Juana María Medrano está a punto de cumplir un año en el
centro de detención de Adelanto, California. Su caso pone de relieve la realidad de
algunas familias divididas por ICE: mientras ella permanece en la lucha por quedarse en el país por motivos de seguridad, el resto de sus familiares, que también fueron detenidos, optaron por su deportación por preocupaciones por la salud de un menor.