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Inundaciones

Escombros y trámites: La otra inundación que enfrentan los damnificados por Harvey

Los residentes de un vecindario de más de 700 casas en un suburbio de Houston, cuyos hogares quedaron bajo el agua por la apertura de la represa Barker, tratan de salir a flote de un desastre que nunca imaginaron. Algunos de ellos aún no reciben la ayuda ofrecida por FEMA.
13 Sep 2017 – 6:15 AM EDT

HOUSTON, Texas. – El ruido de ventiladores portátiles funcionando a máxima potencia, un fuerte olor a polvo, calles repletas de pantano seco, escombros por doquier y casas semidestruidas: ese es el ambiente en el que se mueven ahora los residentes del vecindario Canyon Gate en Katy, Texas, que regresaron a sus hogares varios días después de haber sido evacuados.

Una inundación provocada por la liberación de agua de la vecina represa Barker, durante el paso de la tormenta Harvey por la región, los sacó de sus viviendas y ahora los tiene tratando de salir a flote de un desastre que nunca imaginaron.


Cindy Ramírez y su esposo Javier, son uno de los más de 700 propietarios de viviendas que resultaron afectados por tal inundación y que ahora se encuentran desplazados, tratando de iniciar el proceso de recuperación de su hogar. Aclararon que en los 18 años que han vivido en este vecindario, nunca antes sufrieron una inundación de tal magnitud, ni siquiera cuando otros sectores del área de Houston han quedado bajo el agua.

“Hemos decidido empezar con el proceso de reconstrucción… todavía estamos limpiando la casa y debemos esperar a que todo este seco antes de empezar cualquier trabajo”, dijo Javier a Univision mientras revisaba algunas vigas de madera de las paredes con un sensor electrónico para detectar humedad. “Cuando el número que muestra el sensor sea menor de 14% de humedad, podremos empezar los trabajos”, dijo.

Desde que volvieron a la casa, con ayuda de amigos y familiares, han logrado retirar los paneles de yeso (sheetrock) de todas las paredes de la planta baja, sacar el material de aislamiento, remover los gabinetes de madera, los muebles, electrodomésticos y demás pertenencías que fueron tocadas por el agua.


Ahora, lo primero que ven cuando abren la puerta del frente de su hogar es una enorme pila de escombros. Situación que es similar o peor en todas las viviendas de la misma cuadra y de las cuadras vecinas. De estar inundados con agua de la represa, pasaron a estar inundados de desechos, basura y muebles inservibles.

La familia Ramírez, al igual que la mayoría de sus vecinos, aún están a la espera de que el evaluador de daños de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) los contacte para coordinar una visita. No saben todavía qué tipo de asistencia van a recibir por parte del gobierno y están enredados en un laberinto de dudas y trámites que les ocupan mucho de su tiempo y del que no parece haber una salida sencilla.

Cindy ha acudido a uno de los centros de recuperación que habilitó FEMA para intentar hablar con un representante de la entidad, pero el tiempo de espera, las largas filas y la escasez de personal la han hecho regresar a casa sin respuestas.

Quería averiguar sobre los préstamos con intereses bajos que están ofreciendo a través de la Administración de Pequeños Negocios (SBA) y también saber si son elegibles para la asistencia de albergue temporal (en hoteles), pero lo único que logró fue que le sugirieran buscar la información en internet.

La pareja se está alojando con familiares, que los han acogido con gran generosidad, pero sienten que sería más conveniente contar con un espacio independiente durante el tiempo que dure la reconstrucción de su vivienda.

“Vamos a seguir tratando de adelantar los trámites con FEMA, aunque hicimos una solicitud de asistencia y tenemos un número de caso, hasta ahora no hemos recibido nada”, dijo Javier al tiempo que explicó que entiende la complejidad de todo lo que este desastre representa tanto para los afectados como para el gobierno.

El regreso a casa tras la inundación

Los esposos Ramírez fueron de los primeros en llegar a su barrio la semana pasada, cuando las autoridades permitieron la entrada al sector. Iban para dar un primer vistazo al estado de su propiedad, pero sobre todo para recuperar algunas de sus medicinas recetadas.

El ingreso al vecindario había sido restringido en los días posteriores a la inundación y un grupo de oficiales resguardaban la calle que conduce a la portada del lugar.

Llegaron hasta ese puesto de control improvisado, mostraron sus identificaciones y dieron la dirección de su vivienda. Les dieron luz verde para seguir y entonces emprendieron el recorrido a pie, rumbo a la casa que ha sido su hogar por los últimos 18 años. Univision Noticias los acompañó durante su travesía.

Con sus botas plásticas a la altura de la rodilla y sus tapabocas puestos, Javier y Cindy caminaron tomados de la mano por calles repletas de pantano y de aguas estancadas, fétidas y mugrientas. El tránsito de vehículos aún no estaba permitido.

Al adentrarse en el vecindario, la profundidad del agua estacada empezó a ser mayor, el olor a alcantarilla y el bochorno se hacían insoportables. Hubo un momento en el que tuvieron que detenerse porque Cindy no podía cruzar por el nivel tan alto del agua. Javier se adelantó porque traía un traje especial y pudo llegar a la casa. El primer reporte a su esposa, por teléfono, fue totalmente desalentador. Había señas de que el agua había entrado y había sumergido el primer piso de la vivienda. El moho ya se había apoderado de sus pertenencias.

