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Inmigración

Filandia, el pueblo cafetero de Colombia de donde muchos emigran a EEUU pero pocos regresan

Filandia es un poblado que hace parte del conocido 'eje cafetero' de Colombia en donde al menos dos personas de cada familia viven en Estados Unidos. Autoridades locales calculan que de sus 14,000 habitantes, entre 2,300 y 2,500 han emigrado.
5 Sep 2016 – 10:58 AM EDT

HOUSTON, Texas – La historia de Jaime Ospina, un inmigrante colombiano de 42 años que vive y trabaja en Houston desde hace 15, ilustra un particular patrón de inmigración que ha venido ocurriendo por décadas en un poblado cafetero de Colombia.

Jaime llegó por primera vez a Estados Unidos en el 2000, procedente de Filandia (Quindío), una pequeña población que hace parte de la región conocida como el ‘Eje Cafetero’ de Colombia. Desde entonces no ha regresado.

Tras cruzar por si mismo la frontera entre México y Estados Unidos, en el sector de Nogales (Arizona), Jaime viajó al norte y se estableció inicialmente en un pueblo de New Jersey, a donde llega la mayoría de personas que ha emigrado de Filandia.

Al igual que muchos de sus paisanos filandeños, Jaime vino con la ilusión de trabajar duro para conseguir ‘con que comprar una casita’ en su natal Filandia.

Planeó que lograría su meta en un periodo de dos años y luego se regresaría. Pero sus planes cambiaron. Cuando se enfrentó a la realidad de estar solo en un lugar donde todo era extraño (la gente, el idioma, la cultura, la comida, la infraestructura, el clima), decidió traer a su esposa y a su pequeña hija de 1 año de edad para vivir todos juntos.

Una vez que la familia estuvo reunida, Jaime y su esposa, en una movida táctica que no es muy frecuente entre los filandeños de la colonia de New Jersey, decidieron mudarse a Texas en busca de nuevas y mejores oportunidades.

En un comienzo llegaron a Wichita Falls (en el noroeste de Dallas), donde las condiciones de trabajo no fueron muy favorables para el jefe del hogar. Tenía que trabajar los siete días de la semana y dependía completamente de su jefe para transportarse de la casa al trabajo y del trabajo a la casa.

Esas circunstancias lo impulsaron a aventurarse a vivir en Houston. En su nuevo destino, logró encontrar un trabajo estable en un restaurante, que fue su pilar para establecerse definitivamente.

Algunos años después, Jaime incursionó en el negocio de la construcción, primero como empleado y luego como propietario de una pequeña compañía.

Jaime no se arrepiente de haber emigrado de su pequeño pueblo y no haber regresado. Aquí ha logrado integrarse a una comunidad y vivir una buena vida al lado de su esposa y sus tres hijos.

Ha tenido que superar momentos difíciles estando lejos de su tierra natal, como la muerte de su padre a quien no volvió a ver desde que partió. Aún así, y pese al hecho de que aún es indocumentado, siente que su vida está aquí y no tiene planes de regresar.

“Aquí se vive bien siendo honesto. Nunca he tenido problemas por mi estatus de indocumentado”, dijo Jaime.

El caso de Jaime es uno de los cientos que se cuentan en el poblado cafetero, de donde muchos salen, pero solo unos cuantos deciden regresar.

De acuerdo con cálculos estadísticos del gobierno local de Filandia, de los casi 14,000 habitantes que tiene el municipio, cerca de 2,500 adultos filandeños viven de forma permanente en territorio estadounidense.


Filandia, un pueblo cafetero por tradición, se revitaliza y florece con el ague el turismo

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“Yo diría que el promedio de personas que hay en EEUU por familia de Filandia debe estar en 2.5”, dijo Roberto Murillo Zapata, alcalde de Filandia.

Aunque el patrón migratorio parece haber cambiado un poco en los últimos años, la salida de filandeños hacia el extranjero no se ha frenado.

Antes la gente se iba porque en el municipio las oportunidades de empleo eran limitadas y las que existían no eran bien remuneradas. La gente salía con la ilusión de conseguir capital para comprarse una casa y poder regresar.

En la actualidad, aunque la economía local es más dinámica y el creciente auge del turismo cafetero ha traído más y mejores oportunidades laborales y de negocios, la gente sigue emigrando porque la mayoría tiene a un ser querido en EEUU con quien busca reunirse.

Según el alcalde Murillo, todos los días sale gente de Filandia para EEUU, principalmente jóvenes que tienen una fijación con el cuento del ‘sueño americano’, el cual ya no consiste sólo en conseguir casa, carro y beca, sino mucho más.

“Hay que tratar de cambiar el ‘chip’, cambiar la cultura, decirle a la gente que también en Filandia se puede prosperar pero si tiene la misma dedicación y la misma perseverancia que tiene cuando emigran”, dijo Murillo.

Mientras los lugareños se van, los foráneos siguen llegando

Filandia (el poblado cafetero que se dio a conocer en los años 90 gracias a la telenovela ‘Café con aroma de mujer’) ha experimentado un florecimiento económico en los últimos años debido al auge del turismo del café y se ha convertido en uno de los destinos favoritos, según el alcalde Murillo.

