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¿Por qué solo 20 años después nos indignamos con el juicio al cuerpo de Alicia Machado?

Tras las nuevas declaraciones de Miss Australia que se suman a las denuncias que hizo la reina venezolana frente al candidato Donald Trump nos preguntamos por qué tuvieron que pasar dos décadas para que estos desmanes nos molestaran.
29 Sep 2016 – 12:36 PM EDT

“Donald Trump nos llamaba por nombres horribles. A mi misma siempre me decía que sumiera el estómago, que chupara la panza. Siempre estaba muy preocupado por que nos viéramos sexies y porque usáramos unos ciertos tipos de vestidos”, ha dicho en entrevista a Inside Edition, Jodie Seal, quien fuera la representante de Australia en el mismo año en el que Alicia Machado participó en Miss Universo y quien se ha sumado a las denuncias que ha hecho la reina venezolana en cuanto al trato que recibió de parte de Donald Trump durante su reinado en 1996.

La venezolana, como lo han publicitado los medios desde que su caso se colara en el debate presidencial del pasado lunes, ha confesado que el magnate, dueño para entonces del concurso, y hoy candidato republicano a la presidencia la había llamado “Miss Piggy” por su peso y “Miss Housekeeping” por su origen latino.

No deja de sorprender, sin embargo, que solo 20 años después nos enteremos de los desmanes que se vivían al interior de un concurso de belleza. Que solo 20 años después eso se convierta en motivo de indignación.

La vocera de la campaña del candidato republicano Donald Trump, Katrina Pierson, ha dicho que considerando que se trataba de un reinado, el peso de Alicia Machado era susceptible de ser sometido a escrutinio público.

Eso es algo que quizás en los años 90 resultaba una verdad irrefutable, una vez que fueron años gobernados por una tiranía que impuso dos modelos exclusivos de belleza: el de las refinadas y esbeltas como Claudia Schiffer y Linda Evangelista o el de los cuerpos lánguidos, esqueléticos y rebeldes como los de Kate Moss. Estaba claro que en pleno 1996 no había mucho espacio para cuerpos redondos, cruvilíneos, latinos como el que ostentaba Alicia Machado.

Donald Trump no escapaba ni estaba por fuera de esos estándares. Era hijo y epíteto de su época. “Ella ganó una cantidad masiva de peso”, “ella es una persona a la que le gusta comer”, dijo para entonces en entrevistas -sin que a nadie estas apreciaciones molestaran mucho o les pareciera políticamente incorrectas- para después llamar a la prensa a que la grabaran ejercitándose en público en un gimnasio.

Sin embargo, que veinte años después de ese reinado y en el contexto de un debate presidencial este tipo de demandas se hagan públicas y se vean con indignación es prueba de que algo fundamental ha cambiado en cuanto al cuerpo femenino.

1996 estaba aún muy lejos de ver nacer todas las reivindicaciones de talla que las redes sociales despertaron y muy lejos de asistir a ese clamor de realidad y diversidad que se le viene exigiendo a la moda activamente al menos desde hace cinco años.

Quizás, y a pesar de lo que Donald Trump siga creyendo, si Alicia Machado fuera reina hoy, y luciera unas carnes de más de las que lucía cuando había sido elegida, se hubiera convertido en emblema para las mujeres reales, en ícono plussize para las tantísimas mujeres que no encajan en la talla 6 y hasta habría sido promocionada como un signo de apertura de parte del concurso de belleza, como recientemente lo han intentado hacer algunos eligiendo a mujeres que, de una manera u otra, rompen los estereotipos.

Un mundo en donde cuerpos redondos y voluptuosos como los de Kim Kardashian, Sofía Vergara, Jennifer López comulgan con los más delgados de Gigi Hadid y Kendall Jenner es uno que sin duda no dejará pasar con ligereza que a una reina (o a cualquier mujer) se le llame ‘Miss Piggy’.

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