DAPA podría salvar a padres de hijo estadounidense e hija amparada por DACA

En un hogar de Phoenix, unos padres indocumentados, un hijo ciudadano y una hija con DACA tienen la esperanza puesta en la Corte Suprema para mantener a la familia unida con el programa del DAPA.

Imagen Getty Images

Mientras la acción ejecutiva es discutida en la Corte Suprema, muchas familias están con el alma en vilo porque la decisión de los jueves determinará su futuro en junio.

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Eso es lo que se vive en el hogar de Ofelia Montes de Oca y Jesús Villa residentes de Phoenix y padres de un adolescente de 15 años ciudadano estadounidense y una joven de 20 años amparada por la Acción Diferida de 2012.

“El caso de esta familia mixta es muy común en Arizona”, explica Ezequiel Hernández, abogado de inmigración que maneja el proceso de estos inmigrantes que luchan para mantener a la familia unida y en Estados Unidos.

Ofelia Montes de Oca y su esposo son de Iguala, Guerrero, y vinieron a este país en la búsqueda del sueño americano hace unos 20 años.

“Yo tenía mi trabajo, pero la economía en México estaba muy baja y no alcanzaba para nada. Para darle una mejor oportunidad, nos arriesgamos y nos vinimos”, cuenta Ofelia.

Ahora no solo temen regresar a Guerrero por la violencia, sino porque su hijo Jesús Villa Román de 15 años ha sufrido problemas de salud desde pequeño.

“Nació de seis meses, pero gracias a Dios me lo salvaron en el hospital de Maricopa. Hasta que tuvo 9 años estuvo bien, pero luego se le complicó el pulmón, pero de allí siguieron varias enfermedades entre el riñón”, cuenta la madre inmigrante.

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Aparte de lidiar con sus problemas de salud, este adolescente estadounidense vive con el temor que agentes de ICE regresen por sus padres y los deporten.

“Yo tenía como unos 10 años cuando inmigración vino a la casa. Yo me puse bien triste, estaba jugando Nintendo, y me dijeron que mi papá se lo iba a llevar. Al final, se llevaron a mi mamá, la dejaron en una oficina por una noche. Me dejaron con mi papá y hermana”, cuenta el joven quien sueña ser policía o jugador de básquetbol. “Me gustaría que (mis padres) ya estuvieran aquí normalmente, sin ningún problema o preocupación”.

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Jesus forma parte de 212 mil ciudadanos de Arizona que viven con familiares que son elegibles para el DAPA.

Según el abogado Ezequiel Hernández, el caso de esta familia es complicado pero también común entre familias inmigrantes.

“Hay un segmento de las personas que son elegibles al DAPA que ya tienen una orden de deportación como es el caso de Jesús Villa Román”, explica Hernández quien pidió a ICE una postergación de la deportación de Villa por razones humanitarias. “Nos dieron un permiso de un año, el otro año tenemos que pedir otro permiso que ahora es de seis meses, pidiéndolo cada vez, es muy desgastante emocionalmente. Y si el presidente gana y ellos califican para este beneficio, entonces ya no van a tener que preocuparse de solicitar permisos”.

Esta familia siente hoy en día un alivio pero la tensión sigue presente en el corazón de este hogar en Phoenix.

“Cuando se cumpla el año, llegan los nervios otra vez. Aplicaremos a otro permiso, pero nos pone nerviosos cada vez que anuncian que van a empezar la redadas. Ahora estamos tranquilos porque tenemos permiso de trabajo, pero siempre hay un poco de temor”, dice Ofelia.

Su esposo se siente optimista.

“Estamos con un permiso de un año, es un progreso. Yo tengo mucha esperanza de que ese programa (DAPA) nos liberaría de las preocupaciones. Yo tengo mucha esperanza”, dice el padre que trabaja como jardinero casi 12 horas diarias para proveer para su familia.

A aquellos, incluyendo a precandidatos presidenciales, que culpan a los inmigrantes de los problemas que enfrenta el país, Ofelia les pide que reflexionen.

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“Que nos den algo, no venimos a robarle a nadie, ni a quitarle el trabajo a nadie. Hay gente que habla inglés y tiene todo para poder trabajar, pero en vez de hacerlo, se pone a pedir dinero en la calle. A esa gente es a quien los políticos tienen que ponerle con atención, no a la gente que viene a trabajar duramente”, concluye esta madre indocumentada.

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