazón y te sale por las manos cuando tomas los huitziles”.
Camajá, jornalero de Bergenline, New Jersey, emigró a los 14 años de Baja Verapaz a la capital guatemalteca en busca de empleo. Pronto se olvidó de la marimba y dedicó su tiempo a ‘sobrevivir’ en una ciudad desconocida y ruda.



“Dejé la música para trabajar bien duro. En nuestros países es difícil cumplir sueños. Muchas veces no hay más remedio que olvidarse de ellos”, comentó.

A finales de la década de 1990, el músico emigró a Nueva York sin imaginar que se encontraría una pequeña patria en el área triestatal.

“Me sorprendí de ver tantos guatemaltecos nostálgicos por nuestra tierra. Con los años fuimos creciendo como comunidad y entonces me decidí a tocar marimba de nuevo”.

Hace más de un año, Camajá quiso desempolvar sus sueños de la infancia y fundó la Marimba María Bonita, pero importar de Guatemala el instrumento fabricado con madera de hormigo y granadillo implicó meses de ahorro para costear los gastos, además de un largo proceso para los permisos gubernamentales.

La marimba, que básicamente se compone de una serie de tablillas de madera enganchadas en sus nodos de vibración en una estructura de resonancia, pesa más de 90 libras y fue transportada en avión desde el país centroamericano a Miami y después a Nueva York.


“Tenía unas ansias locas por tocar mi marimba. El día que llegó a la ciudad, un montón de gente quiso venir a verla, eso era una fiesta”, comentó Camajá. “Enseguida me di cuenta de que mis compatriotas vieron en la marimba una forma de reencontrarse con su historia y su cultura”.

De día, los integrantes de la Marimba María Bonita pasan desapercibidos como trabajadores inmigrantes, pero de noche se visten con camisas azules y chalecos negros y tocan sin descanso las 150 melodías de su repertorio.

“Cuando escucho el sonido de la madera, siento un no sé qué en el estómago. Es como estar en mi aldea en la fiesta patronal”, dijo Leobardo Ambrocio, un seguidor del grupo, quien asistió a una presentación en Stamford, Connecticut. “Con su música, esta marimba nos da un boleto de regreso a Guatemala”.
Joselino Choco, de 40 años, fue el compañero de Camajá en su sueño de fundar una marimba en el área triestatal.

“Cuando Walter me habló de hacer un grupo con nuestra música no me lo pensé. De inmediato le dije que sí y lo apoyé en todo”, dijo el trabajador de un almacén de alfombras y residente de Bergenline. “No sólo es nuestro sueño, también es el de muchos guatemaltecos”.

Aunque la marimba acompaña las melodías con canciones populares de Latinoamérica, Choco también escribe letras originales acerca de los inmigrantes en Estados Unidos.
La marimba es un símbolo patrio de Guatemala, según el decreto 31-99 del artículo 171 aprobado en 1999 por el Congreso.


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