“Que alguien hable”: matan a hispana de 17 años en Dallas y un año después no hay arrestos

A un año del asesinato de Angelyn Niño Herrera, de 17 años, su familia sigue sin respuestas. En Dallas, su abuela y su hermana alzan la voz y piden que quienes vieron algo hablen.

Video A un año del crimen de Angelyn, su familia exige respuestas en Dallas

DALLAS, Texas. Preguntas que no encuentran respuesta: “¿Necesita pasarle algo a un hijo del gobernador, a un hijo del jefe de la policía para que se puedan mover?, ¿qué es lo que necesitan?”

Son palabras de María Herrera, no suenan a política, suenan a dolor acumulado.

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A un año del asesinato de su nieta, la repite sin rodeos, como quien ya agotó todas las formas de pedir ayuda.

Frente a la tumba de Angelyn Melinda Niño Herrera, de 17 años, su voz se quiebra, pero no se detiene.

“Cuando le quitaron la vida a ella, nos quitaron mucho a todos, porque yo ya no volví a ser la misma, yo siento que algo se me murió”.

Doce meses después del tiroteo en Dallas que acabó con la vida de la joven, su familia sigue esperando lo mismo que desde el primer día, respuestas.

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La madrugada que cambió todo

Era la madrugada del 23 de marzo de 2025, una reunión de jóvenes, música, carros y conversaciones en un estacionamiento cerca de Commerce y Beckley.

Había decenas de personas, más de 50, según quienes estuvieron allí.

En cuestión de minutos, todo cambió.

Una pelea comenzó, subió de tono, alguien sacó un arma, y llegaron los disparos.

Entre todos los que estaban allí, solo una persona fue alcanzada: Angelyn.

“No más tocó a una persona y esa persona fue mi hermana”, dice Aileen Niño, su hermana mayor que todavía está intentando entender lo que pasó.

“Sacar un arma es algo muy grave”, agrega.

La familia insiste en que Angelyn no estaba involucrada en la pelea.

Estaba ahí, como muchos otros, y eso fue suficiente para perder la vida.

El silencio que pesa

Un año después, nadie ha sido presentado públicamente como responsable.

Y para la familia, eso duele casi tanto como la pérdida.

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“Estamos aquí para recordar lo que pasó, porque no nos vamos a olvidar”, dice Aileen.

Lo que más ha marcado este año, dicen, ha sido el silencio.

Decenas de personas estaban allí, pero nadie habla.

“¿Qué es lo que necesitan?”, insiste María.

No es una pregunta retórica, es desesperación.

Un duelo que no termina

En el cementerio, entre flores y recuerdos que se repiten, la familia intenta sostener lo que queda.

Cada visita es una mezcla de amor, rabia y resistencia.

“Mi niña no murió, mi niña está aquí conmigo, en mis flores, en mi jardín”, dice María.

“Y es lo que me hace levantarme, ir a trabajar y seguir adelante”.

Su nieta, cuenta, no era solo una adolescente más.

Era parte de su vida diaria, de su rutina, de su casa.

Una ausencia que no encuentra cierre.

“Yo no veo la vida de la misma manera”, repite.

Hablar puede cambiar todo

A pesar del tiempo, el mensaje de la familia no ha cambiado.

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Sigue siendo el mismo llamado directo, urgente.

“Les quiero decir, con todo mi corazón, que si quieren un mundo mejor, que hablen, que hablen”, dice María.

“Porque está en nuestras manos cambiar el destino de la gente, el futuro de los niños”.

En medio del dolor, la familia ha buscado apoyo en organizaciones comunitarias que trabajan con víctimas de violencia.

Pero lo que realmente necesitan no lo puede dar ninguna ayuda externa.

“Que pare el crimen”, agrega María. No como consigna, como súplica.

Un año después

Las autoridades mantienen la investigación abierta y continúan pidiendo que cualquier persona con información dé un paso al frente.

Para la familia, esa llamada puede marcar la diferencia.

No va a devolver a Angelyn, pero puede romper el silencio.

Y después de un año, eso es lo único que piden.

Si te encuentras en una situación de emergencia y necesitas ayuda inmediata, llama al 911.

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