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Tiroteos

"¿Por qué tuvo que pasar esto?", las horas de angustia que siguieron al tiroteo en una preparatoria de Texas

Estudiantes que salieron ilesos de la matanza en la preparatoria Santa Fe, a las afueras de Houston, buscaban a sus amigos, mientras un pastor consolaba a quienes esperaban conocer si sus seres queridos habían sobrevivido.
19 May 2018 – 7:08 PM EDT

HOUSTON, Texas. – En un gimnasio a tres millas de la preparatoria Santa Fe, familiares de estudiantes vivieron horas que parecían interminables mientras esperaban conocer el paradero de sus hijos o seres queridos, luego de que un alumno de 17 años abriera fuego en la escuela en la mañana del viernes.

El pastor Stephen McGee estuvo la mayor parte del día ofreciendo su apoyo a las personas que aguardaban temiendo recibir la peor de las noticias en el gimnasio Alamo.

“Estar sentado por tanto tiempo, esperando, es horrible”, dijo el religioso, quien notó que la mayoría de ellos “ya sabían” sobre la muerte de sus hijos, pero solo esperaban una confirmación.

“¿Por qué mi hijo? ¿Por qué mi pequeño? ¿Por qué tuvo que pasar esto?", eran las preguntas que recibía McGee de los que esperaban en el centro, convertido por las autoridades en punto de reunificación para los sobrevivientes.

El acceso al gimnasio estuvo solo permitido a los familiares de estudiantes y la mayoría de ellos, cuando salía del lugar, prefería no hablar con la tropa de medios que acudió a esta pequeña ciudad de cerca de 13,000 habitantes, ubicada al sureste de Houston. El gobernador Greg Abbott describió la balacera como el peor desastre que probablemente ha enfrentado esta comunidad, en su mayoría anglosajona.

Desde muy temprano el gimnasio Alamo estuvo acordonado por patrullas de policía, mientras agentes del orden controlaban el tráfico vehicular y el acceso al recinto.

En el interior del centro, las personas permanecían sentadas esperando en un cuarto y se veían desoladas, le relataron a Univision Noticias dos empleados hispanos de un restaurante que distribuyeron sándwiches de pollo a las familias.

Leia Olinde buscaba a su tía Cynthia Tisdale. Estuvo con el grupo de familias y aseguró que había hablado con investigadores del FBI y con otras autoridades en el lugar, pero que nadie le pudo dar razón de ella.

“Tengo un mal presentimiento, porque ella no contesta su teléfono”, le dijo a varios medios, a los que pidió ayuda para localizarla.

La muerte de Tisdale fue confirmada la noche del viernes. Su cuñado escribió en un post de Facebook que ella estaba enseñando una clase de arte cuando el pistolero entró y la mató.

Sobrevivieron pero su amigo murió

En las horas que siguieron a la matanza, algunos estudiantes que lograron escapar ilesos acudieron al gimnasio acompañados de sus padres. Querían saber el destino de sus compañeros.

Todos coincidieron en describir a Dimitrios Pagourtzis, identificado por las autoridades como el el atacante, como un chico calmado, que no se metía con nadie.

“Era muy callado, no se veía como un chico que pudiera hacer algo como esto”, dijo Logan Roberds, un compañero de clases de Pagourtzis.

“No hubo ninguna advertencia de que algo así pudiera pasar”, afirmó Raenna Poore, la madre de Logan. “Le pregunté específicamente a mi hijo si había habido rumores o algo como la última vez, pero él dijo que no”.

La madre se refiere a un episodio que ocurrió en esta misma escuela en febrero pasado, cuando las autoridades escolares clausuraron el plantel para investigar reportes de estallidos similares a los de disparos en las afueras del lugar. Al final, se determinó que no había peligro y se reabrió la escuela.

Para la señora Poore, la tragedia es un llamado de atención para los padres a que estén más involucrados con sus hijos. “Necesitamos mantenernos al tanto de todo lo que hacen, encontrar maneras de comunicarnos con ellos y saber qué está pasando por sus mentes”.

Branden, de 17 años, logró salir ileso de la matanza luego de correr tan rápido como pudo. “Fue tan irreal, se sintió como una película”, dijo al acudir al gimnasio junto a su madre Nicole Auzston.

El adolescente se mostró muy preocupado por algunos de sus amigos que resultaron heridos y por otro que estaba desaparecido: Chris Stone. “Todos están asumiendo que murió, pero yo espero que no sea así”.


Daisy Sullivan, de 17 años, otra estudiante que sobrevivió, también fue al gimnasio para averiguar el paradero de su amigo Chris Stone. Se negaba a creer lo que otros comentaban: que era uno de los fallecidos. “No creo que se trate de él, tiene que ser alguien más”, dijo.

Horas más tarde, Branden fue visto a las afueras del gimnasio llorando. Minutos después se dirigió a su auto. Aunque no dio declaraciones, poco después se conoció de manera oficial que Chris Stone, su amigo, fue una de las víctimas mortales. En total, ocho estudiantes y dos maestros murieron.

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