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Casa, su hijo de 12 años la esperaba con los brazos abiertos. Y aquí en quibdó visité el colegio carrasquilla, donde estudian 3500 niños.
Hablamos con dos de ellos que nos contaron los momentos de desesperación que vivieron mientras su escuela se iba derrumbando, su salón, se le iban cayendo las paredes. Nuevas.
Los niños corrieron despavoridos. No hubo tiempo para cerrar los libros, guardar los lápices ni colgarse las mochilas.
Había que salir. Yo sinceramente pensé que ese día me iba a morir yo.
O sea, dije no, hasta aquí fue. Este es el segundo piso del colegio carrasquilla y aquí vemos cómo una pared ventilador, los trabajos de los niños, las mochilas llenas de polvo, la ropa, los sacos, todo quedó detenido en un solo instante.
Ese día en el que 3500 niños que asisten a esta institución todos los días tuvieron que detener sus vidas para poder escapar de lo que hubiera sido probablemente una muerte segura . Dentro de la escuela quedaron las señales de esa huida precipitada para los estudiantes.
El recuerdo sigue fresco. Comenzó a ser más duro y ahí todo el mundo salió corriendo en las escaleras.
Yo en ese momento me comencé a ahogar. Me están asfixiando porque estábamos demasiado apretados, no me podía mover, tenía mucha gente encima y también había gente que pasaba encima de la gente que estaba aplastada.
Entonces era imposible movernos. Lo único que hacíamos era gritar.
El terremoto había terminado, pero las réplicas y el temor de que la tierra volviera a moverse mantuvieron la incertidumbre. Yo nunca pensé que mi colegio fuera a estar así por una cosa de esa entonces yo me sentí súper triste.
Por ahora esos salones permanecen vacíos en las paredes. Todavía están las lecciones en los pupitres, los trabajos escolares y en algunos rincones las mochilas que sus dueños dejaron cuando tuvieron que elegir sin siquiera pensarlo, entre llevárselas o correr.
Rápido, rápido, rápido. Una escuela que hasta este momento representaba rutina, aprendizaje y seguridad se convirtió en cuestión de segundos en otro escenario de la destrucción dejada por el terremoto.
Como lo que me pasó, me pasó en el colegio. Yo digo tal vez me pueda volver a pasar.
Y como el colegio está todo todo destruido, no hay paredes prácticamente. Entonces me da estamos hablando de uno de los colegios más tradicionales de quibdó y del chocó, donde han estudiado grandes personajes que han salido de este departamento, probablemente antes de que los niños puedan regresar, será necesario determinar si la estructura es segura y si