La fiesta 'Anti-Prom', una alternativa para los jóvenes LGBT que no encajan en sus institutos

'Anti-Prom,' el evento de la Biblioteca Pública de Nueva York que apuesta por la diversidad y por crear fiestas de grado alternativas en donde los asuntos de género se celebren con creatividad.
22 Jun 2016 – 1:09 PM EDT

David no asistirá a su Prom. A causa de la discriminación que sufre en su high school de Nueva York por su orientación sexual, este adolescente se perderá la experiencia con la que sueñan millones de jóvenes estadounidenses: la fiesta de fin de curso. Pero hoy, luciendo una corona de flores y un collar que brilla en la oscuridad, David sonríe y dice: "Celebramos ser diferentes. Celebramos que lo diferente es lo normal."

Estamos en la Anti-Prom, la fiesta que organiza cada año la New York Public Library donde el premio a la reina del baile puede ganarlo un chico y el 'Prom King' puede ser una chica. Creada para acoger a los jóvenes LGBT, la fiesta abre sus puertas a los adolescentes, de cualquier género u orientación sexual, que no se sienten bienvenidos en sus escuelas o que simplemente desean divertirse en un entorno más abierto. La última edición tuvo lugar en el icónico edificio de la 5ª Avenida con la calle 41. Hubo DJ, catering, y también un desfile de moda.

Este es el cuarto año que Je'Jae Cleopatra Daniels acude a la fiesta. Lleva un vestido de seda, gafas redondas, un bolso amarillo, y unas largas uñas postizas que apenas le dejan escribir en el iPhone. Es artista y se define como 'gender queer' (género fluido). " Hay que apoyar a la comunidad, sobre todo después de lo que está sucediendo en el mundo," cuenta a Univisión. "Personas transgénero que están siendo atacadas, la tragedia de Orlando... En Nueva York vivimos en una burbuja al pensar que estamos seguros al margen de cómo nos identificamos. No es verdad, necesitamos crear más concienciación y lograr que la gente se sienta más segura."

Según un estudio de GLSEN, un 74% de los adolescentes han sido agredidos verbalmente por su orientación sexual y un 55% por su identidad de género. "Las escuelas a nivel nacional son un entorno hostil para un número preocupante de estudiantes LGBT," denuncia el informe.

Desde las dificultades de los transgénero para usar el baño asignado al género de su elección, hasta las restrictivas normas de vestir que cortan la expresividad de los jóvenes más creativos en algunos institutos. A pesar de que cada vez hay más concienciación y poco a poco más escuelas apuestan por promover la igualdad, aún hay muchas barreras por derribar.

El pasado mayo, Aniya Wolf fue expulsada de su Prom por lucir un esmoquin en lugar de un vestido, en otro instituto, Shafer Rupard fue recriminada por llevar pantalones a la fiesta, y Brittany Minder tuvo que ponerse un chal encima de su vestido porque, según su escuela, el escote era demasiado pronunciado para su talla.

En la Anti-Prom, el ambiente es muy diferente: Aquí no hay frenos a la expresividad. Una joven va maquillada imitando rasgos felinos. Al fondo de la pista, un chico baila subido a unas botas de tacón infinito. Junto a él, una adolescente luce sombrero de copa, un ceñido corsé con brocados, una minifalda negra y unas botas punk con mil hebillas, mientras que sus amigos han venido en zapatos deportivos y ropa informal de estilo skater. Todos saltan al ritmo de la música, tomándose selfies y riendo.



La idea de crear esta alternativa, que ya lleva doce ediciones, nació en el departamento de literatura LGBT de una de las bibliotecas públicas de Nueva York, tras una conversación en la que varios bibliotecarios compartieron las experiencias – buenas y malas – que habían vivido en sus Proms. Uno de ellos relató cómo no pudo acudir a la fiesta con su novio: "Aunque todo el mundo sabía que era gay, tuvo que mentir y llevar a una amiga suya como pareja," recuerda la bibliotecaria Anne Rouyer de la conversación. "Se divirtió, pero no fue la experiencia con la que la gente sueña para su Prom de llevar a la persona que te gusta."

El Anti-Prom se ha convertido en un lugar seguro donde los jóvenes pueden ser ellos mismos. La mayoría viven en Manhattan y el Bronx, y acuden a la fiesta invitados por la biblioteca de su barrio en grupos de amigos. Sharon, amiga de David, ha venido porque le gusta la idea, pero también acudirá a la Prom de su instituto.

Los estudiantes pueden prescindir además del protocolo típico del Prom, que suele incluir el alquiler de una limusina, un caro vestido, o tener que lucir el clásico brazalete de flores.



Según cuenta Rouyer, el problema de la discriminación no está sólo en las escuelas, sino también en las familias. "En Nueva York la gente es más abierta [en comparación con zonas del Sur], pero a veces los padres no lo son," dice la bibliotecaria. "El colegio puede dar libertad a los jóvenes para acudir con sus novios o novias, pero que los jóvenes puedan abrirse a sus familias es un tema muy distinto, es más complicado."



Je'Jae Cleopatra Daniels comparte su historia, similar a la de muchos otros jóvenes LGBT: "Me he sentido discriminado desde que era pequeño. Recuerdo que en segundo curso me gustaba hacer dibujos muy coloridos y todos los niños se reían de mí," relata. "En quinto curso las niñas me decían que no podía llevar ropa femenina, traer una carpeta rosa a clase o ponerme una sudadera azul claro. Hoy sigo experimentando estas cosas. ¿Por qué no puedo llevar una prenda que me gusta y me hace feliz? Me despierto y sigo cargando con la humillación porque en muchos lugares se continúa diciendo que los niños van de azul y las niñas de rosa, y yo estoy en el medio. La gente sigue avergonzando a los niños por querer ser femeninos."



"Me gustaría dejar de sentir miedo o vergüenza, ser yo mismo, expresarme y salir a la calle. Ayer mismo me humillaron con insultos homófobos, alguien intentó agredirme... Es desafortunado que tenga que vivir con miedo. Me siento como si estuviera en segundo curso otra vez," denuncia Daniels, y añade: "Pero tengo fuerza para seguir luchando y seguir amando."

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