Long Island, NUEVA YORK.- Hay que caminar varios minutos entre pinos altos y senderos cubiertos de nieve para llegar. Las huellas sobre el suelo helado marcan el camino. No hay letreros ni casas a la vista, solo bosque. En algún punto, entre los árboles, aparecen las primeras señales: una bicicleta apoyada contra un tronco, una pala para nieve y una carpa de lona medio escondida.
Cuidan jardines de mansiones millonarias, pero viven en carpas entre los pinos de los Hamptons
Entre los bosques de los Hamptons, donde las mansiones pueden costar hasta $150 millones de dólares, trabajadores inmigrantes viven en campamentos improvisados. Muchos cuidan jardines y piscinas de esas mismas propiedades, pero el alto costo de vivienda en Long Island les impide alquilar una habitación.
Hasta allí llegó un equipo de N+ Univision 41 en busca de una comunidad de inmigrantes que vive en campamentos improvisados en los bosques del este de Long Island, en el estado de Nueva York, en plena transición entre el invierno y la primavera, cuando las temperaturas todavía bajan por debajo de cero durante la noche.
La presencia de campamentos en zonas boscosas de Long Island no siempre aparece en estadísticas oficiales. En el condado de Suffolk, donde se encuentran los Hamptons, organizaciones sociales estiman que entre 3,000 y 4,000 personas viven sin vivienda estable en toda Long Island. Parte de esa población se refugia en campamentos ocultos en el East End.
Vida oculta entre los pinos
“Hola, buenas”, dice la reportera Berenice Gartner al acercarse a la primera carpa. No hay respuesta. Dentro solo hay algunas herramientas, una linterna apagada y rastros de que alguien estuvo allí hace poco. El campamento parece momentáneamente vacío.
El equipo continúa caminando. A lo lejos aparece un hombre que se acerca por el sendero. “¿Cómo estás?”, saluda.
El hombre duda por un momento. Luego sonríe, se acerca y la abraza. “No tengo dinero… me quedé sin trabajo”, dice. Así comienza su relato sobre cómo terminó viviendo en el bosque de los Hamptons, una de las zonas más exclusivas de Nueva York y Estados Unidos.
“Me quedé sin trabajo y por eso ya me decidí de vivir aquí, porque no tenía cómo pagar mi arriendo”, explica. “Andábamos ahí escondiendo con eso de la migra”. El hombre cuenta que no está solo. En el bosque viven varios más.
“Pues por allí vive otro amigo… por aquí duerme otro”, dice señalando entre los árboles.
En invierno, sobrevivir allí implica improvisar soluciones para todo: calor, comida, descanso.
Mientras hablan, las temperaturas durante estos días de marzo siguen siendo peligrosas para quienes duermen a ras del suelo. En Long Island, las noches han llegado a -5 °C (23 °F), mientras que durante el día apenas alcanzan los 4 °C (39 °F). La nieve acumulada y el viento que llega desde el Atlántico aumentan el riesgo de hipotermia, especialmente cuando la humedad del deshielo atraviesa las carpas y los colchones.
El residente invita al equipo a conocer el campamento donde duerme. Camina entre los pinos hasta llegar a otra carpa. “Es aquí”, dice.
Dentro hay un colchón delgado sobre el suelo. “Una camita sencilla. Así duermo”, dice otro de los residentes. Se ilumina con una linterna. “Mis baterías se terminaron ya”, explica.
Le preguntamos al primero si pasó todo el invierno allí. “Sí. Aquí me la he pasado. Días cuando estaba muy frío me voy a la iglesia a dormir”.
En el centro del campamento hay una fogata encendida. Sobre las brasas alguien cocina en una olla. “¿Ustedes están cocinando aquí?”, preguntamos. “Sí”, responde Gilberto.
Ese día el residente estaba preparando el almuerzo. Durante la temporada de trabajo se dedica a la jardinería en las propiedades del East End. “Nosotros trabajamos, pero la renta está muy cara y no hay cómo pagarla”.
La afirmación refleja una realidad conocida en la zona. Los Hamptons, que incluyen localidades como Southampton y East Hampton, concentran algunas de las propiedades más caras de Estados Unidos.
