Vendedora de tamales en Los Ángeles relata el momento en que agentes federales la derribaron y terminó en el hospital

Durante 25 años, Matilde Garduño ha vendido tamales para sacar adelante a sus hijos. La esquina donde trabaja desde hace 13 años se convirtió en su segunda casa, pero ahora también es el lugar donde dice haber vivido uno de los momentos más angustiosos de su vida.

Video Tamalera fue atacada por la migra en pleno negocio y terminó hospitalizada de emergencia

Los Ángeles, CA.- Matilde Garduño lleva 13 años vendiendo tamales en la misma esquina de Los Ángeles, y hasta plantó un árbol para tener sombra durante sus largas jornadas de trabajo.

Lo que parecía una mañana normal el año pasado terminó en caos. “Llegué como siempre. No había mucha gente porque las ventas han bajado por la migra”, cuenta Matilde.

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Según relata, alguien la avisó de dos vehículos que identificaron como de agentes federales de inmigración.

“Dos carros me gritaron: allá hay dos carros de la migra. Y le dije a mi comadre: vamos a recoger, porque ¿qué tal si alcanzan a venir? Mejor nos vamos”.

Mientras recogía sus cosas, Matilde dice que fue abordada por los agentes. “Estábamos recogiendo cuando me atacaron ahí, en esa esquina, que es mi segunda casa”, recuerda.

Para ella, ese puesto representa mucho más que un lugar de trabajo: “La gente que no me va a visitar a mi casa, vienen acá a comprarme y visitarme”.

“Yo no estaba intentando escapar”

Matilde asegura que uno de los agentes llegó por detrás y la sujetó por la barriga, según cuenta, de manera sorpresiva y sin dar explicaciones o solicitarle documentos.

Según su relato, otros agentes también la sujetaron de los brazos mientras le decían en español: “Vámonos, vámonos”.

“¿Cómo me voy a ir si ustedes me están atacando?”, recuerda haberles respondido. Matilde dice que pidió que la soltaran porque no podía respirar.

“Suélteme, por favor, no puedo respirar. No me voy a ir”, les decía, mientras asegura que no la soltaban, y el forcejeo continuaba.

La situación, cuenta, se volvió cada vez más angustiante: "Lo veía a la cara y sentía que intentaban matarme”.

Después, se desmayó, y despertó tirada en el piso, mientras, según relata, los agentes impedían que otras personas se acercaran para ayudarla.

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"Yo veía a mi virgencita"

En medio de la angustia, Matilde comenzó a pedir ayuda. También, cuenta que les explicó a los oficiales que tenía diabetes y presión alta.

“Les decía: quiero vomitar, me duele el estómago”. Mientras estaba en el piso, dice que pensó que podía morir.

En su puesto de tamales tiene una imagen de la Virgen. A ella, asegura, recurrió durante aquellos momentos mientras estaba tirada en el piso: "Yo veía a mi virgencita y le pedía: Virgencita, dame la oportunidad. Yo no me quiero morir aquí”.

“A mí no me importaba qué llevaran. Yo lo que quería era vivir”, dice.

Del puesto de tamales al hospital

Matilde cuenta que fue llevada a un hospital, donde recibió oxígeno. Al día siguiente, asegura, fue sometida a una operación del corazón para destapar arterias que se le habían tapado.

El episodio, dice, también dejó consecuencias emocionales: “Yo los primeros días ni siquiera podía abrir la puerta de la casa. No comía. Y tenía pesadillas”.

Incluso asegura que no podía ir al médico y que las enfermeras tuvieron que acudir a su casa.

25 años vendiendo tamales

La historia de Matilde está marcada por el trabajo y el esfuerzo. Llegó a California desde México hace 30 años a través de un coyote. Desde hace 25 años vende tamales.

“Con eso he sacado adelante a mis hijos. No me he dado una vida de lujos, pero he podido pagar la renta y comer”, dice con orgullo.

Cuenta que dejó en México a sus padres y hermanos. Su madre falleció y ella no pudo regresar para enterrarla.

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A pesar de las dificultades, dice que en Estados Unidos encontró una oportunidad para que sus hijos tuvieran un mejor futuro.

Recuerda también la pobreza que vivió durante su infancia: “Gracias a Dios aquí podemos comer como los ricos que comen allá. Allá no teníamos ni para comer frijoles”.

Incluso cuenta que estuvo descalza hasta los 18 años, cuando comenzó a trabajar.

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