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Perros

Las fotos que están logrando que cientos de perros callejeros de Latinoamérica tengan comida

Jimena Hoyos lleva cinco años retratando perros que habitan las calles. Con este proyecto ha logrado que en más de 9 países se pongan dispensarios de comida y agua para ellos.
26 Sep 2016 – 4:32 PM EDT

Eros, Tigre, Orion, Hugo, Nala. Nadie sabe si en realidad se llaman así, quizás y simplemente nunca nadie les dio un nombre. Tampoco sabe nadie en donde están o donde viven ahora. Estos perros callejeros se toparon en el camino con la fotógrafa Jimena Hoyos y ella los inmortalizó en un retrato que capturó su vagabunda y maravillosa existencia.

Sus retratos, lejos de lo esperado, empezaron a interesar al mundo del arte y tras hacer una exposición de 40 fotos en una galería en Miami en donde se vendieron todos, Jimena supo que había encontrado la manera de financiar su deseo de dar comida y bebida y así ayudar a darle una existencia más digna a estos habitantes de las calles.

Llamó a su serie de fotos y a su fundación Gozques, el nombre con el que se le conoce a esos perros sin raza en Bogotá y enmarcó cada foto con pedazos de chatarras y piezas olvidabas que encontraba en los lugares en donde lograba realizar un retrato de un perro.


¿Por qué alguien querría retratar a los perros que viven en la calle?

Después de años de infancia viviendo en Estados Unidos, a Jimena Hoyos le llegó el momento de conocer sus raíces y viajar a Colombia. Mientras recorría las calles de Bogotá y de sus provincias aledañas se le reveló una realidad para ella desconocida hasta entonces: ¿Por qué había tantos perros en la calle? ¿De quiénes eran? ¿Cómo es que habían terminado por deambular por la ciudad sin casa?

Ser testigo de un paisaje urbano abarrotado de perros que maltrechos, sucios y en manada recorrían las calles era para ella, cuando menos, algo exótico. Las cifras solo terminaron por acrecentar su preocupación. Bastó una rápida búsqueda para darse cuenta que los reportes estiman que, por ejemplo, en el DF, por cada 7 personas, hay un perro callejero, mientras que en Bogotá (a pesar de que hay muy malos censos) se estima que hay más 300,000 animales que viven en la calle.


Lo que para los latinoamericanos resultaba un paisaje cotidiano y que a pocos generaba extrañeza, en la joven actriz causó una profunda conmoción. ¿Quién alimentaba a esos perros? ¿en dónde dormían? Por eso mientras le ayudaba a su mamá a construir un restaurante, ella decidió crear un artesanal dispensador de comida afuera para que los perros callejeros pudieran comer y beber agua.

No sospechaba Jimena que las puertas del restaurante se iban a llenar de decenas de perros todos los días, y que su bolsillo iba a resentir la renta que significaba proveer de alimento a cada vez más animales que, como si de humanos chismosos se trataran, habían propagado la voz y hecho que su dispensador de comida fuera una verdadera comunidad de perros callejeros.

“Sentía mucha impotencia de pensar que yo sola no iba a poder cambiar esa realidad y quizás no iba a poder ayudar mucho”, confiesa Jimena que sin embargo, tuvo una idea que llevaría su noble gesto a otras latitudes. Con su cámara esta artista empezó a retratar esas caras consentidoras, esos pelos enredados y graciosos, esos ojos coquetos y apagados de los perros de la calle.

Los perros callejeros latinoamericanos son inmortalizados en estos retratos

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Con el dinero recogido de sus fotos - que se hicieron cada vez más populares y que empezaron a crear una sólida comunidad de seguidores en las redes sociales-, Jimena logró desarrollar un mejor modelo de dispensario y empezó a llevar su idea a Perú, Costa Rica, Panamá, Argentina y Chile. Aunque su gesto no resolvía un problema de base de las sociedades y los gobiernos latinoamericanos, si se convertía en una manera de proveer de alimentos básicos a los animales a la vez que permitía crear censos, jornadas de vacunación, esterilización y, sobretodo, jornadas de adopción de los animales.

“Hemos logrado en torno a los dispensarios de comida más de 8.000 adopciones y 5.000 esterilizaciones. Lejos de las campañas de dolor y abuso que suele exponer la difícil vida de los perros de la calle, Jimena apeló a su belleza, a su grandeza, a su unicidad, para conquistar adeptos, compradores y voluntarios que se han sumado a su convicción de que hay que hacer algo por darle algo de dignidad a estos animales que tan olvidados por todos parecen.


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