El pasado 10 de agosto, Colombia vivió uno de los episodios más trágicos de su historia reciente. Un sismo de magnitud 7.4 sacudió el país a las 7:34 horas de la mañana.
El epicentro de la catástrofe en Colombia sigue viviendo una grave crisis humanitaria un mes después del devastador sismo
El terremoto tuvo su epicentro en el Valle del Chocó, una de las regiones con mayores desigualdades. Allí hubo 12 muertos y todavía hoy hay 8,000 personas damnificadas que perdieron su casa y que luchan en primera persona por una reconstrucción que tardará años en llegar.
Según las cifras oficiales disponibles, al menos 331 personas murieron en todo el país y más de 4,500 resultaron heridas.
La magnitud de la catástrofe se puede entender también con las afectaciones que aún siguen poniendo a prueba el día a día de sus ciudadanos. 36,336 viviendas fueron destruidas y más de 200,000 resultaron gravemente dañadas.

A esto hay que sumar afectaciones en 400 centros de salud, 4,292 centros educativos, cerca de medio lillar de vías y carreteras, cinco aeropuertos, 140 acueductos y 104 puentes.
El Chocó, el epicentro de la catástrofe
Aunque el sismo de magnitud 7.4 impactó con fuerza ciudades como Cali y Pereira, las situaciones más críticas persisten en territorios históricamente afectados por barreras de acceso a la salud, pobreza y presencia de grupos armados como es el Valle del Chocó.

Su capital, Quibdó, registró el epicentro de la catástrofe, que se hizo más grave debido a su condición. Es un valle natural de unos 29,200 millas donde muchos núcleos poblacionales quedan diseminados y presentan dificultad de acceso.
También hay muchas poblaciones que ya antes del sismo tenían problemas de suministro eléctrico y problemas de acceso a la red telefónica y a internet.
Médicos Sin Fronteras (MSF) Colombia advirtió la pasada semana que, aunque la fase inicial de la emergencia ha finalizado, miles de personas continúan enfrentando dificultades para acceder a atención médica, apoyo en salud mental, alimentos y otras necesidades como materiales para reconstruir sus hogares.
MSF desplegó clínicas móviles en Medio Baudó (Chocó) y advirtieron de la emergencia humanitaria tras el sismo: “En estos territorios, muchas comunidades enfrentan una doble o incluso triple afectación: además de las consecuencias del terremoto, viven en contextos marcados por el conflicto armado, limitaciones estructurales en los servicios de salud y, en algunos casos, nuevos eventos climáticos”, añadió la jefa de misión Siham Hajaj.

En el municipio de Medio Baudó, las comunidades indígenas enfrentaron inundaciones provocadas por la crecida súbita del río Baudó apenas dos días después del sismo, agravando aún más las condiciones de vida de la población.
Los equipos de MSF identificaron que una de las principales secuelas está relacionada con la salud mental. Alertan de que siguen siendo frecuentes las reacciones de ansiedad, estrés agudo, hipervigilancia, insomnio y miedo persistente ante posibles réplicas. Y también refieren incertidumbre y angustia tras haberlo perdido todo.
Blanca Lucila, indígena embera de Medio Baudó (Chocó), quedó devastada. “En mi comunidad se cayeron tres casas por completo y las otras quedaron ladeadas. La gente dice que algo va a pasar y todos estamos encerrados del susto a ver qué va a pasar”, explica.
Balance de un mes trágico
Algunas de las noticias más dramáticas llegaban de ahí. Por ejemplo, el alcalde del municipio de Bahía Solanouno, Leonel Valencia, perdió a su hijo de solo seis años.
En toda la región hubo en total 12 víctimas mortales y cerca de 400 heridos de diversa consideración. Pero el balance, en palabras de la Secretaria de Interior Jenny Lucía Rivas, fue "devastador".
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Indica que 32,000 personas quedaron seriamente afectadas y, de ellas, 8,000 personas fueron damnificadas al perder sus hogares.
"De los 31 municipios que componen El Chocó, 30 siguen afectados en un estado de emergencia. Gran parte de la población presenta secuelas psicológicas por lo ocurrido, en las primeras noches de hecho veíamos a gente durmiendo en los andenes porque tenían miedo de que sus viviendas se vinieran abajo", relata Rivas.
Le pedimos que nos dé su testimonio, cómo vivó lo ocurrido, y la voz se le quiebra. "Yo estaba en Bahía Solano, en un sexto piso. Se sintió muy fuerte y lo peor es que fue algo muy pronolgado. Pensé inmediatamente: 'este va a ser mi último día'", contó la secretaria de Interior.
"Fue bastante dramático, una situación aterradora, parecía que todo se iba a desintegrar, todo caía, en mi casa hasta los televisores. Me asomé a la terraza y la gente estaba enloquecida, la gente gritaba en la calle", recuerda.
"A mi hermano, por ejemplo, se le cayó la casa. Afortunadamente no había nadie dentro. Le pusieron una cinta desde el primer momento y se desmoronó el segundo día", cuenta emocionada.
Apunta a que uno de los factores clave que hizo que no hubiera más víctimas es que a esa hora muchas personas estaban en el trabajo y, especialmente, los niños en la escuela.

Precisamente, numerosos centros escolares del Valle del Chocó quedaron devastados. Según cifras oficiales, unos 32,000 escolares no han podido volver a las clases presencialmente (el 16% del alumnado).
La secretaría de Interior explica que se habilitaron escuelas provisionales en numerosos núcleos poblacionales y que siguen trabajando por que puedan volver a las clases presencialmente. Aunque se intentó hacer las clases de manera virtual, muchos municipios no tienen un buen acceso a internet.

También habilitaron albergues provisionales para quienes perdieron sus casas. "Hoy siguen los albergues en el Quibdó y otros seis municipios más. El gobierno también ofreció subsidios para el arrendamiento pero no es fácil porque en algunos lugares no hay edificios. Hay mucha población afectada que perdió su casa y hubo también una ola de solidaridad para albergarlos en casas de familiares y amigos", comentó Rivas.
Desde la gobernación también intentaron dar respuesta a los 80 centros de salud que quedaron afectados tras el sismo.
"Los enfermos graves fueron evacuados a Medellín por vía aérea, pero hay muchos municipios diseminados, para llegar a algunas zonas hay que desplazarse todo un día en carretera", relata.

Una reconstrucción que se prevé dure varios años
Cuando preguntamos por el estado actual de la región confirman que la situación sigue siendo crítica en algunas zonas. Siguen entregando kits de ayuda humanitaria pero no es suficiente.
La reconstrucción se antoja como un reto titánico por las circunstancias de la región. "Sabemos que va a llevar tiempo. No es fácil hacer una aproximación, pero hablamos de dos o tres años", señaló la Secretaria de Interior, Jenny Lucía Rivas.
"Lo que queremos es reconstruir, pero reconstruir mejor. Queremos devolver a la población sus hogares pero construir acorde a la normativa sísmica para que algo así no vuelva a ocurrir. También hemos puesto a disposición de las familias un plan que incluye un Banco de Materiales de Construcción para que podamos dar una respuesta rápida a muchas familias que necesitan reformar sus hogares", indica Rivas.
Con las cicatrices del sismo aún visibles y con miles de personas sin un hogar aún al que volver, aseguran que seguirán los planes ayuda humanitaria para poder ayudar a las más de 30,000 personas que resultaron damnificadas.
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Tras el sismo del 10 de agosto, las clases se suspendieron de manera general en todo el departamento del Chocó para proteger a la comunidad escolar y evaluar los riesgos. A nivel nacional, más de 2,200 sedes educativas sufrieron daños








