La madrugada en que Cristy Villafranca, esposa de un sargento, estuvo a punto de ser deportada a Honduras

ICE detiene deportación de Cristy Villafranca a Honduras tras trasladarla al aeropuerto; su esposo relata la angustia y el miedo a una separación familiar.

Video ICE intenta deportar a esposa de sargento, pero la retiraron del avión antes del despegue, ¿qué pasó?

A las 3:40 de la madrugada, el teléfono de su esposo sonó.

No era una llamada cualquiera. Del otro lado estaba un funcionario de ICE que quería confirmar lo que Cristy Villafranca había alcanzado a comunicar desde el aeropuerto: estaba siendo trasladada y su deportación a Honduras, su país natal, parecía inminente.

PUBLICIDAD

Para su esposo, la noticia llegó de golpe.

Cristy Villafranca es su esposa, pero también, como él mismo la describe, "una pieza fundamental de su vida" mientras cumple con su carrera militar en Estados Unidos. La posibilidad de que esa madrugada pudiera ser separada de él y de su familia convirtió las siguientes horas en una espera angustiante.

El funcionario de ICE le pidió documentos para comprobar la situación de Cristy. Él los envió.

“Se sintió muy feo”, recuerda. “Pensé en todo lo que estamos sufriendo y lo más que íbamos a sufrir al no tener a mi esposa aquí”.

Mientras él intentaba entender qué estaba ocurriendo, Cristy ya había sido trasladada al aeropuerto.

No llegó a estar dentro del avión.

Desde allí, intentó hablar con agentes de ICE para explicar su situación y preguntar qué estaba pasando con su caso migratorio. Según el relato de su esposo, insistió varias veces, pero nadie atendió sus reclamos.

Hasta que comenzó a sufrir un ataque de pánico.

Cristy no podía respirar. Fue entonces cuando, según su esposo, finalmente recibió atención de los agentes.

A kilómetros de distancia, él esperaba noticias.

No podía hablar con ella.

Como ocurre habitualmente, la visitaba todos los días, pero aquella madrugada era diferente. Cristy ya no estaba en el lugar donde permanecía detenida. Había sido trasladada para lo que parecía ser el último paso antes de enviarla fuera de Estados Unidos.

Entonces llegó otra llamada.

Eran aproximadamente las 8 de la mañana.

El mismo funcionario de ICE que había hablado con él horas antes volvió a comunicarse. Esta vez, la noticia era distinta: Cristy no sería deportada.

PUBLICIDAD

El proceso había sido detenido y ella sería trasladada nuevamente al centro de detención.

Según lo que el funcionario le explicó al esposo, un supervisor había revisado la situación y determinado que había algo irregular en el proceso. La orden fue detener la deportación y regresar a Cristy al lugar donde permanecía detenida.

Pero la familia todavía no conoce con certeza qué fue exactamente lo que provocó que el proceso se frenara.

Y tampoco significa que la amenaza haya desaparecido.

Para su esposo, el alivio de saber que Cristy no había abordado el avión duró apenas un momento. La preocupación volvió rápidamente: si esa madrugada pudieron trasladarla al aeropuerto, ¿qué impedirá que vuelva a ocurrir?

Cuando Cristy pudo comunicarse nuevamente con su familia, estaba triste y llorando.

Tenía miedo.

Lo primero que le dijo a su esposo fue que temía que terminaran separados.

Ese miedo se ha convertido en una constante para la familia.

“Nos da miedo saber que nos pueden separar y que no les importa nada”, contó.

Para él, Cristy no es únicamente su esposa. También es la persona que lo acompaña mientras desarrolla su carrera militar y quien, en sus palabras, forma parte esencial del cuidado y estabilidad de su familia.

“Ella es mi seguro, mi plan de vida, mi familia”, explicó.

Por eso, la posibilidad de que fuera enviada a Honduras no significaba solamente que Cristy abandonara Estados Unidos. Significaba que una familia podía quedar separada y que él tendría que continuar con su carrera militar sin su esposa a su lado.

PUBLICIDAD

La madrugada terminó sin deportación.

Pero no terminó la incertidumbre.

Cristy regresó al centro de detención y continúa allí. La familia ahora intenta entender qué ocurrió exactamente durante esas horas y qué pasará con su proceso migratorio.

Para su esposo, la llamada de las 8 de la mañana significó un alivio que no se atreve a convertir todavía en tranquilidad.

Porque aquella madrugada aprendieron que una deportación que parecía estar a punto de concretarse puede detenerse en cuestión de horas, pero también que la amenaza de una separación familiar puede regresar en cualquier momento.

Y mientras Cristy permanece detenida, su familia sigue esperando que la próxima llamada no sea para anunciarle que debe prepararse para otro vuelo, sino para decirle que finalmente puede volver a casa.

Video Alerta por plan de ICE para usar guantes de choques eléctricos en operativos