Gorros con orejas de gato tejidos a mano en lana rosa: ¿un símbolo de la marcha de mujeres o una frivolidad?

Un proyecto para tejer gorros de lana rosas con orejas de gato que las mujeres llevarán en la marcha del próximo día 21 prevé producir cerca de 100.000. En algunos lugares como Seattle la lana rosa casi se ha agotado de las tiendas, a otras mujeres, sin embargo, les parece una frivolidad que distrae de las reivindicaciones.
17 Ene 2017 – 3:36 PM EST

Una declaración visual: miles de gorros de lana rosada con orejas de gato frente al Capitolio. Miles de gorros 'pussyhat' en alusión a la despreciable costumbre del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, de manosear a las mujeres sin su permiso - "grab them by the pussy"-. Miles de gorros que están tejiendo miles de mujeres en todo el país después de que Kirsta Juh, una guionista de Los Ángeles, y Jayna Zweiman, arquitecta en la ciudad californiana, decidieran el día de Acción de Gracias lanzar un proyecto para apoyar la marcha de las mujeres del día 21 de enero en Washington DC.

Era un proyecto sencillo: "muchas mujeres no se consideran activistas, creen que no saben organizarse", explicaron al Huffington Post. Por eso decidieron aprovechar una estructura ya formada, la de los clubs de 'knitting', lugares donde las mujeres se juntan a tejer, para organizar una acción que consiste en tejer gorros rosas con orejas de gato, a los que bautizaron como 'pussyhats'. Así, las mujeres que no pudieran marchar en Washington participarían del evento contribuyendo con sus gorros. Los gorros llevan un mensaje con las reivindicaciones de las tejedoras para las mujeres que los luzcan en la marcha, donde se distribuirán.

Juh y Zweiman calculan que se tejerán unos 100.000 gorros y aunque su prioridad es crear comunidad, algo inherente a la actividad de tejer, les gustaría que un mar rosa recorra Washington. Cada gorro, además, tiene su historia. En la web de Pussyhat project están traqueando en un mapa los gorros que les envían y pretenden crear una antología con todos los gorros tan pronto como tengan algo de tiempo, pues el proyecto les ha sobrepasado.

Son muchos los clubs de punto que se han apuntado al proyecto, y hay personas que individualmente están tejiendo gran cantidad de gorros, como un hombre que ya ha tejido más de 100, tal y como explican Juh y Zweiman. En ciudades como Seattle la lana rosa escasea, y en tiendas míticas de lana como Purl, en Nueva York, la demanda ha sido enorme. El patrón del gorro, disponible en la web, se puede descargar aquí.

En fotos: los #pussyhats en Instagram

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El rosa no es serio

A pesar del éxito del proyecto hay voces contrarias a los 'pussyhats'. Algunas mujeres consideran que los gorros pueden fagocitar la atención y restar foco a las reivindicaciones de la marcha. Esto es más o menos lo que explicó la columnista del Washington Post Petula Dvorak en un artículo muy leído en el que criticaba la iniciativa de los 'pussyhats'. "Me asusta un poco toda esta bien intencionada iniciativa, la cursilería del poder femenino que podría convertir esto en más Lilith Fair que en Lilly Ledbetter. Y la marcha de las mujeres de 2017 será recordada como un río desordenado de Pepto-Bismol que atraviesa las calles de la capital en lugar de una larga marcha de derechos civiles. Esto es algo muy serio", escribió.

El hecho de que las mujeres se signifiquen con el color rosa, y encima con gorros tejidos a mano, y encima con gorros rosas tejidos a mano con orejas de gato le parece a Dvorak y a otras cuantas mujeres una frivolidad.

Los colores no significan nada en sí mismos, pero su uso cultural condiciona su significado. El rosa es el color tradicionalmente femenino, y como explican Juh y Zweiman, "El rosado se considera un color muy femenino que representa el cuidado, la compasión y el amor, cualidades que han sido estigmatizadas como débiles, cuando en realidad son cualidades de fortaleza. Lucir rosa juntas es una poderosa declaración de que somos femeninas sin reservas y sin reservas apoyamos los derechos de las mujeres".

Los grupos de knitting, el hecho de juntarse para tejer, conecta con la historia de los derechos de la mujer. Según recuerda The Registered Guard, un diario local de Oregón, las sufragistas que se manifestaban por el derecho al voto a finales del s.XIX utilizaban sobreros en colores púrpura, blanco y verde. Tejer fue durante ese tiempo un santuario para las mujeres, donde podían reunirse sin sus maridos y empoderarse colectivamente.

Janis Weeks, una profesora de biología de la universidad de Oregón, se decidió a tejer después de ver a amigas en Facebook haciendo 'pussyhats'. "Me gusta la idea de algo hecho a mano como protesta. El punto es una forma de arte femenino", cuenta.

Como todas las actividades femeninas tejer se considera una artesanía menor, un pasatiempo para mujeres desocupadas, pero es precisamente esta idea la que las organizadoras del 'pussyhat project' buscaban revertir y utilizar. "Tejer y hacer ganchillo se consideran artesanías femeninas y queríamos celebrar estas artes. Los 'knitting circles', o círculos de tejer, son parodiados en ocasiones como cículos de cotilleo, cuando en realidad estos lugares son reuniones de empoderamiento femenino, un espacio seguro para hablar y un espacio donde las mujeres apoyan a las mujeres", explican.

Por el momento parece que gana el sí a los gorros rosados y se podrán ver unos cuantos en la marcha.


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