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Tragedias

Happy Land: A 26 años de la masacre en El Bronx

Familiares de víctimas del Happy Land buscan impedir libertad condicional de Julio Gónzalez
25 Mar 2016 – 10:09 AM EDT

A los 14 años, Pablo Blanco perdió a su tío más querido en la tragedia del Happy Land. Mario Martínez, de 37 años y emigrante de Santa Rosa de Copán, Honduras, fue una de las 87 víctimas del incendio provocado por el cubano Julio González.

Hoy, a 26 años de la masacre que sigue enlutando a El Bronx, Blanco está convocando a la comunidad garífuna para que recuerden impedir que González consiga la libertad condicional.
“No puede quedar libre un hombre que destruyó nuestras vidas para siempre”, dijo Blanco, músico y activista hondureño. “Es una cuestión de justicia. Nuestros corazones no estarán tranquilos si González pone un pie en la calle”.

El año pasado, las autoridades negaron la petición de libertad condicional de González, pero puede volver a solicitarla en noviembre de este año.



“Mi tío Mario era como un hermano mayor. Él me enseñó a preocuparme por los problemas de mi comunidad. Su ausencia aún duele entre nosotros”, expresó Blanco.

A González se le imputaron 174 cargos de asesinato tras el infame incendio, ocurrido el 25 de marzo de 1990. El hombre incendió el club ilegal -situado en 1959 Southern Boulevard- luego de discutir con su exnovia Lydia Feliciano, quien logró escapar de las llamas junto con otras cinco personas.

Los clientes en el interior del club de dos pisos murieron asfixiados por el humo o aplastados cuando la multitud corrió hacia la única salida, según las autoridades.

Meses antes del incendio, la Ciudad ordenó el cierre del club por violaciones al código de seguridad.



A Olga Ortiz todavía se le eriza la piel al recordar la noche de la tragedia. Para entonces, la puertorriqueña tenía 46 años y el club Happy Land era el lugar de moda en el sector de West Farms.

La mujer, de 72 años y residente del vecindario desde la adolescencia, era una clienta habitual de la discoteca.

“Eso era una hervidero de gente los fines de semana. Nadie habría pensado jamás que el Happy Land terminaría siendo un lugar de muerte y desgracia”, se lamentó. “Yo vivía a un par de cuadras. Se me quedó como una cicatriz el recuerdo de ese olor a hollín y los cuerpos tendidos en la acera”.

Ortiz describió la fatídica escena esta semana, mientras se arreglaba el cabello en la peluquería Mary-Mary, situada en el edificio que ocupó la discoteca.

“Nada volvió a ser igual en este barrio. No importa cuánto cambien las cosas por aquí, el recuerdo de ese horrendo día no se irá nunca”, expresó Olga.


María Méndez, de 51 años y propietaria de la peluquería, contó que el incendio también marcó su juventud.

“Cada aniversario pienso en lo que hizo ese hombre desalmado”, dijo la estilista, quien aún vive a pocas calles del lugar. “Pude ver de cerca el dolor y la desesperación de las familias y las lágrimas derramadas por un acto ruin”.

Méndez, quien perdió amigos en el incendio, comentó que cada año acude a la ceremonia de aniversario.

“Hace unas semanas pasó por aquí una mujer con su hija para llorarle a las persona amada que murió en Happy Land. González no merece más que la cárcel”, sentenció.


Para el presidente del condado de El Bronx, Rubén Díaz Jr., la tragedia es “uno de los peores homicidios en masa en la historia de nuestra ciudad”.

“Dejó una profunda cicatriz no sólo en las vidas de los familiares de las víctimas, sino también de todos los que de una forma u otra fuimos testigos del horrendo crimen”, apuntó el funcionario.

“Ningún tiempo o sentencia podrá borrar los impresionantes recuerdos de horror gravados en las memorias de los sobrevivientes, las pérdidas de seres queridos, familiares, vecinos o amigos”, agregó.

De acuerdo con la investigación policíaca, aquél 25 de marzo, después de ser expulsado por un guardia de seguridad, González compró un dólar de gasolina en un establecimiento cercano -en el que ahora se encuentra un edificio nuevo- y volvió al club para prender fuego en la única puerta de escape. El incendiario observó como las llamas consumían el sitio y volvió a su casa, según las autoridades.

A 26 años de la tragedia, González sigue sin atribuirse la responsabilidad del crimen.

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