Cindy estaba a solo dos cuadras de la vivienda, podía verla desde el punto donde tuvo que detenerse. No quiso devolverse, sino que decidió tomar una ruta más larga para evadir las aguas estancadas. De repente observó un camión de remolque que transitaba muy cerca. No se explicaba cómo había logrado que los policías lo dejaran entrar, pero le hizo señas al conductor para que viniera a recogerla.

El hombre tras el volante también era residente del lugar y no dudó en auxiliarla. Cindy se subió en la parte trasera y se acomodó. El recorrido hasta la casa, que le hubiera tomado menos de un minuto al vehículo de haberlo hecho directo, terminó tardando una media hora. El conductor anduvo por varias calles antes, recogió y trasladó a otros residentes, incluso al esposo de Cindy que ya venía de regreso.

“Es esa, la casa de la esquina de ladrillos rojos con la parte superior blanca”, indicó Cindy al buen samaritano. Los esposos Ramírez bajaron del camión y Javier se apresuró a abrir la puerta. Antes de entrar se abrazaron. Cindy no pudo contener el llanto. Javier trataba de reconfortarla.

Había pantano en el piso por todas partes y el olor a humedad y putrefacción cortaba la respiración. Los tapabocas resultaban inútiles. En los muebles y sillas habían crecido colonias de hongos. Todo estaba desordenado. Los esposos dieron una vuelta rápida por los espacios del primer piso y a cada paso que daban se sorprendían con lo que veían. La mujer se cubría el rostro con sus manos y lamentaba la perdida de sus pertenencias, sobre todo por el valor sentimental que representaban. Sin embargo, estaba agradecida de que ella y su familia estuvieran bien después del desastre.

Cindy buscó con premura sus medicinas y salió pronto al frente de la casa. Respiraba con dificultad. Apoyó las manos sobre sus rodillas y se inclinó. Trataba de controlar la respiración. Javier trajo una bolsa grande de plástico y la tendió en el piso para que ella se sentara.

“No teníamos seguro (de inundación) y muchos de nuestros vecinos tampoco, no sabemos qué vamos a hacer… pera vamos a seguir adelante”, dijo Cindy mientras esperaba a que regresara el camión para sacarlos del vecindario. “Le doy gracias a Dios porque nos salimos de aquí antes de que todo quedara sumergido”, agregó.

Un problema sin precedentes

Cuando el vecindario Canyon Gate aún estaba bajo el agua, un grupo de residentes se reunió con el juez del condado Fort Bend, Robert E. Hebert, y con un representante del Cuerpo de Ingenieros de Estados Unidos (USACE) para tratar de encontrar respuestas a un problema sin precedentes.

Algunos estaban iracundos y reclamaban por qué las autoridades habían decidido inundar su barrio. El representante de USACE explicó que la reserva se había comportado como estaba previsto y que justo esa propiedad había sido pensada como vertedero. Esa explicación caldeó más los ánimos entre los asistentes que aseguraban nunca haber sido informados de que sus casas estaban en un área de desbordamiento de la reserva Barker, por lo que no tenían un seguro contra inundaciones.


El juez Hebert apoyó la explicación del funcionario de USACE y dijo que los documentos de compra de las casas tienen un aparte donde se hace la salvedad de que la reserva existe y que en caso de haber un evento mayor de inundación (superior al estándar de 100 años), el agua podría entrar en la propiedad.

Varios de los asistentes expresaron interés en que el gobierno federal les compre sus propiedades al costo que tenían antes del desastre para poder reubicarse en otro sector. Otros manifestaron su deseo de que FEMA pague por las reparaciones de las propiedades.

El juez Hebert se mostró solidario con los reclamos de los afectados, pero les pidió ser realistas y entender que el evento de lluvias que se presentó fue excepcional.

Les explicó que el programa de compra de tierras de FEMA es para propiedades localizadas dentro del estándar de zona inundable de 100 años y que esta comunidad está por encima de eso. “Ese es un problema técnico que ustedes tienen”, dijo al tiempo que aseguró que involucraría al congreso en esta problemática para tratar de lograr cambios.

Contar con la presencia del juez y escuchar su promesa de que va a tratar de hacer algo les dio un poco de esperanza a algunos, como Sandra Rodríguez, quien es propietaria de una casa en la comunidad, pero la tiene rentada. “Es una esperanza, aunque sabemos que si él cumpliera de inmediato con su promesa, estas soluciones serían a muy largo plazo y el problema requiere una solución inmediata”, dijo

Rodríguez y un grupo de vecinos han estado muy activos tratando de encontrar soluciones. Han enviado cartas por correo electrónico y han hecho llamadas a líderes políticos para pedir ayuda inmediata. “Hemos contactado a Ted Cruz, John Cornyn y Pete Olson con la esperanza de que tomen cartas en el asunto”, dijo.

Varios residentes de Canyon Gate están considerando entablar una demanda contra el gobierno federal, pero aún tratan de determinar el argumento de la misma.

La firma de abogados Raizner Slania LLP entabló una demanda, a comienzos de septiembre, en representación de un grupo de residentes afectados por las descargas de agua de las reservas Addicks y Barker.

La demanda alega que el gobierno no debe hacer uso de propiedad privada para el uso público sin proveer a los dueños de la misma una remuneración justa.

Aún no se conoce una respuesta a dicha demanda.

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