¿Has pensado en la cantidad de veces que te hablan del amor al otro? ¿Y has pensado en cuántas veces se nombra al amor que tienes que sentir por ti? Sucede que es más común hablar de las relaciones de pareja o de las relaciones familiares: «Cómo hacer para que el amor de pareja perdure», «Cómo mejorar la relación que tienes con tu hermano».
Sólo hay un tipo de amor que deberías tener toda tu vida, ¿sabes cuál es?
Muchas veces las enseñanzas o los consejos sobre las relaciones están focalizados hacia el afuera, con los otros. En vez de estar más dirigidas hacia nuestro interior, a la relación que tenemos con nosotros mismos. Recuerdo las palabras de alguien diciéndome: «A fin de cuentas con la única persona que sabemos que vamos a estar hasta el final es con nosotros mismos».

Y ahí me di cuenta de que en realidad todo el tiempo estaba mirando demasiado hacia afuera, me di cuenta de que si tengo que mejorar una relación por qué no empezar por mi misma, por enriquecer mi amor propio. Porque cuando logro sentir plenamente ese amor propio, seguramente luego lo veré reflejado en mis otras relaciones.
Cuando rompes con tu pareja, cuando te peleas con tus hermanos, cuando decides no hablarle a tus padres ¿empezaste por ver todo aquello que está en ti y te hace daño? ¿Puedes ver si lo que te molesta del otro está en ti también?
Quieres llevarte bien con las personas a tu alrededor, quieres ser amado, quieres agradar. Pero mientras estás pendiente y preocupado por cómo te ves ante los demás, por lograr que otros te vean de determinada manera, te estás olvidando de lo más importante que tienes, tú mismo.

Cuando te amas, cuando te conoces, cuando te sientes bien contigo y logras perdonarte por haber hecho algo que no te hizo bien, en ese momento lo has logrado todo. Y si aún no logras verlo, estamos aquí para aprender, no hay nada de malo en ello.
Nadie tiene que completarte, ya estás completo.