El precio medio de venta de una casa en la región ronda entre 2.5 y 3 millones de dólares, mientras que las mansiones frente al mar en calles como Meadow Lane o Further Lane pueden alcanzar entre 40 y 150 millones de dólares. Durante el verano, una casa sencilla puede alquilarse por 30,000 dólares al mes, y algunas propiedades superan los 500,000 dólares por la temporada.
Para trabajadores como jardineros, cocineros o personal de mantenimiento, incluso alquilar una habitación compartida puede resultar imposible.
En el bosque, la comida se comparte. Uno de los hombres ofrece al reportero un plato con pollo y tortillas. “Pruebe”, dice. Berenice prueba un bocado mientras el humo de la fogata se mezcla con el aire frío.
Luego aparece otro joven que se ofrece a mostrar otra zona del bosque. “A esta zona le dicen La Bomba”, explica mientras caminan.
Entre los árboles hay más campamentos: colchones abandonados, carpas improvisadas y algunas señales de vida. “Entre estos árboles viven varios”, explica el joven.
Historias que no siempre se cuentan
Su historia también está marcada por la pérdida. En ese mismo bosque vivían sus hermanos. “Hace más de diez años viven aquí”, dice.
Pero el invierno pasado uno de ellos murió. “Acá en este lugar fue donde lo encontraron”. Según cuenta , el hombre no regresó una noche al campamento. “Él tomaba… tomaba y se quedó tirado”.
Cuando fueron a buscarlo, ya era tarde. Había muerto congelado. No es el único caso que recuerdan en el bosque. “El año pasado encontraron a otro en una carpa”, dice el residente.
A la vez, observa el bosque y piensa en su otro hermano, que aún vive allí. “Lamentablemente sí… uno quisiera hacer algo por ellos”, dice. “Pero ellos no dejaron”. El joven teme que pueda ocurrir lo mismo.
Más adelante encuentran otra carpa habitada. Dentro, algunos hombres preparan comida. El reportero les pregunta si sus familias saben que viven allí. Uno de ellos responde con calma. “Yo tengo hermanos… el que falleció es mi hermano”.
El periodista guarda silencio. “Lo siento mucho”, le dice. El hombre asiente. Luego levanta la mirada. “Que Dios les ayude para salir de eso… porque ese no es el camino de la vida”.
Antes de despedirse, el equipo le entrega una batería recargable para su celular. “Gracias”, responde.
Al otro lado del bosque, uno de los residentes murmura una oración. “Querido hermano, te nos fuiste”. Entre los árboles, el humo de las fogatas se eleva lentamente mientras la nieve comienza a derretirse. En verano, esos mismos trabajadores cuidarán jardines y piscinas en propiedades que valen decenas de millones de dólares. Por ahora, duermen en sus carpas.
Dónde buscar ayuda en los Hamptons y el East End
Para quienes viven o trabajan en condiciones similares, varias organizaciones de Long Island ofrecen apoyo directo en español, desde refugio durante el invierno hasta alimentos y orientación laboral.
Refugio y lugares para pasar la noche
- Maureen’s Haven (Riverhead) coordina con iglesias del East End para ofrecer camas, comida caliente y transporte durante las noches más frías del invierno.
- En comunidades como Southampton, Bridgehampton y East Hampton, varias iglesias también abren sus sótanos como warming centers cuando las temperaturas bajan del punto de congelación.
Alimentos y apoyo básico
- Hamptons Community Outreach realiza entregas de comida y suministros para trabajadores y familias vulnerables de la zona.
- La despensa de la iglesia San Rosalie en Hampton Bays es uno de los puntos más conocidos por la comunidad latina para recibir bolsas de alimentos sin procesos complicados.
Asesoría, trabajo y servicios comunitarios
- OLA of Eastern Long Island es una de las principales organizaciones de apoyo a la comunidad hispana en la región. Ofrece orientación legal, ayuda frente a abusos laborales y conexión con servicios de salud.
- The Retreat trabaja principalmente en casos de violencia doméstica, pero también puede orientar a personas que buscan servicios sociales o ayuda urgente.
- El Centro Corazón de María en Hampton Bays ofrece clases de inglés, orientación laboral y apoyo para inmigrantes que buscan estabilizar su situación.















