Inmigración

Dreamers al Congreso: "Cada momento desperdiciado con inacción afecta el futuro de alguien"

Estudiantes beneficiarios de DACA de la prestigiosa Columbia University explicaron sus razones para que el Congreso apruebe el Dream Act. Estas son sus historias: uno quiere ser abogado de inmigración, otra es defensora de los derechos de la comunidad LGBT y un tercero busca desarrollar tecnologías al graduarse de ingeniería mecánica. Ahora no saben si podrán cumplir sus sueños.
17 Oct 2017 – 5:16 PM EDT

MANHATTAN, Nueva York. - Cuando la colombiana Ximena Ospina se graduó en 2012 de la secundaria en Elizabeth, Nueva Jersey, recibió una dura sentencia de los directores de su escuela: "Los indocumentados no van a la universidad". Trabajó en almacenes y en jardinería para ahorrar y demostrar que sí podía hacerlo. Cuatro años después logró entrar a una de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos, Columbia University, en la ciudad de Nueva York.

Amparada por la acción ejecutiva conocida como DACA, Ospina estudia sociología y negocios con miras a convertirse en una abogada que defienda los derechos de los inmigrantes y de la comunidad LGBT. La joven, que emigró a los 5 años de Sudamérica, también ayudó a crear el primer grupo de estudiantes indocumentados de Columbia y colaboró con una organización de apoyo a las personas transgénero que huyeron de la violencia en Centroamérica y vinieron en busca de asilo a Estados Unidos.

A pesar de estudiar en una de las mejores universidades de Estados Unidos, sigue sintiéndose "aislada" y parte de quienes trabajan con ahínco pero son "perseguidos" por las políticas migratorias del gobierno. Por ello se unió este martes a un grupo de dreamers que urgieron al Congreso aprobar el Dream Act para no tener que volver a las sombras luego de que el presidente Donald Trump eliminó en septiembre el beneficio que le permitió salir de ellas.


"La realidad es que, contrario a lo que se piensa, la universidad no es el fin de nuestro camino. El trauma y la vergüenza de vivir indocumentado en Estados Unidos nos persigue cada vez que vemos la bandera", afirmó. "Por eso es que el Dream Act es tan importante, no queremos cargar por el resto de nuestras vidas con la culpa de haber sido la moneda de cambio del muro o de la militarización de nuestras comunidades (...) cada momento que desperdiciamos con nuestra inacción afecta el futuro de alguien y a familias que nunca podrán verse", agregó Ospina haciendo referencia a un proyecto de ley que cuenta con respaldo bipartidista y que ya había sido aprobado en diciembre de 2010 por la Cámara de Representantes, pero fue rechazado por el Senado.


Con el sueño de ser abogado de inmigración

Junto a Ospina, Miguel Tapia, de 20 años, también esbozó sus razones para pedir al Congreso que alcance una solución permanente para los cerca de 800,000 dreamers que viven en el país.

Tapia llegó desde Puebla, México, a los 2 años junto a sus padres. Cuenta que se afincaron en Delaware, donde creció como un niño normal que practicaba karate y se involucraba en otras actividades extracurriculares. Hasta que en 2010 entendió lo que era ser indocumentado cuando una maestra le pidió abogar por el Dream Act, una de las propuestas en Washington que ahora podría aliviar sus temores.



Luego, cuando DACA fue concebido durante el gobierno del expresidente Barack Obama supo lo que era integrarse a una sociedad de la que siempre se sintió parte. Obtener una licencia de conducir, aplicar a un empleo sin que le pagaron "por debajo de la mesa"...

Hasta que el pasado 5 de septiembre la incertidumbre volvió a su vida.

Por eso "hoy me paro aquí (...) como un estudiante de Columbia que aspira a ser un abogado de inmigración y que no sabe hacia dónde irá ese sueño. Por eso le pido al Congreso que apruebe en mi nombre y en nombre de los más de 800,000 jóvenes talentosos una ley que nos beneficiará y nos permitirá permanecer en nuestro país", aseguró.


¿Qué harías si supieras que un día todo cambiará?

Pablo Calderón, de 21 años, también alzó su voz para exigir una solución concreta a Washington DC. Detallar su rutina diaria fue la mejor defensa que halló este estudiante de ingeniería mecánica que soñaba con ser astronauta desde que se mudó de San Luis Potosí, México, a Houston, Texas.

Este jueves, por ejemplo, se levantó a las 4 de la madrugada con apenas dos horas de descanso. Había trabajado y estudiado toda la noche anterior, pero debía prepaparse para un examen de termodinámica que tenía a las 8:45 de la mañana. Llegó al mediodía a la conferencia gracias al permiso de un profesor que le excusó de una clase. "Y aún debo desayunar", reconoció.


"Estoy estudiando, trabajando y viviendo por un futuro incierto. Aquí en Columbia tengo techo, agua y comida, pero ¿qué pasa con el resto de los 11 millones de indocumentados en este país? Ni soy de este país ni pertenezco al mío", cuenta Calderón, quien salió de México a los 7 años.

Por eso, cuando le preguntan cómo se vive siendo beneficiario de DACA a pesar de que próximamente puede cambiar todo por lo que ha trabajado prefiere centrarse en seguir peleando por su futuro. "¿Te sentarías triste en tu cuarto esperando que llegue ese día o saldrás de la cama y trabajarías y pelearías contra todo? Ahora espero que sepas cuál es la respuesta", concluyó.

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Así son los 'Dreamers' que luchan por los derechos de los indocumentados (FOTOS)

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