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Fidel Castro, el revolucionario que cambió su uniforme militar por una sudadera Adidas

Por décadas, un traje miliciano verde olivo fue el emblema que caracterizó al líder cubano. Desde 2006, sin embargo, el mandatario acogió un único vestido: la sudadera deportiva, al punto que lo convirtió en tendencia entre la izquierda latinoamericana. ¿Populismo puro? o simplemente ¿el traje de un hombre en retiro?
27 Nov 2016 – 10:26 AM EST

Si el poder de los políticos tradicionales siempre tuvo un vestido, uno hecho de traje impecable y corbata, Fidel Castro, desde la revolución que lideró en 1959 impuso otra manera de vestir para un mandatario: la del uniforme militar verde olivo.

Así, desprovisto de cualquier formalismo, el líder cubano le dijo al mundo que el gobierno de una isla también se podía ejercer con el vestido de la guerra. En su traje de cortes rectos y líneas rígidas, siempre utilitario y sobrio, pareció habitar durante años una idea: Castro no olvidaba, a pesar de su nueva posición en Cuba, lo que verdaderamente era, un revolucionario. Si Castro, como tantos analistas lo dirían en el tiempo, había hecho a Cuba a su imagen y semejanza, la isla de los habanos y el son tenía un único vestido emblemático, el del miliciano.


La ropa deportiva de Castro

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Sin embargo en 2006, tras sufrir una hemorragia intestinal a bordo de un avión, Fidel Castro hizo una resolución determinante en la clínica. La primera foto que los medios registraban del mandatario después de la operación de estómago a la que fue sometido, hacía historia. Sorpresivamente se sacudió de su uniforme. Dejó de usarlo y lo cambió por un chándal (sudadera) con los colores de la bandera de su patria. ¿Acaso Castro había elegido un nuevo uniforme?, ¿era esa sudadera el primer atisbo de su retiro?, ¿significaba que ya no estaba vestido para la lucha revolucionaria?

Solo los años demostrarían que la decisión de llevar chándal antes que chamarras milicianas aquel día obedecería sí, cuando menos, a otro acercamiento que Castro hacía al poder. En 2008, su hermano Raúl Castro asumiría las riendas de la isla, y Fidel ya no se despojaría de sus sudaderas hasta su muerte.

En traje deportivo recibió a Hugo Chávez, así también se reuniría con amigos queridos como Gabriel García Márquez, y así recibiría al Papa. A fuerza de verlo vestido como los hombres cuando se pensionan y renuncian a cualquier pretensión de seducción (¿y de poder?), el mundo empezó a preguntarse cómo era posible que el líder que había sido el emblema de la lucha contra el capitalismo, ahora fuera vestido con marcas deportivas que parecían el epitome del marketing y el mercado.

Fila, Puma y, sobre todo, Adidas, que parecía ser su marca favorita, no tenían respuesta al gesto. Lo único que la marca alemana de las tres rayas podía intuir de esta extraña devoción de Fidel Castro por sus chándales era que, como se lo confesaron al New York Times, ellos habían sido por años patrocinadores de uniformes para el equipo olímpico que siempre ostentaban la bandera, y Castro los usaba. No había, al parecer una estrategia de mercadeo detrás. “Nosotros vestimos atletas no líderes”, añadirían.


La sudadera, como en su época lo hiciera el uniforme militar, también creó un impacto. Hugo Chávez empezó a imitar las maneras de Castro e implementó el traje deportivo en alocuciones y hasta en encuentro presidenciales como sucedió con el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos. Ante la tendencia, el periodista español Toño Fraguas empezó a hablar de “chandalismo revolucionario”. Se volvía la sudadera, -el traje del hombre común-, en una eficaz estrategia para hacer que los políticos se mostraran cercanos a su pueblo, como uno más de ellos.

Pero quizás los efectos que sus trajes tuvieran en el mundo no eran ya un asunto que concerniera a Fidel Castro. Muchos dijeron que lo de su sudadera era populismo puro, quizás, simplemente su disposición a usar sistemáticamente una prenda cualquiera, a manera de uniforme, siempre terminaría por imponer una tendencia, unas nuevas formas de vestir el poder de la izquierda. Quizás, detrás del chándal no había otra cosa que el deseo de un hombre deportista de corazón de caminar cómodo hacia la muerte.

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En fotos: La ropa deportiva de Fidel Castro

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