Houston, TEXAS.- El 1 de abril de 2026 despegó desde Cabo Cañaveral la misión Artemis II, el primer vuelo tripulado del programa que busca llevar humanos nuevamente a la Luna. Nueve días después, el viernes 10 de abril, la tripulación regresó a la Tierra tras completar un sobrevuelo lunar y un amerizaje en el Océano Pacífico que marcó el primer viaje de este tipo en más de medio siglo.
“El niño que llevan dentro sale a la luz”: lo que revela el astronauta hispano Frank Rubio sobre el lado humano de Artemis II
¿Qué se siente viajar a la Luna? El astronauta Frank Rubio revela las emociones detrás de Artemis II que amerizó en el Pacífico este viernes: gratitud, nerviosismo y una emoción que, según dice, “saca el niño que todos llevan dentro”.
Desde Houston, Texas, el 9 de abril, el astronauta hispano de la NASA Frank Rubio explicó qué ocurre en la mente de quienes participan en misiones como esta. Lo hizo mientras la cápsula Orion, con los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, iniciaba su trayecto de regreso.
“Sabes, creo que hay algunos sentimientos comunes que abarcan todos los vuelos espaciales, pero especialmente su vuelo”, dijo Rubio. “Yo diría que el primero es la gratitud, ¿verdad? El hecho de poder hacer algo y experimentar lo que es ir al espacio y luego viajar alrededor de la luna. Pero sabes que se necesita mucha gente. Nuestro equipo de la NASA, nuestros socios internacionales y, más que nada, tu familia”.
Esa dimensión colectiva de la misión, explicó, se convierte en uno de los ejes emocionales del viaje. “Sientes una gratitud por todo lo que han hecho para llevarte hasta ahí”, añadió.
La misión Artemis II no incluyó un alunizaje, pero sí un recorrido alrededor del satélite natural de la Tierra durante aproximadamente diez días. La nave alcanzó distancias que superaron registros históricos y permitió observar zonas de la cara oculta de la Luna, además de registrar un eclipse solar total desde el espacio.
Rubio explicó que, junto a la gratitud, aparece otro elemento: la anticipación. “El siguiente sería la anticipación”, señaló. “Entrenas durante mucho tiempo. Yo entrené durante casi dos años para mi misión. Ellos han estado entrenando durante casi tres años”.
Ese entrenamiento, basado en simulaciones repetidas, tiene un objetivo claro: reducir la incertidumbre frente a un entorno que no admite margen de error.
“Creo que, más que nada, nuestro entrenamiento normaliza experiencias increíbles”, dijo. “Como entrenas una y otra vez, se vuelven bastante normales”.
La preparación incluye escenarios técnicos, emergencias y condiciones de aislamiento. Según Rubio, ese proceso permite que, incluso en el momento del lanzamiento, la reacción sea distinta a lo que podría esperarse.
“Así que el hecho de que te subas al cohete más potente jamás construido genera algo de nerviosismo, pero en general se siente bastante normal porque lo has practicado una y otra vez”, explicó.
Notas Relacionadas

¿Por qué a Frank Rubio le dijeron que "mantuviera la boca cerrada" al regresar a la Tierra?
A más de 39.000 kilómetros por hora
El lanzamiento de Artemis II ocurrió el 1 de abril desde Florida, y fue seguido por audiencias globales. La cápsula Orion viajó a velocidades que superaron las de misiones recientes y reingresó a la atmósfera a más de 39.000 kilómetros por hora antes de amerizar.
Durante ese trayecto, la tripulación atravesó una fase crítica de reingreso en la que las comunicaciones se interrumpen por varios minutos debido al plasma que rodea la nave. Esa etapa forma parte de los procedimientos previstos, pero sigue siendo uno de los momentos más observados desde el control de misión.
Mientras tanto, para quienes están dentro de la cápsula, Rubio señala que también hay espacio para una experiencia más personal.
“Y luego creo que es pura emoción”, dijo. “Todos llevamos dentro un niño pequeño que ha mirado las estrellas y se ha preguntado cómo sería mirar la luna”.
Ese componente, según explicó, conecta las misiones actuales con la historia de la exploración espacial.
“Solo con pensar en las misiones Apolo, todos hemos pensado: ‘Sería increíble hacer eso’”, afirmó. “Y que estos chicos estén tan cerca de la luna, ir más lejos de lo que ningún ser humano ha llegado jamás, es una sensación de emoción. El niño que llevan dentro tiene que salir a flote”.
La tripulación de Artemis II —Reid Wiseman como comandante, Victor Glover como piloto, Christina Koch y Jeremy Hansen como especialistas de misión— completó un recorrido que forma parte de la fase de pruebas del programa Artemis. El objetivo es validar sistemas antes de futuras misiones que sí contemplan descensos en la superficie lunar.
Rubio también se refirió al impacto que este tipo de misiones tiene fuera del ámbito técnico. “Creo que todos sabíamos que esto iba a ser importante, pero no creo que ninguno de nosotros imaginara hasta qué punto”, señaló.
"Quiero ser como ellos"
Según explicó, el seguimiento público del vuelo ha generado una conexión con nuevas generaciones. “Hay muchísimos niños que ahora conocen a Reid, Victor, Christina y Jeremy, y dicen: ‘Quiero ser como ellos’”, dijo.
Para Rubio, ese efecto es parte central del trabajo de los astronautas. “Para mí, esa es una de las partes más especiales de nuestro trabajo. La aventura es una parte. La ciencia es otra. Pero la inspiración que brindamos a las futuras generaciones es la mejor parte”, afirmó.
Durante la misión también se presentaron fallas técnicas, como problemas en sistemas de agua y en el inodoro de la cápsula, situaciones que forman parte de la evaluación de este tipo de vuelos. Rubio explicó que estos incidentes cumplen una función dentro del desarrollo del programa.
“Estas primeras misiones, a las que llamamos vuelos de prueba, tienen su razón de ser. Se prueban los sistemas, el programa y también a las personas que ayudan a gestionar y controlar todo eso”, dijo.
El regreso de la misión el 10 de abril cerró el primer capítulo tripulado del programa Artemis. El plan de la NASA contempla nuevas etapas, incluyendo pruebas de acoplamiento en órbita terrestre y un eventual alunizaje en los próximos años.
“Misiones como esta son un gran ejemplo de cómo usar nuestra capacidad para hacer el bien, desafiándonos a nosotros mismos y demostrando lo que podemos lograr cuando trabajamos juntos”, concluyo Rubio.