El municipio tiene una gran oferta ambiental y ecológica, con un tipo de turismo denominado ‘contemplativo’ por su riqueza natural, es seguro para el visitante y está estratégicamente ubicado, con acceso rápido a tres aeropuertos por vías amplias y bien mantenidas.



El turismo sigue siendo un motor que impulsa la economía local y que ha trasformado las dinámicas locales de forma muy positiva, pero también ha venido ocurriendo un fenómeno poblacional que ha contribuido al florecimiento del municipio.

Decenas de foráneos, nacionales y extranjeros, se han establecido en el municipio y han invertido capitales en compra de propiedades rurales y en creación de negocios.

De acuerdo con cálculos de la alcaldía, al menos 80 personas de diversas nacionalidades, pero sobre todo estadounidenses, han hecho de Filandia su lugar de residencia permanente.

Un plan de retorno y retención

Los datos que maneja la alcaldía de Filandia sobre el número de ciudadanos de ese municipio que vive en el extranjero son solo cálculos aproximados. Hace algunos meses, se empezó a realizar un censo que busca recopilar información más concreta, no solo de las personas que viven en el exterior, sino también de las que han regresado y de los extranjeros que han llegado a establecerse en el pueblo.

El censo es un primer paso en una serie de iniciativas que la administración municipal busca implementar para incentivar a quienes han emigrado a que regresen, para tratar de retener a los que se planean ir y para integrar a la sociedad a los extranjeros que se han radicado en el pueblo.

Según Murillo, hay muchos filandeños que han emigrado al exterior pero que por diversas razones no han logrado prosperar y algunos regresan con las manos vacías.

“La idea principal es ofrecerle a todo aquel que ha emigrado una oportunidad de reinserción social económica positiva en el municipio”, dijo Murillo.

Filandia cuenta con recursos para proyectos productivos colectivos, con los cuales se busca estimular a quienes una vez emigraron a que se agrupen de acuerdo a ciertos perfiles laborales, habilidades y/o destrezas y formen pequeñas empresas. De esta manera se busca garantizarles que al regresar tendrán un empleo productivo para que puedan sostener a sus familias.

Así mismo, se genera la posibilidad de que quienes regresen puedan acceder a subsidios de vivienda de interés prioritario y puedan integrarse a un sistema de seguridad social que les permita tener una pensión en el futuro.

Para aquellos lugareños que tienen el plan de emigrar, la idea que tiene la administración municipal es enseñarles a aprovechar las oportunidades de negocio que hay en la localidad con el auge del turismo.

“La idea es hacerles entender que aquí también pueden generar una forma de sustento digna y que si planean invertir 20 o 30 millones de pesos (7-10 mil dólares) para emigrar a EEUU, con ese mismo dinero pueden montar una empresa y vivir de ella”, dijo Murillo.

En Filandia, muchos han empezado a quejarse de que están siendo desplazados por los foráneos que han llegado al municipio a invertir. La realidad, según el mismo alcalde, es que los habitantes nativos del pueblo a veces no aprovechan las oportunidades que hay y prefieren marcharse al exterior. “A esas personas queremos decirle, no se vaya, quédese en Filandia esta vez, existen muy buenas oportunidades”.

Recursos para el bilingüismo

El alcalde de Filandia, Roberto Murillo, un médico veterinario nativo del pueblo que ha gobernado el municipio en tres periodos diferentes, entiende muy bien la problemática de la emigración de filandeños a Estados Unidos.

No solo ha sido testigo de cómo varias generaciones de paisanos han emigrado sino que dentro de su misma familia vivió el fenómeno: 10 de sus 14 hermanos dejaron el pueblo en busca de un mejor porvenir y solo dos de ellos retornaron.

Murillo sabe que el patrón de emigración de coterráneos va a seguir ocurriendo a pesar de que las condiciones económicas del municipio han mejorado y en la actualidad hay más oportunidades de empleo y de creación de negocios.

Su idea es tratar de conciliar esa realidad migratoria con el florecimiento del municipio. Una especie de estrategia combinada de aceptación y retención.

Según el mandatario, están destinando recursos para educación bilingüe (español-inglés) desde los primeros años escolares. La idea tiene un propósito doble. Por una parte darles la herramienta a los jóvenes que terminarán emigrando a EEUU para reunirse con sus familiares. “Si saben el idioma no tendrán que llegar allá a esperar que los exploten”, dijo Murillo.

El segundo propósito de la iniciativa tiene que ver con la nueva dinámica del turismo, que ‘obliga’ a que los nativos del pueblo hablen un segundo idioma. Quienes decidan permanecer el pueblo podrán acceder a trabajos que requieren hablar inglés para atender el creciente flujo de turistas extranjeros.

“Una persona que trabaje como guía bilingüe se puede conseguir un salario igual al que se consigue trabajando en EEUU en oficios varios”, planteó Murillo.

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