null: nullpx
Elecciones 2016

A la espera de la era Trump, tres rostros de angustia por las deportaciones

Ante la amenaza de un plan de deportaciones masivas esbozado por el presidente electo Donald Trump, crece la angustia entre los inmigrantes que enfrentan procesos de expulsión.
9 Nov 2016 – 4:38 PM EST

LOS ÁNGELES, California.- Ruth Pérez lo afirma sin titubeos: “Mi vida corre peligro en Honduras”. El año pasado ella y su hija menor, de dos años, tomaron un tortuoso camino de 25 días para llegar a la frontera de Estados Unidos. Venía huyendo de un esposo abusador y ahora, ante la amenaza de un plan de deportaciones masivas esbozado por el presidente electo Donald Trump, podría volver a enfrentarlo.

Bajo custodia de las autoridades migratorias en Texas le pidieron que firmara un documento. Más tarde supo que había aceptado su expulsión del país, la cual no se ha concretado por una solicitud de asilo. Pero el martes sus temores se exacerbaron por el triunfo del republicano Trump, cuyo plan migratorio se basa en redadas, deportaciones masivas y la construcción de un muro fronterizo.

“Les pediría una oportunidad para poder estar a salvo en este país y para poder trabajar dignamente”, dice Pérez, de 32 años y madre de cuatro hijos, tres de los cuales se quedaron en Honduras.

En los últimos meses ella ha portado un dispositivo en el tobillo que la monitorea. En agosto pasado, tres agentes de la Oficina de Aduanas y Control Fronterizo (ICE) se presentaron en la puerta de su casa, en el condado de San Bernardino, para dejarle una advertencia que la desconcertó.


“Me dijeron que tenía una orden de deportación, que tenía que dejar el país y que cuando cambiara el presidente también cambiarían las leyes y que yo iba a ser deportada”, contó. “Fue una advertencia”.

Desde esa desconcertante visita de ICE ella no ha dejado de pensar en la posibilidad de volver a Centroamérica y toparse una vez más con el hombre que la golpeaba con saña. “Me trataba mal, con golpes, con palabras, psicológicamente. Aguanté mucho”, relata Pérez con lágrimas.

“Yo no puedo volver para allá por todo lo que me ha pasado”, agrega la migrante, que sueña con superarse en este país, aprender inglés y aprender algún oficio. Todos los días piensa en los tres niños (de 13, 8 y 6 años) que siguen en Honduras.

“Algún día me gustaría poder traerlos”, dice.

Un abuelito defendido por su comunidad

Apolinar Sánchez, un mexicano de 68 años, había salido de su casa en Pico Rivera rumbo a su trabajo, cuando un grupo de agentes de ICE le cerró el paso. Lo esposaron, le esculcaron entre su uniforme y lo subieron a un vehículo que lo trasladó a una cárcel migratoria en el centro de Los Ángeles. Era el 22 de septiembre de 2015 y habían ejecutado una vieja orden de deportación que pesaba en su contra.


“Me trataron como si fuera un criminal, gacho (feo). Pensé: ‘Pues ya ni modo, ya me van a llevar a México”, cuenta Sánchez, nacido en el estado de Tlaxcala, en el patio trasero de su casa. Según él, ese proceso abierto de expulsión data de 1996 porque no acudió a las audiencias en corte cuando trató de regularizar su estatus migratorio. Su abogado, afirma, jamás le avisó que debía atender esas vistas.

Desde el momento en que ICE lo intentó expulsar la comunidad lo conoce como ‘Abuelo Poli’. Así le apodaron en una campaña que encabezaron activistas y que finalmente logró liberarle. Ahora sigue luchando para que el gobierno federal le permita vivir al lado de los suyos en este país.

El ‘Abuelo Poli’, quien se gana la vida en un taller de reparación de coches en Los Ángeles, confía en que jamás volverá a su casa otro grupo de agentes migratorios. Se cree que le confundieron con otro ‘objetivo prioritario’ de ICE. “Yo estoy tranquilo”, afirma Sánchez con una sonrisa.

Su esposa, Victoria Sánchez, de 64 años y dedicada a las labores del hogar, espera que finalmente haya una oportunidad de legalizarse. El matrimonio vive en EE UU desde 1992. “Ya tenemos muchos años aquí y desgraciadamente no hemos podido arreglar”, comenta.

‘En México estaría en peligro’

Poco después que un tribunal del condado de Los Ángeles exoneró a Luis Vargas, un mexicano que pasó 16 años condenado injustamente por violar a una menor e intentar abusar sexualmente a otras dos mujeres, le esposaron y condujeron a una cárcel para migrantes en la ciudad de Santa Ana. La intención era echarlo del país.


“Al salir de la cárcel fue encarcelado una vez más y vivió la misma pesadilla”, comentó su abogado Alex Gálvez, quien no ha logrado cerrar el caso con ICE. “Todavía sigue en proceso de deportación, sigue con esa incertidumbre de que su tiempo en Estados Unidos llegue a su fin en un futuro cercano”, dijo.

Vargas, de 47 años, pide que se le otorgue el beneficio del asilo político o que al menos no lo echen. Uno de sus argumentos es que su caso se expuso a través de la prensa y ahora se sabe de la posibilidad que le indemnicen. Su defensa plantea solicitar una compensación de 10 millones de dólares.

“Si me llegaran a deportar no solamente estaría en peligro mi vida en México, sino la de mis familiares al irme a visitar”, comenta Vargas a Univision Noticias.

Desde que abandonó la cárcel migratoria de Santa Ana, el mexicano ha tratado de rehacer su vida. Vive en la casa de sus padres en Bell Gardens, en el sureste del condado angelino, y viaja al norte del estado a visitar a sus hijos, de 25, 26 y 27 años. Su plan es convertirse en consejero.

La amenaza de que le deporten asalta su mente de vez en cuando. “Tengo fe en que si hago las cosas bien Dios me va a ayudar”, dice.

Publicidad