PHOENIX, Arizona – Son incontables los ejemplos que nos permiten ver que el amor de una madre es incondicional, protector y que requiere de sacrificio, valentía y perdón. Es el caso de Silvia Arana, quien, tras el encarcelamiento de sus hijos, creó Mosaicos, un grupo de apoyo para otras personas que atraviesan un dolor similar al suyo.
Esta madre transformó su dolor en perdón: Creó un grupo de apoyo tras el encarcelamiento de sus hijos
“Te enfrentas al rechazo no solo de amistades, de familiares también”, relata Silvia, quien, en medio de esa profunda oscuridad transformó su dolor en un acto redentor y con propósito. Creó el grupo de apoyo Mosaicos, para padres de hijos encarcelados.
“A mi niño le gustaba mucho vestirse de botas, sombrero”, recuerda Silvia Arana, quien se convirtió en madre en 1992 con el nacimiento de Hernán, su primer hijo.
“Decía yo que era mi guía para la vida. Era mi travieso”. Y cuatro años después llegó su hija Andrea, su princesa, y eran inseparables.
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“ Mi hija siempre miró a su hermano como su papá. De esa manera”. Lo que Silvia nunca imaginó fue que las drogas le arrebatarían a sus dos únicos hijos: los dejaron en prisión, cumpliendo condenas largas.
Con Mosaicos, la madre hispana Silvia Arana transformó su dolor en esperanza y perdón
Con 13 años en una lucha que ninguno de sus familiares entendía, pero sí juzgaban, Silvia destaca que, en un proceso como el que ella vive, “ te enfrentas al rechazo no solo de amistades, de familiares también (…) Me fui a la depresión”, relata Silvia, quien, en medio de esa profunda oscuridad transformó su dolor en un acto redentor y con propósito. Creó el grupo de apoyo Mosaicos, para padres de hijos encarcelados.
“Poco a poquito se fue formando el grupo, fueron viniendo personas. Muchas se han ido, muchas se quedan”.
Elena, por ejemplo, ha estado con el grupo desde el inicio, que coincidió con el repentino arresto de su hijo menor.
Judith Villegas, tanatóloga, lleva años apoyando de manera emocional, psicológica y espiritual, a personas que enfrentan duelos y pérdidas significativas. Sin embargo, olvidó todas las técnicas cuando arrestaron a su hijo.
“Cuando me tocó a mí fue un descontrol. Incluso a Dios le reclamé, diciéndole: ‘Señor, si yo te sirvo a ti, ¿qué pasó? ¿En qué fallé?’”
Luego, se dio cuenta de que no falló ella ni Dios, sino una mala decisión de su hijo.
El de ella es uno de los testimonios que se comparten en las reuniones de cada jueves en Mosaicos, las cuales se han convertido en un refugio para encontrar consuelo y darse fuerza para, desde afuera, apoyar a sus hijos en sus procesos de encarcelamiento.
Y el regalo que más anhelan estas madres para este 10 de mayo es el abrazo que sus respectivos hijos les puedan dar al salir de prisión.
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