El Urban Festival: la pasarela en la que los afroamericanos hacen sus declaraciones estéticas

A pesar de que los medios solo titulan el número de arrestos que se hizo durante esta fecha, el festival de Hip Hop del Memorial Weekend se convierte en un lugar en donde la moda hace verdaderas reivindicaciones de raza.
31 May 2016 – 10:16 PM EDT

Después de oír un común cuchicheo entre los que llevan años viviendo en Miami que profesa que durante el Memorial Wekeend es mejor "mantenerse lejos de South Beach" debido a los cerramientos y los bochinches que se arman con el Urban Beach Festival y, tras poner en el buscador de Google las tres palabras que bautizan este festival de hip hop y constatar que la primera información que se arroja es el número de personas arrestadas (para las 8 de la noche según Agencia EFE iban 100), no es de extrañarse que cualquier desprevenido que visita Miami pueda sentir aprehensión de asomarse a la emblemática Ocean Drive que -entre la calle 5 y la 16- se cierra durante todo el fin de semana del Memorial.

Pero aquel que se atreve a ir, aquel que logra sustraerse de la mala prensa y de las molestias del tráfico se topa con un festival multitudinario y colorido que, según expertos en turismo de la ciudad, llega a convocar tantos visitantes como lo hace El Ultra o el Art Basel.

Un turismo que por su filiación con la música hip hop atrae especialmente a afroamericanos que viajan de todo el país a las playas de Miami.


Lejos de las tarimas sofisticadas del Utra o de la variedad musical que se puede encontrar en el festival de La Calle 8, en el Urban Beach Festival son los bares los que ponen los beats a todo volumen y los que hacen corear a ese infinito discurrir de jóvenes semi desnudos que van, literalmente, de cantina en cantina.

No es difícil ver que una romería se arma en torno a un grupo de muchachitas que con maestría ponen la mano en el suelo y empieza a menear las caderas hasta rozar el piso. Mientras con espontaneidad un hombre mayor en silla de ruedas intenta bailar para convocar la solidaridad y la sensualidad de todas las mujeres afro que lo rodean.

Si bien hay conciertos, conferencias y fiestas privadas ocurriendo a lo largo de toda la calle y de la ciudad, ahí, al aire libre, con el sol y la humedad que hacen sudar, más que un evento de música parece armarse una poderosa pasarela que hace una declaración estética ligada a la raza.


Ellos van con los pantalones caídos, algunos incluso con el tiro y el cinturón en las rodillas y llevan esas sandalias de plástico, emblemáticas de los años 90, con gruesos calcetines a media pierna. Van en grupos grandes y separados por géneros y muchos llevan sus torsos desnudos y con una toalla blanca colgada del hombro para lidiar con el sudor.


Ellas, por su parte, sacan el bikini de la playa, de su contexto natural, para volverlo una prenda de uso urbano, cotidiano. Es extraña la normalidad con la que las “más secretas carnes” son mostradas en público.

También dan lecciones de no temerle a llevar el brillo de día, dejan claro que las pestañas largas y las bases metalizadas son la tendencia en maquillaje y saben jugar con su pelo al punto de crear un amplio abecedario de trenzas, dreads (rastas), amarres y moños.


Es más difícil que en otros festivales conseguir que ellos y ellas posen ante la cámara. Hay una cierta resistencia a ser fotografiados y a que la cámara invada su espacio, y puede crearse un problema monumental tomar una foto sin previo aviso. Es como si los medios, o los intrusos con sus megas cámaras, no estuvieran tan bienvenidos en esa pasarela que parece ser de ellos y para ellos. Es también como si los medios nunca antes hubieran estado inquietos en retratar su estética, por lo cual resulta tan sospechoso su repentino interés.

Aunque el licor, la parranda y el rastro de humo que dejan algunas drogas es evidente, no es nada muy diferente a lo que ocurre en otros festivales como El Ultra, en donde literalmente se navega en humaredas psicodélicas, por eso, sorprende tanto la excesiva presencia de la fuerza pública.


Cuando la tarde cae, a muchos se les ha visto pasar más de cinco veces por el mismo lugar, quizás si ocurrieran más actividades en la calle, si hubiera más tarimas públicas y música en vivo, el festival podría proponer más cosas para los visitantes que el destino obvio de emborracharse.

Pero lo cierto es que lejos de la mala fama y de los avatares propios de un festival multitudinario, el Urban Beach Festival tiene una relevancia insospechada, y quizás minimizada por los mismos habitantes de la ciudad, una vez que ha logrado crear un espacio quizás único en este país en donde los afroamericanos se reúnen, se muestran en toda su exhuberancia y su riqueza, y se celebran. Gracias a este festival una ciudad como Miami se sacude de todos sus clichés y se muestra más cosmopolita y abierta de lo que muchas mega urbes que se pavonean de ser.


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