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Muertes

¿Y ahora quién va a descubrir los restaurantes de inmigrantes en Los Ángeles? Adiós al crítico Jonathan Gold

Sentía más devoción por el nuevo carro callejero de tacos que aparecía en un barrio que por los sofisticados menús de degustación de los restaurantes de manteles. Su prosa fue reconocida con el premio Pullitzer y sus columnas hicieron que "muchos dejaran de sentir miedo de sus vecinos al probar sus comidas".
23 Jul 2018 – 3:53 PM EDT

Si Nueva York perdió a Anthony Bourdain hace unos meses, Los Ángeles acaba de perder a Jonathan Gold. Los carros callejeros de tacos y los chefs de herencia latina en Los Ángeles están de luto luego de que el crítico gastronómico muriera a los 57 años como consecuencia de un cáncer.

Gold hizo de sus columnas una revelación de los hábitos culinarios de los inmigrantes en esta zona del país y con su pluma, celebrada con el único premio Pulitzer entregado a un periodista gastronómico, logró revelarles a sus lectores semanales que en esas formas de la cocina había señales identitarias muy importantes.

Las cocinas para él eran una especie de resistencia a olvidar las raíces.

"En Los Ángeles, quizás por su insularidad, los inmigrantes, al contrario que en otros sitios, tratan de conservar sus raíces culturales a través de la comida. La pureza gastronómica de nuestros restaurantes es inusual", le dijo Gold alguna vez a un periodista de El País.


Jonathan Gold no viajaba por el mundo como el famoso Bourdain, no al menos de una forma convencional. Su forma de conocer el mundo era local, a través de las cocinas de todas esas diferentes comunidades anidadas en la vibrante ciudad de Los Ángeles. Su versión del mundo, y en tanto de la comida, estaba formada por la versión de los inmigrantes, por esos latinos, etíopes, chinos y árabes que habían llegado a la ciudad a seguir conservando el sabor de sus tierras con sus recetas.

"Tanto como lo haría con una novela, una pintura, una ópera o una película, puedes ir a un restaurante, comer, mirar a las personas a tu alrededor y oler los olores, saborear los sabores y aprender algo sobre el mundo que tiene mucho que ver con lo que hay en tu plato", le dijo Gold a NPR.

Gold sentía más devoción por explorar los diferentes carros de tacos que emergían en la ciudad que por los sofisticados menús de degustación del nuevo restaurante de moda.


La comida callejera, los restaurantes pequeños, tradicionales o de "comida de la abuela" fueron el corazón de su prosa que degustó tanto a los más ávidos lectores como a los más inquietos comensales.

En redes sociales, sus seguidores manifiestan el dolor por su muerte ofreciendo un homenaje más que a un hombre experto en comida, a un hombre que supo crear una narrativa de Los Ángeles a través de sus restaurantes y puestos de comida. Sus textos eran leídos casi como guías de viajes para poder desentrañar la ciudad.


"Jonathan entendía que la comida tenía el poder de juntar las comunidades y de permitir entender al otro", dijo Ruth Reichl, una de sus editoras en publicaciones como Los Ángeles Times y Gourmet. Gold hizo que mucha gente estuviera menos temerosa de sus vecinos desconocidos solo motivándolos a probar sus delicias.

En tiempos como los que enfrenta Estados Unidos, su voz va a extrañarse no solo en los grandes diarios en donde escribía sino en esas pequeñas barriadas que, gracias a su ojo y su paladar inquieto, salieron del anonimato y de la periferia al albergar en su corazón un restaurante que Gold había descubierto.

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